MADRE O VACA II: El cuento de la madre y la vaca lechera es tabú

Hay maneras y maneras de rectificar o intentar suavizar las cosas, aunque la elegida muchas veces no sea la más adecuada.
Este domingo el diario EL MUNDO, en su magazine, se ha hecho eco de la repercusión de su famoso artículo de la semana pasada. Pero en vez de rectificar con elegancia lo que hacen es justificar su publicación, excusar su contenido y sus fotografías, por no bajarse los pantalones, digo yo. Y hay que tener claro que en general rectificar es de sabios, y reconocer los errores, más. Y lo que han hecho en lugar de aligerar las tensiones es añadir, si cabe, más leña al fuego.

Hubiese bastando con cosas tan sencillas como un «apoyamos la libertad de las mujeres a la hora de decidir cómo criar a sus hijos, ya que tan madre es la que da el pecho como la que da el biberón, sin menospreciar ni criticar ninguna de las posturas», por poner un ejemplo.
Pero no se quedaban tranquilos sin soltar otras «perlitas» iguales o peores que las del anterior artículo.

Conste que he leído ambos artículos varias veces y detenidamente, y en éste último he ido señalando a medida que leía aquellas palabras que más me han llamado la atención, para no perder detalle a la hora de comentarlo, y dicho sea de paso, para facilitar mi labor a la hora de emitir mi opinión.

Y por supuesto, en primer lugar, dejar muy claro que en ningún momento de mi entrada anterior arremeto contra la escritora de dicho artículo, ni insinuo si quiera que haya detrás alguna marca comercial (soy habitual consumidora de productos Nutribén), como comentan en esta publicación. Hablo desde mi experiencia personal y por supuesto emito mi opinión con todo mi derecho, al sentirme atacada por el modo en que abordan una actitud que pretenden generalizar y que no es más que una opción personal.

Creo que ya he dejado claro que a mí no me ha bastado lo de hoy en el sentido de querer rectificar en algo. Yo me he sentido muy ofendida no sólo por las imágenes, que sólo buscan crear polémica, sino porque en todo el artículo de La era de las madres vaca se mencionan muchas vivencias, menos una: la de la mujer trabajadora y madre lactante cuya vida no ha cambiado más de lo necesario con la maternidad, y cuya lactancia con su hijo no ha interferido en su vida profesional u otros aspectos de la vida. Vamos, la mía, y la de muchas más mujeres que hemos vivido embarazos trabajando, hemos parido, nos hemos incorporado al trabajo tras la baja maternal sin ningún tipo de privilegios en la jornada laboral, y hemos lactado con nuestros hijos hasta que nos ha dado la gana sin tener que renunciar a nada. Porque sí, madres así somos muchas, la gran mayoría. Las que se manifiestan, luchan activamente por la lactancia materna y organizan tetadas son una minoría, y las que tienen la suerte de no trabajar y poder quedarse en casa a criar a sus hijos, una raya en el agua.

Y ahora, las perlitas del artículo que me han obligado a abrir esta entrada:

Hay realidades sobre las que resulta problemático escribir.

Por supuesto, hay temas delicados que uno sabe de antemano que van a crear polémica, aunque muchas veces depende del enfoque que se le pretenda dar. En este caso, un tratamiento más objetivo de ambos aspectos, la lactancia materna y la artificial, ofreciendo diversos puntos de vista en ambos casos menos radicales, hubiera dado un giro a las tornas. No solo madres atormentadas y esclavizadas, o madres lactantes que pueden serlo porque no trabajan, o trabajan en casa, no limitar el enfoque a la dicotomía «madres pro teta» y «madres anti teta», porque vuelvo a decirlo, la inmensa mayoría nos movemos en campo neutral, y por supuesto no nos sentimos representadas en ninguno de esos dos bandos.

Lactivistas

Creo que hasta hoy no desconocía la existencia de esta denominación, así que he echado mano del google para buscar su significado y no he tardado en encontrarlo…

«El lactivismo es la defensa del derecho del bebé/niño a ser amamantado y de la madre a amamantar, a demanda, en cualquier lugar, sin miradas ni comentarios de desaprobación y hasta que el niño lo desee.»

