No soy la Mamá Perfecta

Creo que la de ayer era un post necesario. No solo para desahogarme, que me sirvió para ello y bien, sino para hacer caer el velo de la perfecta mamá que a veces nos colocamos, consciente o inconscientemente, a la hora de hablar de nuestros hijos, su crianza y su educación. ¿A quién no se le llena la boca de orgullo al hablar de sus hijos?.
La verdad es que me sorprendió leer en algunos comentarios cómo para algunas mamás ofrezco la apariencia de ser una mamá perfecta. Me sorprende porque no lo soy y soy muy consciente de ello, aunque quizás el hecho de hablar sólo de lo positivo de la maternidad induce a pensar que todo ha sido un camino de rosas y yo soy un ejemplo de serenidad y paciencia.
Es cierto que no me gusta hablar de lo malo. Es cierto que ha habido poco «malo» en mi experiencia como madre y que los momentos más dificiles han venido hace relativamente poco. Y también es cierto que sabía lo que me esperaba en esto de ser madre porque, como quien dice, he casi criado a un hermano 15 años menor que yo, que por supuesto no es lo mismo que un hijo, pero me ha dado la perspectiva necesaria para saber lo que se me venía encima.
Cuando empecé el blog mi intenció fue guardar un testimonio de mi embarazo para que en un futuro mi hijo pudiera saber cómo empezó todo. Cuando por fin nació no vi motivo para que el blog acabara con el embarazo sino todo lo contrario, debía crecer y avanzar con mi hijo, al igual que durante el embarazo, pero siempre con la meta de que algún día pudiera leerlo y saber cómo fue su vida desde el principio. Otro embarazo, otro bebé, y las mismas ilusiones. Por eso siempre he querido hablar de todo lo positivo de mi maternidad, porque no quiero que cuando mis hijos tengan la oportunidad de leerlo se encuentren con mis frustraciones, mis debilidades o sus peores momentos. No nos engañemos, ¿a quién le gustaría que le recordaran continuamente, por ejemplo, todas las veces que se hacía caca encima? Es tipo de cosas se cuentan, se recuerdan, pero no es el testimonio que yo quiero dejar. 
Cuando mis hijos tengan oportunidad para ello les contaré los malos momentos, las travesuras, todo aquello que me traía de cabeza con ellos pero así, como testimonio, quiero que se quede lo positivo. Porque en el fondo para mi lo negativo solo vale para aprender y mirar hacia adelante, pero con lo que de verdad me quedo es con lo positivo, es lo que forja mis auténticos recuerdos, cuando echo la vista atrás olvido los malos momentos con la misma facilidad que recuerdo los buenos, que afortunadamente son los más.
Pero no puedo evitar infundirme una responsabilidad que me ha venido sobrevenida sin pretenderlo, el hecho de que me lean muchas mamás y futuras mamás a las que mi experiencia les ayuda a forjar la suya. No quiero pensar que puedan sentirse engañadas porque parezca que «sólo cuento lo bueno» o porque tal y como planteo las cosas mis hijos son los perfectos hijos y yo soy la perfecta mamá. Bueno, qué voy a decir, mis hijos son los perfectos hijos para mi, y yo espero y quiero ser la mejor mamá para ellos, con lo bueno y con lo malo, los acepto y adoro tal y como son y espero que ellos me quieran a mi de la misma manera. Pero eso no nos hace ser el adalid de la perfección absoluta, ni quiero que lo seamos.
Basta con echar la vista atrás para ver que no todo siempre ha sido perfecto, hemos pasado nuestras malas rachas y no me ha importado hablar de ello. Pero creo que me influye enormemente que yo siempre y en todo intento encontrar el lado positivo, ver la luz en la oscuridad y los tonos grises entre el negro, soy así en mi vida en general, positiva, siempre sacando el punto bueno. Y puede que también me influya que me he asumido como normales situaciones que por lo general pueden ser tomadas por dificultades y eso me ha ayudado a llevarlo mejor. Aunque tengo momentos puntuales de bajón, como ayer, en los que necesito soltarlo todo para aligerar peso y recargar las pilas.
También tengo que reconocer que hasta hace poco mis hijos me lo han puesto muy fácil y eso es una gran ventaja, ellos me han dado muy buena crianza, yo me he adaptado a ellos y he ido haciendo las cosas como iban surgiendo, como sentía que debía hacerlo en cada momento. A lo mejor lo que para mi ha sido normal para otra mamá ha sido un problema, pero eso depende de cómo nos planteemos las cosas
