Sobreviviendo a la gastroenteritis

Este fin de semana hemos subido a la capital, aprovechando el puente de Andalucía, para celebrar el fin de semana del porteo con Madresfera y de paso dar una charla en el Centro Adín, Getafe.
¿Y qué nos hemos traído de recuerdo? Pues una soberana gastroenteritis vírica que nos ha tumbado a todos, como está mandado. Sí señor, hemos caído todos, los únicos que han aguantado estoicamente han sido los gatunos, aunque han sido fieles acompañantes.
La primera en caer fue Antía. Y bien prontito, no hacía ni una hora que habíamos emprendido la marcah de vuelta después de merendar con unos amigos -para mi casi familia- cuando empezó a vomitar. En apariencia estaba bien, espabilada, activa, vomitaba y seguía bailando y haciendo de las suyas. Directamente lo achaqué a un empacho de galletas ya que tanto ella como Iván se habían ventilado la primera bandeja de una caja de galletas surtidas -sí, esas, las de toda la vida jajaja-. No os cuento el viajecito que nos tiramos, la primera vomitona tuvimos que parar, cambiarla entera, limpiar bien la silla del coche -afortunadamente la silla Q-Retraktor Fix de Casualplay se limpia bien y se desenfunda mejor que sino hubiera sido un marrón de lo más desagradable-… Menos mal que ella vomita en casacada – o sea, hacia abajo- y no cual niña del exorcista como Iván – con un radio de alcance digno de película de ciencia ficción- y no manchaba tanto, pero agradable no era, os lo podéis imaginar.
La tuve que cambiar dos veces, menos mal que viajábamos con equipaje que si no me veo con la niña en pelotillas. A la tercera vomitona yo ya estaba al loro con el paquete de toallitas y los guantes de plástico que cogimos en una gasolinera y que usé a modo de bolsa, de tal manera que las siguientes vomitonas fueron a parar ahí, y por supuesto ya no eran tan explosivas ni abundantes como la primera.
Iván fue dormido como un tronco todo el viaje, llegamos a casa a eso de las 2 de la madrugada, lo acosté directamente y poco antes de irse al colegio vomitó un poquito. Fue poca cosa así que Papá lo llevó al cole, pero a eso de las 11 de la mañana ya me estaban llamando para ir a recogerlo, 2 vomitonas en tiempo récord.
Como Antía se pasó toda la noche vomitando -la acosté en mi cama y cubrí la cama con toallas para no tener que andar cambiando sábanas en cada vomitona- Papá, tras dejar a Iván en el cole, se fue al centro de salud a coger cita para el pediatra -o médico de familia que hace de pediatra-. Y por matar dos pájaros de un tiro allá que me fui con los dos, cayendo más agua que el día del diluvio universal. A Antía no le hizo demasiada gracia la bata blanca – no está acostumbrada- así que lloriqueó bastante durante la exploración pero se dejó hacer. Iván como en su salsa, fue a subirlo la médico a la camilla mientras yo vestía a la niña y el le espeto en seguida «no que yo me subo solo» y él mismo le contó lo que le pasaba y cómo se encontraba. La médico alucinando, «vaya, qué bien habla este niño y qué bien se explica», no lo sabe ella bien.
El diagnóstico fue un virus, qué socorridos son estos bichejos que valen para todo. ¿Mocos? Virus, ¿Tos? Virus, ¿Diarrea? Virus, ¿Fiebre? Virus… y que le echan la culpa de todo, oye. Probiótico para contrarrestar la pérdida de flora intestinal, suero fisiológico en dosis de tolerancia y dieta blanda después de 24 horas solo a líquidos. Pues allá que me fui a la farmacia a por el suero que ya sabía yo que iba a ser un gasto inútil porque mis hijos dicen que tururú para ti y lo preparé al llegar a casa. De comer pollito cocido con patatas y zanahoria, que solo comimos Papá y yo porque los peques no abría la boca para nada.
Iván es malísimo para tomar medicinas y cualquier cosa líquida que no sea agua, leche, sopa o batidos de chocolate. Conseguimos que bebiera algo del caldo de cocción y poco más. Antía vomitaba hasta la teta, con eso lo digo todo.
Tuve que cubrir el sofá con el protector del colchón de la cama, y con toallas, para que las vomitonas no calaran a la tapicería. Los niños se pasaron todo el día acostados, sin moverse, sin apenas hablar, parecían muñequitos en vez de niños, daba muchísimo sentimiento verlos tan apagados.