Soy consciente de la existencia de asociaciones y movimientos pro lactancia a lo largo del ancho mundo y entiendo que a ojos de muchos no sean más que una minoría exaltada, como podría serlo Greenpeace por poner un ejemplo. Pero eso no significa que todos los que aman la naturaleza sean activistas ecologistas, por lo mismo no todas las madres que optan por la lactancia materna son activistas pro teta. Yo solo quiero criar a mi hijo a mi manera sin que nadie interfiera en ello, darle el pecho si quiero sin que nadie me critique, y por supuesto, que nadie me cuelgue etiquetas por el tipo de alimentación que le ofrezco a mi hijo. Basta ya de tantas etiquetas, ¿no? porque, demos teta o biberón somos, ante todo, MADRES, y eso es lo único que debería importar.


Muchas mujeres no se sienten libres a la hora de decidir entre alimentar a sus hijos con leche materna o artificial.

Esto es dicho desde el punto de vista de la madre que se ve presionada para dar el pecho cuando se sentiría liberada por optar por la lactancia artificial.
Pero ¿por qué no hablan de esto mismo aplicado a aquellas mujeres a las que se les presiona continuamente para que dejen la teta, porque no es suficiente? A ver, no es que yo me empeñe en ello, y no se la experiencia de las demás, se la mía… pero es que yo me he sentido un bicho raro, primero por dar la teta, porque he dado con muy pocas mujeres en mi entorno que hayan optado por la lactancia materna, pero además soy un caso único por haberle dado el pecho a mi hijo hasta los 20 meses. Desde que nació Iván he tenido que escuchar cosas como «¿tienes leche»?, «¿no se queda con hambre?», «¿por qué no le das una ayudita?», «¿te coge bien el pecho?», «¿cuándo le meterás los cereales?», «tu hijo mama por vicio», «a estas alturas tu leche ya no le alimenta», «es muy mayor para andar enganchado en la teta»… ¿os parece mucho? pues ejemplos así tengo muchos más vividos en mis propias carnes; muchas veces he dado explicaciones, otras me he mordido la lengua por no ofender, y en general me he sentido bastante molesta por esta intromisión en mi manera de criar a mi hijo, porque la gente se cree con derecho a opiniar sobre tu vida sin importarles si molestan con sus comentarios. Al final he aprendido a hacer oídos sordos y por supuesto, a hacer las cosas como me da la gana sin importarme en absoluto lo que digan los demás.
Por eso esta frase señalada en negrita es una gran verdad, muchas madres que optamos por la lactancia materna también nos hemos sentido presionadas por la decisión que hemos tomado.

Sectores feministas ven en la campaña pro lactancia un obstáculo para la incorporación de la mujer al mercado laboral.

Bueno, esto me parece, en el leguaje coloquial, una trochería como la copa de un pino. Hay que ser realistas, de verdad, y reconocer que por mucho que se haya avanzado en la lucha de los derechos de las mujeres, el propio hecho de ser mujer es un obstáculo para nuestra incorporación al mundo laboral. No hace falta dar el pecho a un hijo para que no te den un puesto de trabajo, no… sólo estar en el rango de edad para ser madre ya es un impedimento para muchas empresas, pues antes de contratar a una mujer que posiblemente se pueda quedar embarazada a lo largo de larelación laboral optan por contratar a un hombre, que por supuesto no les supondrá un problema en este aspecto. Es el mero hecho de ser mujer y no la manera de criar a nuestros hijos lo que nos condiciona a la hora de optar a un puesto de trabajo, no saquemos las cosas de contexto. Por desgracia, las leyes todavía no nos favorecen lo suficiente como para que ser madre sea un chollo, ya que 16 semanas de baja maternal y 1 hora de lactancia al día hasta que el bebé cumpla los 9 meses no da para nada.
Pero puestos a rizar el rizo, voy a lanzar un tema que a las feministas les encantará… ¿por qué debe primar el éxito profesional a la maternidad?, ¿por qué ahora es más importante que la mujer sea integrante activa del mercado laboral antes que madre?, ¿por qué las mujeres no podemos ser felices y sentirnos orgullosas por poder hacer aquello que un hombre jamás podrá hacer, que es gestar un hijo, darlo a luz y alimentarlo con nuestro propio cuerpo? Las feministas deberían sentirse orgullosas de las mujeres que luchan por su derecho a ser madres y a vivir su maternidad en exclusiva; para muchos hombres una mujer embarazada sigue siendo un lastre en la empresa, pero esto es como todo, las mujeres nos atacamos a nosotras mismas hasta en apectos tan fundamentales de nuestra vida.

