A mi niño de 7 años

Parece mentira que haya pasado tanto tiempo. Hace siete años estaba a punto de conocer a mi primer bebé, estrenarme en esto de la maternidad, y ese bebote que nació en un parto rapidísimo y maravilloso, ese bebote que me convirtió en mamá, hoy cumple siete añazos.

Ya no me queda nada de ese bebé, tan solo el recuerdo y a veces es difuso. Menos mal que tengo miles de fotografías y vídeos que ahora vemos juntos, recordando yo y descubriendo él lo que fue. Veo las fotos, lo veo a mi lado y no me puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido.

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Mi niño es ya mayor y, a pesar de que echo mucho de menos el bebé que fue, no puedo más que alegrarme de que me haya regalado la experiencia de criarlo, de verlo crecer. Él me ha enseñado a ser madre a cada paso que hemos dado juntos, ha sido mi mejor maestro.

La verdad es que no me puedo sentir más orgullosa de él. Y eso que es un bichillo inquieto que me vuelve loca, tan impulsivo y con una energía que le cuesta tanto gestionar que a veces nos arrolla por completo con esos abrazos rompecuellos, esos besos ventosa. Pero no puedo negar que es un amor de niño. Amor de cariñoso, de generoso, de empático, de sensible y tierno.

No puedo evitarlo, siento que es el gran amor de mi vida, no creo que pueda existir amor tan grande. Y mi niño es especial es mi mayor, mi príncipe, mi primer bebé. Por eso no me canso de decírselo, necesito que sepa lo especial e importante que es para mi, cómo ha cambiado mi vida porque gracias a él he vivido la mejor experiencia que podía imaginar. Y él se siente orgulloso, importante, se le ilumina la cara cuando le digo que él es lo mejor que me ha pasado en la vida y me ha convertido en lo más maravilloso, ser mamá.

Mi niño, no me puedo creer que ya tenga siete años. Que ya pueda sentarme a hablar con él casi como si fuera un adulto, que me escuche y me comprenda perfectamente, me parece increíble y admirable. Y más aún que me consuele y me reconforte como nadie. Su mirada, sus besos, sus abrazos, sus palabras sinceras son mi mejor medicina, sin duda.

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A veces le pido que no crezca tan rápido porque tengo la sensación de que a este ritmo se me escapa entre los dedos, le pido que se quede como está, siendo este niño dulce y cariñoso, que por favor no tenga prisa por crecer. Me mira, se ríe y me dice «mamá, eso no puede ser, yo tengo que crecer pero ¡te seguiré queriendo igual!». No hace falta que le diga nada, se sienta a mi lado, me mira me abraza y sin venir a cuento me dice «mamá, yo siempre te voy a querer y quiero estar siempre a tu lado». No se imagina cuán profundas me llegan esas sencillas palabras y cómo me emociona esa promesa tan sincera. «Y yo no quiero que te separes nunca de mi, vida mía». Y entonces pienso en ese futuro en el que sea otra la que se lleve esas palabras, que llegará, y deseo todavía más que no crezca -¡maldita pelandrusca que se quiere llevar a mi niño! jajaja-.

La verdad es que no puedo mentir. Hay veces en los que me lleva al límite de la paciencia y lo sabe, veces que me desquicia, que ya no se qué hacer con él. Pero ¿qué madre no se ha sentido así alguna vez?. No es perfecto, y quizás sus imperfecciones, como a todas las personas, lo definen igual que todas sus virtudes. Sin embargo sus virtudes reducen sus imperfecciones a meras anécdotas, porque tiene tan buen fondo y mejor corazón que da igual lo demás. No le pido que sea perfecto, no quiero que sea perfecto, porque si no no sería él.

Le quiero tal y como es.

Y como para no quererlo. Porque chincha a su hermana hasta el infinito y más allá, pero más infinito es su amor por ella. La cuida, la protege y se hace responsable de ella. Porque le quita los juguetes para hacerse rabiar pero elige sus regalos de cumpleaños con la prioridad de compartirlo. Porque en su mente primero está su hermana y luego él, le importa más el bienestar de ella que el suyo propio, o el mío, o el de su padre. Y es algo que me enternece por su generosidad innata pero que también me da pena, porque tiene derecho a tener su exclusividad y su pequeño lado egoísta, pensar solo en él de vez en cuando. Pero no puede evitarlo, necesita saber que los suyos están bien y sufre si no lo percibe así.

Mi niño, has cumplido siete años y me quedo corta con todo lo que me has dado cada día de tu vida. Solo puedo darte las gracias por dejarme ser tu mamá, por tener la fortuna de haberte dado la vida y haber crecido como madre a tu lado, por dejarme ser partícipe de tus descubrimientos, tus avances, tus alegrías, por dejarme ver la vida a través de tus ojos y enseñarme lo más grande: que nadie en la vida me dará el amor que tú me das.

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Gracias por quererme aún cuando estoy de mal humor.
Gracias por perdonarme siempre, aún cuando no lo merezco.
Gracias por querer compartir conmigo tus logros y tus fracasos.
Gracias por contagiarme tu alegría y tu manera de ver la vida y disfrutarla.
Gracias por hacerme sentir que soy la persona más importante de tu vida.
Gracias por regalarme esta experiencia vital, la maternidad.
Gracias por dejarme descubrir que una sencilla palabra puede englobar el mayor de los sentimientos.
Gracias, simplemente, por dejarme ser tu mamá.

Mi niño bonito, ¡¡¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES!!!

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