Si no me da un infarto, poco me falta

Y no exagero ni un ápice. Hoy es uno de esos días en los que, si no
me llego a tomar con filosofía lo que me ha pasado, no se cómo hubiera
acabado. Porque ser madre de tres es maravilloso gran parte del tiempo,
pero hay una pequeña parte del día en el que mi ser, mi paciencia y mi
humor son propios de Mr. Hyde.

Venga,
te cuento lo que me ha pasado. Las mañanas en mi casa, como supongo que
en todas las casas donde haya hijos en edad escolar, son de estrés puro
y duro. Y es que tengo que levantar, dar desayuno, vestir y preparar a
dos niños para ir al cole además de atender a un bebé lactante y muy
cagón, todo hay que decirlo. Así que raro es la mañana que no salgo de
casa bufando como un toro de miura, por mucho que intente no perder la paciencia con mis hijos.
Cosa que me joroba bastante porque, además de sentir que se me salta la
vena del cuello, esa mezcla de cabreo, prisa y estrés me deja echa
polvo.

Las mañanas que está papá en casa la cosa va
mejor porque al menos uno prepara colacaos, otro viste niños, uno coge
chaquetones y otro mochilas y bueno, se sobrelleva. Cuando además es mi
santo quien lleva a los niños al colegio el cuento cambia porque
quitarme el estrés de tener que montarlos en el coche y conducir me
alivia más que un spa.

Si pudiera llevarlos andando mi
estrés se reduciría un 80%. Pero aunque están en el mismo colegio, están
en diferentes centros separados por una distancia entre ellos que no se
puede hacer andando -sí se puede, pero es un paseo cuesta arriba de
mínimo media hora- por lo que al de Infantil tenemos que ir en coche. Y
el centro del mayor está cerca de casa pero no lo suficiente para poder
ir andando hasta él y volver a por el coche, perdería mucho tiempo en el
camino. Así que tengo que montarlos a los tres en el coche, parar en el
del mayor, que antes bajábamos los tres y ahora solo se baja él y sube
con el primer compañero que venga de camino, y corriendo irme al otro
centro. Todo esto en una zona de muchísimo tráfico, sin aparcamiento,
con muchos padres que traen a sus hijos en coche, muchos padres que
también van a la carrera de uno a otro centro… un estrés horroroso. Es
el gran inconventiente de este colegio.

Así que e veo todas las mañanas corriendo, arrastrando
niños, mochilas, meriendas, un bebé, algún juguete que se lleva la niña
al cole y por supuesto, siempre, siempre, se me queda algo por detrás.

Hoy
estaba yo sola porque mi santo se ha ido muy temprano así que me ha
tocado lidiar con los niños sin ayuda. Con el agravante de que la
mediana tenía que ir disfrazada al cole y eso supone que arreglarla nos
lleve un poco más de tiempo. Pues da igual que los levante antes, que lo
deje todo preparado y organizado, que marque los tiempos -“a tal hora
os quiero desayunados”, “a las y tanto tenéis que empezar a vestiros”-,
al final acabamos saliendo a la puñetera hora. Y hoy no podía ser
menos.

Era una hora prudente y ya estaba la niña
disfrazada y arreglada, el peque cambiado en el fular, el ascensor
llamado y con la puerta abierta… Y el mayor, ¡ay el mayor!. Pues el
mayor que si ahora no encuentra en abrigo, que se lo pone y me doy
cuenta de que no se ha puesto la chaqueta del chándal, que si se mueve a
paso de tortuga jubilada, que si le doy el paquete de galletas para que
se lo guarde en el bolsillo y se para a abrir la mochila, con toda la
parsimonia del mundo.

Y yo que ya no se si subirme por
las paredes o tirarme por la ventana de la mala leche que me entra por
el cuerpo, porque al final, por más que he intentado y podríamos haber
salido con tiempo, vamos justos y tarde. Y aún me queda montarlos en el
coche, coger un stop y una rotonda eternos y encontrarme a algún/a
capullo/a conduciendo, que de eso tampoco me libro.

Pues
corriendo, bufando, gritando y repitiendo el mismo cántico de todas las
mañanas”hay que ver, todos los días lo mismo, siempre llegamos tarde,
que no puede ser, castigado sin ordenador hasta que aprendas a vestirte a
tu hora…”, cierro la puerta de casa, nos metemos en el ascensor, voy a
sacar el móvil para hacerle una foto a mi niña y…

¡¡¡¡¡MIERDA, EL MÓVIL!!!!, ¡¡¡¡MIERDA, LAS LLAVES!!!!!, ¡¡¡¡MIERDA, EL BOLSO!!!!.

Ni
llaves de casa, ni del coche, ni móvil, ni cartera ni nada. Todo
dentro. Me quiero morir, y no me hecho a llorar porque yo qué se. Y a
ver ahora qué coño hago yo. No puedo entrar en casa, no puedo coger el
coche, no tengo un céntimo encima para ir en autobús.