Elegimos esa imagen porque si hay un mamífero, que es lo que los humanos somos, que se asocie al amamantamiento, es la vaca.

Esto es una excusa, y de las malas, pero mala de verdad. Ya lo dije en mi anterior entrada, las vacas no son vacas porque amamanten a sus crías, sino porque nosotros nos valemos de ellas para obtener un producto que es base de nuestra alimentación. Si vas al supermercado a comprar leche no vas a poder elegir entre leche de cangura, de foca, de coneja o de leona africana, no… con suerte encuentras leche de cabra, pero el 99% de las leches que se comercializan son leche de vaca, al igual que las leches de fórmula adaptadas para bebés lo son a partir de leche de vaca. Entonces, que no confundan conceptos ni tergiversen las cosas para darles la imagen que quieren, no. Y lo vuelvo a decir, a mí no me crían en una granja, ni me ordeñan, ni envasan y comercializan mi leche para amamantar a las crías de otros mamíferos, yo alimento a mi hijo con aquello que el cuerpo me proporciona para ese cometido. Si querían dar la imagen de un animal mamífero que simbolice en amamantamiento pues podían haber optado, por ejemplo, por el canguro, que también amamantan a sus crías y además las portean, como muchas madres hacemos con nuestros hijos gracias a los portabebés.


NEOMACHISMO

Han hecho del amamantamiento la razón de ser de su vida. Por eso han renunciado a casi todo. Son una especie de místicas, de talibanas de la teta. No lo van a reconocer nunca, pero han hecho de ello un martirologio.

Lo de neomachismo me mata, me mata de la risa. Qué ganas de complicar las cosas y llamar a las cosas por otro nombre, con lo sencillo que es todo. Como si la lactancia materna fuera una imposición del hombre a la mujer, como si la mujer decidiera darle el pecho a su hijo porque es su obligación como mujer y madre y no vale para otra cosa. Venga ya, que le vayan a otro con este cuento, yo no me lo creo.
Generalizar así es una incongruencia, ya que aunque haya dos opciones a la hora de alimentar a nuestros hijos bebés, a cada una nos mueve una motivación o un sentimiento y esto no se puede generalizar, aunque haya minorías que muestren una motivación común.
Yo no me he hecho abanderada de nada, una cosa es que recomiende algo que para mí ha sido maravilloso (cosa que todo el mundo hace a diario, se recomiendan películas, restaurantes, actividades y etc… sin que nadie se tenga que sentir observado y criticado por hacerlo) y otra muy diferente es que se convierta en la razón de ser de mi vida. NO, porque no se tiene que ser tan radical, no es necesario. Yo no he renunciado a nada desde que soy madre; cierto es que hay muchas cosas que ya no hago, pero simplemente porque no me apetece, porque ahora tengo otras prioridades, pero no me he visto obligada a renunciar a nada. Sigo saliendo igual o si cabe más que antes, viajando cuando puedo, trabajando, mantengo mis hobbies y mi ocio y mi hijo no ha hecho más que enriquecer mi vida. Trabajo en un comercio, de lunes a sábado, en rotación de turnos semanales, y además muchos fines de semana y fiestas he trabajado con la orquesta, lo que me ha supuesto pasar muchas horas fuera de casa, sobre todo muchas noches. Nada de esto ha interferido en la lactancia de mi hijo, y dicho al contrario, el hecho es que darle el pecho a mi hijo no ha interferido en mi trabajo habitual, ni en mi extra trabajo como cantante de orquesta. Jamás he faltado al trabajo porque mi hijo se haya puesto enfermo. He adaptado mi vida como he podido para que las circunstancias de ser madre y trabajadora sean compatibles en la medida de lo posible, y cierto es que me gustaría pasar más tiempo con mi hijo, pero es más cierto que en casa se necesitan dos sueldos, no me puedo permitir no trabajar.
Por supuesto rechazo el feo término de «talibana de la teta», no sé si alguna se considerará así, yo desde luego no soy pro de nada, simplemente, como no hago más que decir, quiero disfrutar de mis decisiones y de mis elecciones en mi vida y que la gente me deje tranquila. Yo no me meto en la vida de los demás y mucho menos me creo que en derecho de decirles lo que tienen que hacer; y aunque respeto los grupos y asociaciones que luchan por la lactancia materna, que son de gran ayuda para muchas madres, yo sigo con mi vida, no quiero ser mártir de ninguna causa y morir en el intento. La verdad, no tengo ni tiempo ni ganas en la vida de luchar por los demás, yo lucho por mí, y mi manera de luchar por mí es seguir viviendo mi vida tomando mis decisiones y haciendo lo que creo que debo hacer. Punto. Que no me encasillen, que no me etiqueten, que no me generalicen.