Lo de las dosis de tolerancia no funcionó. Iván directamente se negó a beber ni una gota de suero, Antía ya podía darle 1ml cada 10 minutos que echaba hasta la última gota al momento. Las veces que le di el pecho tardaba cerocoma en vomitarlo todo, en cuanto soltaba el pecho lo echaba. Dar el suero en dosis de tolerancia no es difícil, pero hacerlo con la teta es otro cantar. Porque Antía tenía hambre y tenía sed, mucha hambre y mucha sed, tanto que al ver la botella de agua la miraba y pedía cual sediento que ve un oasis en un desierto, y se moría por tetear, me rebuscaba en el escote, me levantaba la camiseta como podía. Así que pensé en darle a pequeños chupetones espaciados, a modo de dosis de tolerancia y no resultó, porque cada vez que le retiraba el pezón empezaba a llorar como si le estuvieran quitando la vida, y qué penita me daba. Estuvo vomitando durante todo el día, todo lo que le entraba por poco que fuera le volvía  a salir.
Ya casi a las 12 de la noche decidí llevarla al hospital porque me daba miedo toda la noche vomitando y sin ingerir nada, cuando lloraba no echaba lágrimas y el temor dela deshidratación empezaba a pesarme. Así que con la que estaba cayendo me la llevé a urgencias yo sola, porque Papá tenía que quedarse con Iván y de momento no quería asustar a los abuelos.
En el hospital comenzó la gran aventura. Llegamos y nos atendieron rápido, la hora que era, la que estaba cayendo, la sala de espera de la zona de pediatría estaba vacía. Al entrar en consulta me alegré de ver a la doctora ya que, sabiendo que en Urgencias del Hospital Juan Ramón Jiménez raro es que te atienda un pediatra, al menos era una cara conocida porque hizo la residencia en el centro de salud que me pertenece, en la consulta de mi médico de cabecera -afortunadamente, porque es un desagradable- y me llevó el embarazo de la niña -porque yo ya le tenía cogidos los días y pedía las citas cuando sabía que estaba ella y así no aguantaba al otro-. Le conté cómo estaba, que echaba todo lo que le entraba por poco que fuera, que sólo le había dado líquidos, nada de sólidos, la reconoció y nada, que estaba bien en cuanto que no había signos de deshidratación y lo que es garganta, oídos, pecho y mocos perfecto. Como el problema es que no toleraba bien los líquidos, es decir, sí lo suficiente para mantenerse hidratada pero no sin vomitarlo, me dio las opciones de quedarnos allí tomando suero hasta que lo tolerara o irnos a casa recetándonos unos supositorios para la motilidad del intestino y así evitar el reflejo del vómito. No vio necesario ponerle suero vía intravenosa y mejor evitarle el mal rato, así que le dije que prefería irme a casa porque vivo a 2 minutos en coche y si empeoraba no tenía más que volver.
Me dice que le ponga un supositorio de Motilium pero que allí no lo tienen, por lo que tengo que ir a la farmacia a comprarlo. Pienso que vaya horas para ir a la farmacia pero bueno, todo por el bienestar de mi hija. Me da el volante con la prescripción y le pregunto qué farmacia está de guardia, a lo que me contesta que no lo sabe pero que pregunte en el mostrador y allí me lo dirán. Me pongo a la niña en la bandolera -qué gran ventaja llevar siempre un trapito a mano-, se acurruca y se duerme al momento y me dirijo al mostrador; pregunta a un grupo de 5 personas en plena tertulia nocturna, todos me miran con cara de «ya viene ésta a dar por saco» y la que en teoría está en su puesto de trabajo -el resto entiendo que están de escaqueo nocturno- me dice que no me lo puede decir porque no le han llevado el papelito de las farmacias de guardia; educadamente insisto si se pueden enterar de alguna manera ya que son las 2 de la madrugada, la niña está mala, está cayendo el diluvio universal y no es plan de darme un paseo por toda la ciudad. Mientras los demás ponen cara de importarles semejantes motivos un carajo, la misma señora me responde que me vaya a la farmacia más cercana, la del Torrejón -barrio marginal- y que lo mire; y ya con menos educación le contesto «sí, lo que yo tenía pensado es parar y bajarme de coche de madrugada en pleno Torrejón y con la niña en brazos». Impasibles. Yo me di media vuelta sin ni despedirme porque esos entes -que no son ni personas por su comportamiento- no se merecían ni un ápice de mi educación.