Con Iván como mamá novata fui asumiendo las situaciones según iban viniendo: si me salían grietas en el pezón, confiaba en que alguna vez se curarían; si no ponía el peso deseado confiaba en que a pesar de todo estaba bien alimentado; si había despertares o llantos nocturnos el colecho me dejaba descansar; si no quería comer pensaba que ya comería cuando tuviera hambre, sin agobiarme ni darle mayor importancia. Podría poner muchos ejemplos similares, pero todo se resume en que, según surgían los problemas, intentaba tomármelo como normal y buscar la solución menos traumática para todos, la que mejor se adaptara a nuestra vida sin importarnos lo que dijeran los demás. Con Antía ya tenía la lección aprendida y creo que muchas dificultades no se llegaron a producir gracias a ello, por decirlo de alguna manera cogí el atajo de aplicar lo que me había funcionado con Iván y con ella también funcionó.
Iván ha sido un niño fácil de criar hasta los 3 años. La llegada de su hermanita, la entrada en el cole, su inteligencia, su desmesurada impulsividad, no sabemos qué es pero los 3 años fueron un punto de inflexión, pasamos de un extremo a otro. Si antes podíamos ir a cualquier sitio con él y daba gusto donde fuéramos porque se adaptaba perfectamente, ahora es imposible porque no para quieto y nos la lía a la mínima. En el fondo estoy convencida de que es parte de su madurez, quizás le cuesta comprender que no puede ser todo lo que quiere y se revela contra ello, y eso nos está haciendo pasar esta mala racha.
Antía es una niña que da gusto criar, al igual que Iván en su momento. Recuerdo sus primeras semanas de vida, que no se la escuchaba, sus días pasaban entre su teta y sus siestas y eso nos permitió poder dedicarnos a Iván y que así no se sintiera desplazado. Se adaptó a nuestra vida sin hacer ruido y, conforme ha ido creciendo, se ha ido adaptando a su hermano, creciendo junto a él, siguiendo sus pasos. Es una niña con caracter, fuerte, rabuda y testaruda, pero es un amor de niña que encandila a todo el mundo.
Pero claro, se juntan los dos, el ciclón con el huracán y surge la ciclogénesis explosiva, que es como mejor puedo llamar a esos momentos en los que creo que me voy a volver loca. Los dos juntos son una olla en ebullición, no paran, cuando estoy espabilada y con fuerzas lo llevo bien, pero cuando ya estamos todos cansados la mínima tontería colma el vaso y es cuando pierdo la paciencia.
Creo que el motivo por el que la entrada pasada ha tenido éxito (y con éxito me refiero a recibir un montón de comentarios al momento de publicarla) es porque en la blogosfera maternal parece que impera la ley de la mamá perfecta, comprensiva, paciente, que no grita, no se enfada, no se desespera, no se frustra, y ello lleva a que nos veamos peor de lo que en realidad somos. Pero estoy convencida de que hasta la mamá más perfecta tiene su momento de debilidad.
No me gusta gritar a mis hijos, procuro que sea una excepción y cuando lo hago es porque me ha salido antes de que me hubiera dado tiempo de pensarlo, y me arrepiento sobre la marcha. No me gusta perder la paciencia con ellos, no me gusta parecer un ogro, y todos los días me hago el firme propósito de no tropezar en la misma piedra. No quiero que mis hijos lloren porque he perdido la paciencia, soy adulta y tengo más capacidad de razonamiento y empatía que ellos. No quiero que mis hijos recuerden a una mamá gritona y siempre enfadada. Por eso cada día me propongo ser más paciente e intentar comprenderlos un poco más, y por eso cuando reacciono como no debo cojo a mi niño y le pido disculpas por comportarme de esa manera con él.
Con esta reflexión espero que muchas mamás se sientan identificadas conmigo y sobre todo hacer un poquito de tribu. Porque no somos la perfectas mamás pero eso tampoco nos hace malas madres, porque reconocemos nuestros límites, nos equivocamos y cometemos errores de los que seguro nos arrepentimos casi antes de cometerlos, e intentamos aprender de ello. Pero, sobre todo, porque por encima de todo nuestro objetivo es el mismo: darlo todo por nuestros hijos.

