LAS RABIETAS, LOS TERRIBLES DOS AÑOS… ¡QUÉ GRAN VERDAD!

 Estos días estoy comprobando cuánto de cierto tienen estas expresiones. Iván es un niño muy bueno, poco llorón aunque eso sí, con su carácter, eso no se lo quita nadie. Es muy inquieto y necesita distracción constante, no es un niño de sentarse a jugar y no escucharle, en casa poco hay que lo entretenga (los dibujitos, y un ratito) y para tenerlo entretenido la solución es la calle, salir a jugar a la plazoleta, los columpios del parque o algún parque de bolas. Por eso quien conoce a Iván nos dice que es un niño muy bueno y tranquilo, porque en la calle está en su salsa, entretenido, y allí no da la lata. En casa es otra cosa, como se aburra se pone de un impertinente que a veces no hay quien lo aguante, sobre todo porque le puede dar por trepar a lo bruto sobre tí o a darte cabezazos, por poner un ejemplo.
Pero lo de estos días se me sale de madre, porque es rabieta tras rabieta sin motivo, y sin saber qué hacer. Tengo que reconocer que es muy difícil aguantar el tipo y no perder la paciencia, porque cuando no tengo prisa me puedo plantear respirar y dejarlo que se calme solo, el problema es cuando esa rabieta viene a las 9 de la mañana, cuando él tiene que ir a la guarde y yo a trabajar, ahí no tengo tiempo para respirar porque yo no puedo llegar tarde al trabajo y decir «es que mi hijo ha tenido una rabieta», tururú para mí. En principio he tenido que obligarme a levantarme antes, en previsión a la posible rabieta de la mañana, para que no me pille el toro, y aún así cuando me doy cuenta voy justa de tiempo.
La rabieta matutina es, primero, no querer quitarse el pijama, cosa que intenta evitar revolvíendose, agarrándose el pijama, no dejándose desvestir…; segundo, no querer vestirse, no me deja ponerle el pañal, si le pongo una camiseta se la quita, le pongo el pantalón se lo quita, se niega a ponerse los zapatos, y luego ni hablar del chaquetón; tercero, se niega a andar, ni al ascensor ni al coche, y claro, aquí es cuando yo ya me pongo mala porque lo que me pide son los brazos y yo ni quiero, ni puedo cogerlo, porque ya no tiene edad de brazos, y con el embarazo no estoy para el esfuerzo de levantar 11kg de peso y fuerza del suelo; el pollo final es para sentarlo en la silla del coche, luego entra en la guarde el tío tan campante, como si no hubiera pasado nada, y yo llego al trabajo ya con un nivel de estrés y nervios que no me aguanto.
Las rabietas del resto del día es según le de, si salimos de casa no quiere salir, si nos vamos del parque no se quiere ir, si vamos a un parque de bolas que quiero ir a otro, le damos una natilla pero quiere un arroz con leche, ¡todo es un drama! y el mayor de todos es el de la casa de la abuela, cuando está ya desatado pide a gritos ir con la abuela, y no hay manera. Todo esto, como no, acompañado de llantos, gritos, pataletas, manotazos o tumbadas en el suelo, da igual que lo dejes solo y te escondas tras una esquina a ver qué hace, no responde a nada, solo a su propia rabieta. Cuando estas rabietas se dan durante mi tiempo libre (me refiero a que no voy con las prisas de ir a trabajar o a algún sitio importante) sí me lo puedo tomar con tranquilidad, intentar hablarle aunque no atiende a razones, y al final tengo que esperar a que se le pase y entonces achucharle un poco e intentar tranquilizarle. Pero lo que dura la rabieta es horroroso porque es lo que digo, y muchas estareis de acuerdo conmigo, no se le puede hablar,  no escucha, es como si estuviera poseído. Y lo peor es que me da muchísima pena porque lo veo que está pasando un mal rato sin motivo y yo no puedo hacer más que esperar a que se le pase.
Sé que esta es una de las múltiples etapas por las que tenemos que pasar en el crecimiento y la educación de nuestros hijos, de hecho si pongo en google la palabra «rabieta» me salen miles de entradas completando la frase «rabietas infantiles 2 años», vamos, que esto es más antiguo que andar. Pero no puedo negar que es una etapa difícil, como cualquier situación que pone tu paciencia al límite, y más cuando quien te pone al límite es tu propio hijo.

Consejos hay muchos, aunque claro, leerlos en frío es fácil, qué razón tienen… la cuestión es ser capaz de aplicarlos cuando a tí te entran si cabe más ganas de llorar que a tu hijo porque ya no sabes qué hacer.

4 thoughts on “LAS RABIETAS, LOS TERRIBLES DOS AÑOS… ¡QUÉ GRAN VERDAD!

  1. tariuska

    pues si, esa etapa existe.. es decir "no" por rutina..
    Paula ha llegado a decirme que no queria natillas (cuando le gustan mucho) sólo por llevarme la contraria…

    y lo del pijama..quizás pienses que es una tontería, pero ¿has pensado en llevarlo una mañana en pijama? lo fácil, es que de entrada se quede patidifuso de ver que la rabieta de no querer verstirse le sale mal.. y segundo que es fácil que luego, en al guardería le de vergüenza y entonces ya no quiera repetir..
    yo es que esa teoría la he leído o me la han contado en algún sitio y me pareció muy interesante y acertada..

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  2. Mamá Blue!

    me da un miedito! Andres ya tiene sus rabietas, pero tampoco hemos llegado al punto de no dejarse poner el pañal, por ej.

    Pero me recuerda mucho a tu nene cuando dice q en la calle es un sol, porq el es igual, super bueno! pero en casa a veces se le sale lo diablillo q es

    besos

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  3. LadyA

    Mi hija es igual…Rabietas desde la mañana hasta la noche…Ayer fue un día horrible!!! Yo quería tirarme del balcón de lo atacada que estaba….
    Mi hija también es de las que no se calma con nada…Bueno, si, se calma si le das lo que pide, pero, intento ser consecuente y, si le he dicho que no, pues es que no y punto…
    Yo solo espero que esto pase algún día…porque va a acabar conmigo!!!

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  4. Rabietas infantiles, qué hacemos cuando suceden - La aventura de mi embarazo

    […] de ir a la guardería, que además era la hora a la que yo me iba a trabajar con el tiempo justo. Aquí hablaba de las diferentes rabietas que solía tener y cómo las enfocaba. Ahora es diferente, es […]

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