Me fui a la farmacia de mi barrio y pude por fin enterarme de las dos farmacias de guardia de esa noche -me pregunto yo si dos farmacias son suficientes para una población de 150.000 habitantes aproximadamente-, una en un barrio cercano, otra en la otra punta de la ciudad. Obviamente elijo la cercana, y al llegar me doy cuenta de que no llevo dinero encima. Claro, quién me iba a decir a mi que iba a necesitar ir a comprar a esas horas de la madrugada…
Le doy el volante al farmacéutico y le pregunto si puedo pagar con tarjeta, me dice que si tengo que meter el pin -y lo tengo que meter- no puede ser porque el datáfono no se puede desconectar, genial. Le cuento que tengo a mi hija de 19 meses mala en el coche y parece que tiene la intención de darme el medicamento -que además es de los que pueden valer 2€ como mucho-… cuando me dice que no lo tiene. Me cago en Murphy y en el tuerto que me ha mirado esta noche.
Cojo el coche y antes de pensar cojo camino a la otra farmacia, en la otra punta de la ciudad, justo la que está bajo el bloque donde viven mis padres. Que podía haber llamado a mi madre y que bajara a preguntar si tenían el dichoso medicamento pero yo iba a tardar menos, y para esperar a que me llamaran, mejor ir yo. Lo mismo, llego y no hay ese medicamento, pero para colmo me dice que el laboratorio hace ya un año que no lo distribuye. Se me llevan los demonios.
Sigue lloviendo a mares y la niña va dormida en sus sillita, así que cojo de nuevo el coche con un cabreo de un par de cojones, llamo a Papá, le cuento la situación y como estamos le digo que no me voy a ir a casa con la niña sin tratar, así que me vuelvo al hospital. Cuando entro hacia el mostrador yo no era una mujer, era una madre cabreada e indignada, una madre con una niña enferma y dormida en una bandolera a las 3 de la madrugada, le suelto a la misma que no me quiso decir la farmacia de guardia lo que me había pasado con cara de entre vergüenza y miedo de lo que tenía delante suya me dice que pase directamente a la consulta.
Como no estaba la médico aviso a una enfermera que pasaba por allí, con actitud de una madre cabreada e indignada, una madre con una niña enferma y dormida en una bandolera a las 3 de la madrugada, y en seguida avisa a la médico. Cuando viene y le cuento se queda a cuadros, «¿Cómo no va a haber ese medicamento si yo lo receto a menudo?», y pienso en mi interior que si no es pediatra no creo que lo recete tan a menudo y que posiblemente las farmacias que lo tengan sean lotes recibidos hace tiempo que aún no han vendido. Pero no quiero discutir. Le digo que le pinche algo para que no siga vomitando y me dice que le da pena pincharla, ¡Nos ha jodido! Y a mi también me da pena, pero más pena me da verla cómo vomita, cómo hace un esfuerzo que le supera, cómo se ahoga y se pone morada cuando ya no tiene nada más que vomitar. Y me dice que podemos probar con una ampolla bebible de no se qué medicamento similar, como no sabemos si lo aceptará me espero allí media hora, si funciona nos vamos a casa y si no la pinchamos.
Le dan la ampolla en una jeringuilla y tras media hora esperando y ver que no vomita me da el alta. No tengo ganas de discutir porque ya estaba cabeceando de sueño, la niña dormida en mi santa y bendita bandolera (que una enfermera se paró al verla y a curiosear en plan «anda, como las africanas, ¿eso es cómodo?, ¿no lleva las piernas muy abiertas?» pufff no estaba de humor para esa conversación) y solo quería irnos a casa ya tranquilas.
Pero no podía dejar de estar indignada. ¿POR QUÉ SI LA SOLUCION ERA TAN SENCILLA Y LA TENÍAN A MANO ME HACEN DAR VUELTAS POR LAS FARMACIAS DE MADRUGADA, SIENDO UN BEBÉ EL QUE HABÍA QUE TRATAR?.