9 thoughts on “No soy la Mamá Perfecta

  1. Mamá en camino

    tu entrada de ayer sólo demuestra que somos humanas, que nos duele cuando nuestros bebés nos golpean, que necesitamos tiempo para ir al baño, que nos cansamos y que perdemos el control, pero que estados tan enamoradas y felices de ser madres que olvidamos lo feo y nos concentrados en todo lo bueno.
    Y tu blog me encanta, es muy natural!!

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    1. Nereida

      No lo podrías haber descrito mejor en tas pocas palabras, sí señor. Un besote.

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  2. Bichitobola

    Es verdad….somos madres, adoramos a nuestros hijos claro que si, pero tambien perdemos la calma de vez en cuando!! Normal, somos personas y no podemos controlarlo todo, eh ahi la magia de nuestra existencia!
    Tambien es verdad que luego yo veo a mis dos hijos jugar juntos, darse un beso, mi pequeña diciendo "quero mama", y se me cae la baba con ellos! Que seria de nosotras sin ellos!
    E igual que ellos aprenden a ser personitas cada dia, nosotras aprendemos a ser mejores personas y madres con ellos!
    Un beso
    P.D. Me uno a la tribu de madres imperfectas!

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    1. Nereida

      Yo reconozco que pierdo la paciencia más de lo que quisiera, pero siempre son más los momentos que disfruto con mis hijos, y eso no me lo quita nadie. Pero lo mejor de todo es que, pese a mi falta de paciencia, me sigan queriendo incondicionalmente. Eso es amor de verdad.

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  3. Gloria

    Ninguna somos perfectas ni mucho menos….
    Te lo he dicho muchas veces… me encanta leerte porque pones palabras a cosas que son solo sentimientos en mi…
    Siempre me han dicho que he hecho fácil la crianza de mis mellizas… y es que en realidad he ido asumiendo las cosas conforme me venían… Dicen que mis hijas son buenas y que por eso lo llevamos tan bien… es cierto, mis hijas no son malas… pero son dos niñas de 3 años y medio! y te puedo asegurar que sacan lo peor de mi en muchos momentos… y que no es nada fácil el día a día…. pero asumo que es algo intrínseco a esta época y que ya vendrán otros momentos ya sean mejores o peores…. También intento respirar hondo unas 30 veces antes de pegar un grito y puedo decir con la cabeza bien alta que si que grito y me enfado… pero que gracias a mis hijas he conseguido tener muchísimo más autocontrol del que yo me hubiese imaginado hace unos años…. y sigo mejorando…

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  4. un detalle original

    Me encanta leerte, y lo hago desde hace mucho tiempo, ayer cuando leí tu entrada, pensé que eran cosas tan cotidianas y que nunca habia leido antes, seguramente, como dices en esta entrada, las cosas "malas" no se cuentan, pero yo solo te puedo dar las gracias porque de cada entrada tuya aprendo muchísimo, y yo si que te puedo decir que aunque no quiero, si que grito de vez en cuando (más cuando que vez), porque nunca he tenido paciencia y ahora, poco a poco,la voy teniendo
    es dificil criar un hijo, no me puedo imaginar como debe ser con dos, asi que mi mas sincero aplauso para ti, que te lo mereces¡¡¡

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  5. Mo

    Yo estoy totalmente de acuerdo con tu visión…Cuando leo blogs de gente que sigo creo que todas vamos un poco a la par, explicando las cosas que nos motivan de la maternidad, pero no por eso dando una visión idílica de la experiencia. Al menos yo no lo entiendo así 😉
    Besos!

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  6. Marieta

    Te entiendo perfectamente! Yo nunca he pensado que quisieras dar imagen de "madre perfecta", nunca lo he visto así..simplemente nos cuentas tu maternidad y quieres dejar reflejado para el futuro las cosas buenas que te dan tus hijos. De vez en cuando y también por desahogo hay que contar que no es fácil criarlos y más cuando son más de uno..
    Es como cuando nos preguntan por la calle: Y como son? son buenos? Pues no les vas a decir: Hoy se han portado fatal!!! Me tienen frita!!! Pues no..porque si que son buenos,son maravillosos y tenerlos es lo mejor que nos ha pasado!! Pero son niños y a veces nos sacan de quicio y son tantas horas que todas tenemos un limite y a veces lo rebasan y cada día hacemos examen de conciencia y nos repetimos que al día siguiente tendremos más paciencia y veremos las cosas con más calma e intentaremos comprender el porqué de esa rabieta y lo llevaremos de otra manera…Y a veces lo conseguimos y nos sentimos tan bien pero otras veces no es así..lo dicho, no somos perfectas, nos gustaría en este caso en particular, pero no..
    Un fuerte abrazo

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  7. Suu

    Yo tampoco soy la madre perfecta, cada una habla de sus experiencias y si a alguien le valeo se siente identificada genial. Pero yo siempre digo que cada uno debe de vivir las suyas y que quizá lo que nosotros hemos vivido puede ayudar, pero desde luego que no es ni la mejor manera ni mucho menos la perfecta.

    No te sientas mal, eres una gran mujer.

    Besitos

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