Mi vicio confesable

No fumo, no bebo -asiduamente, de vez en cuando un Mojito entona este cuerpo serrano- no ando con hombres -ya me basta y me sobra con mi señor marido y mi Príncipe-.

No soy una fashion victim, ni una esclava de la belleza, no compro potingues, maquillajes, perfumes ni cosmética más allá de la mínima necesaria para ir apañada.

No compro libros ni música, voy al cine de higos a brevas.

No tengo vicios, ni caros ni baratos… Excepto uno.

El chocolate.

Más concretamente, el Chocolate Valor puro con almendras. 

Me gusta el chocolate en general pero desde que probé este chocolate no puedo vivir un día sin él. Siempre tengo una tableta en casa y voy picoteando, normalmente un cuadradito cada vez, con el límite de 4 cuadraditos diarios a lo sumo.

Me vuelve loca, me lo como a escondidas para que nadie me pida, como se dice aquí, «me lo como a cara perro». A veces mis hijos me ven que intento disimular que mastico y el mayor me pregunta.

Un día me dio por decirle que era una medicina. Porque si le digo que es chocolate le tengo que dar, y ese placer es solo mío. Como las medicinas no le interesan con la misma se dio la vuelta.

Pero un día me pilló con las manos en el papel del chocolate y no caí en la cuenta. Me preguntó qué estaba comiendo y de dije que una medicina, me preguntó por qué y le dije que estaba malita y me dolía algo.

Cuando volví de trabajar por la noche y fui al mueble vi que no estaba mi tableta. HORROR. No podía ser, había más de media tableta por la tarde, imposible que hubiera desaparecido porque a Papá no le gusta el chocolate con almendras y en teoría los niños no sabían que ahí había chocolate.

Llega Iván con evidentes señales del delito, es decir, manos y boca chocolateadas. 

«Mamá, no busques tu medicina, me la he tomado toda porque a mi me dolía lo mismo que a ti y ahora ya me encuentro mejor».

 Me lo dice con cara de «ea, te creías que era tonto». Le faltó afinarse el bigote. Ahí me la llevo, a ver cómo respondo yo a eso. Porque razón no le falta.

Me sorprendo pero a la vez interiormente me descojono de la risa de lo gracioso que ha sido, de cómo ha usado mi mentira piadosa en su propio beneficio y dejándome sin argumentos para una posible reprimenda. Es muy listo el jodío.

El chocolate sigue escondido pero sigue siendo mi medicina, eso sí, sabiendo que no cura los males del cuerpo, -aunque quizás sí los del alma, al menos así los males se llevan con algo más de alegría-, y entre risas hablamos de nuestra rica medicina.

Es mi vicio… y me temo que el de mis hijos. Pero ellos, que son muy buenos, aunque si les dejo se comerían el chocolate a kilos, se conforman como yo, con un cuadradito al día.

Va a se verdad eso de que se pega todo menos la hermosura.

2 thoughts on “Mi vicio confesable

  1. adormir

    Jejeje. Creo que es el vicio de muchos. Aun suerte que os conformáis con poquito. Un besazo

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  2. Wiky

    Pues si esa tableta es tu favorita creo que debo compartir una receta contigo XD los unicos ingredientes que lleva son la tableta, 1 litro de nata de cocinar y 2 sobres de flan (del mercadona XD). Es muy simple, echas en un recipiente tipo molde el caramelo que te viene en la caja del flan, y luego mezclas en una olla a fuego medio la nata, los sobres de flan y el chocolate, to'junto, cuando rompa a hervir lo echas en el molde, y cuando se enfrie y esté cuajado (se cuaja rapidísimo!) lo metes en la nevera y esperas a que esté frio y cuajado del todo y ya lo pones en un plato para que se quede con el caramelo por encima.

    Puedo asegurar que está riquísimo, es como una mousse, y encontrarte las almendras perfectamente repartidas no tiene precio. No sé si leerás este mensaje ya que tienes otra entrada más reciente, pero aún así, espero que la pruebes. Ah y felicidades a tus nenes

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