Yo no se si es por los recortes que presionan a los facultativos a prescribir medicamentos e incitar a que sean comprados en la farmacia en lugar de darles al menos una dosis en el hospital. El caso es que me parece indignante, vergonzoso e inhumano que ante un bebé enfermo la primera opción sea mandar a los padres a comprar un medicamento en lugar de tratarlo en el mismo centro, máxime cuando se acude a urgencias de madrugada. Indignante, vergonzoso e inhumano que nadie se haya molestado lo mínimo en intentar averiguar qué farmacia estaba de guardia haciéndome peregrinar con la niña, de madrugada y lloviendo a mares, y que se queden impasibles ante mi petición.
El miércoles fue el peor día. Antía vomitaba menos porque el Motilium que al final compré en la farmacia y las 3-4 horas tras la toma aguantaba bien, solo con teta, pero al menos no vomitaba en ese período. Iván se negó a tomar ni una gota y, salvo agua en pequeñas dosis espaciadas, no quiso nada más. El día anterior, el martes, había caído Papá también con vomitonas bestiales, y la madrugada del miércoles me tocó a mi pero no vomitonas -que yo soy dura para vomitar- sino con una diarrea de morirme que casi me tengo que quedar a dormir en el wc para ahorrarme los paseos y llegar a tiempo. Así que el miércoles me encontraba mal tirando a fatal, Papá empezaba a trabajar -por fin- y mi madre tuvo que venirse a quedarse en la tienda para yo poder quedarme en casa. Fue un día muy raro, pues desde por la mañana temprano hasta por la noche no escuché a mis hijos ni una sola palabra, ni una. Su actividad se redujo a dormir lo máximo posible y lo poco que estaban despiertos era acostados en el sofá, como desmadejados y sin vida. Yo estaba fatal, me dolía muchísimo la tripa, los músculos, estaba muy floja y mareada y se podría decir que menuda suerte que los niños no dieran la lata dada mis condiciones, pero no, porque ellos estaban peor que yo y eso me mataba. Cuando intentaba espabilar a Iván u ofrecerle comida solo me decía «tengo mucho sueño» y se dejaba caer, sin fuerza. Antía directamente era un apéndice mío.
El jueves Iván amaneció mejor, ya me pidió desayuno y le di un poco de leche con gallegas -puestos a que no quiera suero y que lo vomite todo, al menos que vomite algo con fundamento-, no estaba muy allá pero empezaba a chinchar a la hermana y tenía apetito, eso era signo de mejoría clara. Antía seguía apática, desesperada por beber agua y yo sabiendo que eso le haría vomitar, pero floja y sin fuerzas. Los pesé y vi que Iván había adelgazado 1,5kg y Antía 1kg aproximadamente, se me vino todo abajo porque ellos no son gordos precisamente, así que solo me faltaba esto. Se les nota, están huesudos y ojerosos. Los vómitos iban bajando en frecuencia, Iván sólo había vomitado de noche y Antía solo cuando se le pasaba el efecto del Motilium, aunque ya empezaba a tolerar la teta sin problemas y en cualquier momento. Y si Iván iba mejorando, con más apetito y actividad, Antía cada vez menos ganas de todo, de comer y de moverse.
A pesar de que esta madrugada Iván estaba mejor, ha vuelto a vomitar. Posiblemente porque como se niega a seguir las pautas del pediatra y se comió un plato de macarrones con pechuga de pollo a la plancha, que es una comida suave pero se comió más cantidad de la que debía -porque yo no estaba en casa para controlarlo- fue demasiado para su estómago, pero se está recuperando. Y Antía hoy seguía igual, sólo con la teta pero sin ganas de comer ni de hacer nada. Le hablas y te contesta -en su idioma- sin fuerzas, la abuela fue a despedirse y ella levantó su manita sin fuerzas, hasta media altura, diciendo adiós muy despacio e intentando acercársela a la boca para tirarle un besico, y de verdad da pena ver cuánto esfuerzo le cuesta algo tan simple. A la hora de comer intenté darle un poco de puré pero como se le había pasado el efecto del Motilium