Ha de existir una absoluta libertad por parte de las madres a la hora de decidir si dar el pecho o no a sus hijos…

…La libertad, precisamente, de la que hablaba el reportaje La era de las madres vaca.

Eso es lo más importante, debería primar la libertad de la mujer de decidir cómo criar a sus hijos sin que nadie se inmiscuya en este asunto y recibir el apoyo de su entorno familiar, el apoyo del personal sanitario y profesional, sea cual sea su elección. Porque una madre primeriza ya tiene bastante con todo a lo que se enfrenta como para que los demás pongan en duda y critiquen algo tan fundamental como la crianza, la alimentación de su bebé. Porque muchos comienzos de la maternidad hubiesen sido diferentes sin comentarios desafortunados por parte de familiares y amigos, pediatras y médicos. Todo el mundo se cree con derecho a opinar, pero luego se dan media vuelta y se van a sus casa, y quien se queda allí, comida por las dudas y por el sentimiento de culpa por creer estar haciéndolo mal, es la madre. Porque incluso los profesionales (médic@s, enfermer@s, matron@s) deberían ser menos apasionados en sus consideraciones, y si una madre quiere dar el pecho apoyarle, si quiere darle biberón, apoyarle, y si tiene dudas respecto a un tema u otro ayudarle en todo lo posible, sin que idalismos personales prevalezcan sobre la necesidad de esa madre.

Pero no llamemos a las cosas por otro nombre, esa libertad no es la que defienden en el artículo La era de las madres vacas por mucho que ahora quieran hacernos ver que es así. Porque yo soy madre, he disfrutado de 20 meses de lactancia con mi hijo, y no hay ni una sola palabra en ese reportaje con la que me haya sentido mínimamente identificada, sin embargo sí me he sentido ofendida, tanto por sus palabras como por sus imágenes, porque se me está catalogando como algo que no soy por el simple hecho de haber elegido la lactancia materna como crianza para mi hijo.
Cuando llamen a las cosas por su nombre, muestren más opiniones variadas y menos radicales, y reconozcan que ni todo es blanco, ni todo es negro, quizás entonces pueda ver este artículo de otra manera. Hasta entonces, seguiré mostrando mi total desaprobación hacia sus palabras, porque yo mismo puedo demostrar desde mi propia experiencia que hay otra manera de ver y vivir la lactancia materna. Que no se les ocurra llamarme MAMÁ VACA, porque no lo soy.

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