Hemos vuelto a urgencias. Y he vuelto a indignarme, porque para llegar al área de pediatría tuve que hacer más de meida hora de cola en clasificación, con un montón de adultos por delante que, curiosamente, ninguno presentaba ninguna patología de importancia -y no porque lo diga yo sino porque allí la gente no se calla y dice a lo que va-. No me parece que un bebé tenga que hacer cola igual que un adulto, me indingnó sobre todo porque yo tardé 40 segundos de reloj en que nos clasificaran mientras en cada adulto de media se empleaban mínimo 5 minutos; teniendo en cuenta que a ojo por cada 10 adultos puede acudir 1 niño, ya no digo bebé sino niño, creo que bien podrían establecer por protocolo que los niños tuvieran preferencia en clasificación para evitarles la espera. Me recordó a una vez que fui embarazada y yo con mi bombo allí, esperando la cola de clasificación para que una vez te ven la tripa te manden directamente al área de tocología.
La verdad es que, una vez pasamos clasificación, nos atendieron bastante rápido teniendo en cuenta que había bastantes niños, tardamos unos 30-40 minuto aproximadamente. También tuvimos suerte porque nos tocó una pediatra, residente pero al fin al cabo de la especialidad, y yo apuesto bastante por los residentes porque, al menos en mi experiencia, intentan ir un poco más allá y parece que le dan más importancia a las cosas. Tras contarle todo y explorarla decidió pedir una analítica de sangre, fue a a avisar a las enfermeras y entonces escuché algo así como «¿Pero otra más? No te pases pidiendo analíticas que nos va a echar de aquí», ya lo que me faltaba. Estuve por salir y decir «¡una y las que hagan falta!» y otra vez me vinieron a la mente los putos recortes y cómo afectan a los que más necesitan y menos culpa tienen.
Las enfermeras vinieron enseguida y no lo dudé, les dije que me iba a poner a la niña al pecho mientras la pinchaba y la enfermera me dijo que mientras mi postura no le interfiriera para sacarle sangre no le importaba, y lo comprendí perfectamente. No hubo ningún tipo de problema, la niña estaba tranquila en su teta y además está tan floja y apática que hemos comprobado que no reacciona ni cuando la pinchan, porque desde luego ni se inmuto. La enfermera y la auxiliar se sorprendieron de la #tetanalgesia y ya aproveché para darles una charlita y recomendarles que aconsejen a las mamás que lo hagan así a sus bebés.
Tras esperar más o menos una hora en la sala de espera con Antía dormida en el fular, nos llamaron de nuevo a consulta con los resultados de los análisis. Todo correcto, está un pelín deshidratada pero no para quedarse ingresada y ponerle suero por vía intravenosa, así que nos mandaron a casa con la prescripción de darle el pecho todo lo que pueda y más porque eso la ha mantenido hidratada; Motilium para evitar el vómito e intentar que vaya tomando otros líquidos hasta que acepte sólidos. El lunes al pediatra de cabecera y si observamos algo anormal o preocupante durante el fin de semana, que acudamos de nuevo a urgencias.
Pues esta ha sido nuestra semana y lo que nos queda. Yo estoy muy preocupada porque veo a mis hijos muy delgados y decaídos; se que los niños se recuperan muy rápido pero no puedo evitar sentirme así. Veo que Iván va mejor pero Antía me tiene totalmente desconcertada y en un sinvivir porque es una niña muy inquieta y vivaracha, por lo que verla apagada, sin movimiento, sin fuerzas, con la cara chupadita que solo es ojos y dientes, me mata. Así que este fin de semana no me voy a despegar de ella ni un segundo, voy a darle toda la teta que necesite y más y a ver si conseguimos que acepte algo de comida y le siente bien.
Hoy es uno de esos días en los que siento que la lactancia materna es un auténtico salvavidas, creo que de no ser así la gastroenteritis hubiera sido más virulenta -ya que no hemos tenido diarreas ni fiebres-, ha sido lo que ha mantenido a mi hija hidratada y nutrida y puedo decirlo con las analíticas en mi mano como prueba. Así que si normalmente animo a las mamás a dar lactancia materna a sus bebés, hoy lo hago con más ahínco, incidiendo además en que la lactancia sea lo más prolongada posible, pues solo puede aportar beneficios.
Espero que la siguiente entrada sea más alegre y positiva, será signo de que la cosa ha mejorado.

7 thoughts on “Sobreviviendo a la gastroenteritis

  1. Opiniones incorrectas

    Vaya mal y menudo disgusto, pobre Antía y pobres de vosotros también. Con lo mal que se pasa con estas cosas y encima los recortes y demás tocando la moral.

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  2. batallitasdemama

    PUf, mejoraros pronto, que rabia lo de las farmacias y el trato hospitalario en general. Un beso y a ponerse buenos.

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  3. Marieta

    Pues vaya recuerdo os habéis traído del finde..jolines, esperi que os recuperéis pronto, sobre todo la pequeñina que parece la más afectada
    No te preocupes y verás como en nada vuelve a ser ella, es que esos virus te dejan KO.
    Animo y un beso
    Ah, indignante lo de urgencias!! Yo también he sufrido lo de las colas de mas de una hora con el bombo y sin poder tenerme en pie para al final derivarte a ginecología…no es mas fácil mandar directamente a la gente donde le corresponde…y ya con los niños es par matarlos..

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  4. Jeza Bel

    Vaya tela!!! Hay momentos en los que te apetece saltar detrás del mostrador y meter un guantazo al inepto de turno, a mí estas cosas de verdad que sacan mi vena asesina 😛 Esto es lo que se me pasa por la cabeza, lo que acabo haciendo es ponerme a llorar de impotencia o resoplar y sacar fuerzas de debajo de las piedras!!!

    Espero que ya estéis mejor todos, sobre todo los peques, que se sufre tanto viéndoles así!!!

    Un besete

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  5. Mamá en camino

    Estos del hospital ya se merecen el premio a idiotas del año! Que cólera, pero al menos Antía está mejorando. Acá en mi país solemos dar a los pequeñitos agua de arroz cuando están mal del estómago, eso les hidrata y les brinda almidón para aliviar la flora intestinal, es fácil, cocinas arroz en mucha agua sin sal ni nada (aca usan canela, yo no le pongo) y cuando el arroz revienta el agua queda color blanco lechoso, se la das por cucharadas y santo remedio.
    Cuando mi hermano tuvo gastroenteritis el médico nos dijo que era preferible la diarrea al vómito, porque el vómito es como tener un tapón y que cuesta más, pero espero que ya todo todo pase y que estén los cuatro de maravilla. Y vas a ver que en una semana recuperan las figuras estos hermosos, no dices que ya Iván se dio gusto con un plato de pasta!

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  6. Amandaps

    Se pasa fatal con la gastroenteritis,gracias por la información.

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