Visualicé al momento que esto mismo me sucedió hace cuatro años,
con la diferencia de que ahora tengo un hijo más, no trabajo fuera de
casa y al menos llevaba mi abrigo puesto. Por entonces juré que haría
todo lo posible para que no me volviera a pasar y bastante que ha pasado
tanto tiempo desde la vez anterior, hasta me sorprende. No aprendo,
oye.

Volviendo al tema. Al cole del mayor se puede ir
andando pero al de la peque hay que ir al cole, que es un paseo de
cojones y cuesta arriba. Por ser práctica pienso que llevo al mayor y de
camino ya pensaré que hago. Eso lo pienso, de palabra sigo maldiciendo,
soy el puñetero demonio personificado en tri-madre.

Al
salir del portal veo a la charcutera del super donde compro casi a
diario, nos conocemos hace chorrocientos años así que la llamo, le
cuento lo que me ha pasado y le digo que me deje llamar a mi marido
desde su móvil para que venga a buscarme y así al menos puedo llevar a
la niña también. Pero, como suele pasar, mi marido no coge el teléfono.
En su descargo diré que estaba en un examen, pero tenía que intentar esa
solución.

Sigo maldiciendo, le digo a esta chica ” a
ver cómo coño llevo yo a la niña al cole ahora” y me ofrece prestarme
10€ para coger un taxi. La verdad es que me da apuro pero es la única
solución que tengo y agradezco enormemente que haya gente buena cerca en
momentos así. Se los acepto, me llevo al mayor al cole, maldiciendo, me
voy a coger un taxi, maldiciendo, dejo a la niña en el cole
disculpándome con su seño por lo que ha pasado, y ya me planteo el
siguiente paso: ir a casa de mi madre a por la copia de mis llaves para
entrar en mi casa.

Voy andando y cuando llevo ya un
rato me doy cuenta de que algo me cuelga del brazo izquierdo. ¡¡¡MIERDA,
LA MOCHILA!!!. Sí, llevaba la mochila de la niña como si fuera mi
propio bolso. Pienso por un momento ser muy mala madre y no dar vuelta
al cole para llevarle la mochila pero recuerdo que dentro va su
bocadillo, sus galletas y su botella de agua, así que me doy media
vuelta, otra vez. Y ya me voy paseando a casa de mi madre, intentando
relajarme un poco, pensando que no ha sido para tanto, que cosas peores
pueden pasar en la vida y arrepintiéndome de maldecir hasta el infinito y
más allá.

Pero da igual, el sofocón me lo he llevado,
los nervios, el estrés y la pérdida de paciencia han podido conmigo. Y
es algo que, cuando me toca llevarlos al cole, me sucede día sí y día
también, por mucho que intente evitarlo. Pero da igual, si levanto a los
niños antes al final siempre me la acaban liando de alguna manera. No
puedo estar pendiente de que desayunen bien y vestirlos porque el bebé
es imprevisible y si se despierta, quiere teta o se hace caca, él no
quiere ni puede esperar. Y a la niña aún la visto yo porque ella no es
capaz de ponerse bien los leotardos y el pichi, pero el mayor va camino
de los 8 años, sabe vestirse perfectamente y ya tiene edad para hacerlo
solito.

Se que debería tomármelo de otra manera, que si
llegan unos minutos tarde no va a pasar nada, pero es que no quiero que
sea así, no tiene por qué ser así, No tienen por qué llegar tarde y que
si pasa es porque pierde el tiempo sin motivo.

Sí,
todas las mañanas salgo de casa convencida de que me va a dar un
infarto, y es que no puedo sentir más estrés en menos tiempo. Juro que
si tuviera que elegir un tipo de ayuda, sin duda pediría que me llevaran
a los niños al cole, porque es lo peor que llevo de todo este jaleo de
se madre de tres. Descansaré el día que todos estén en el mismo
centro… ¡En el 2021!

9 thoughts on “Si no me da un infarto, poco me falta

  1. Opiniones incorrectas

    Yo me he mudado al lado del colegio. Es infalible.+

    Responder

  2. Alejandra La aventura de mi embarazo

    Si yo vivo al lado del cole, son 2-3 minutos andando… La puñeta es que la niña tiene que ir al otro centro y eso es lo que nos mata. Si estuviera Infantil y Primaria en el mismo lugar, al lado de mi casa, mi vida sería cuasi perfecta jajaja.

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  3. Verónica

    Ay cómo me suenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!! Pero mucho, excepto que tengo un hijo menos.

    Y súmale… Vaaaa, sald ya perezosas que os quedais en el jardín!!!! ( a las perras, que no quieren salir porque prefieren sus camas mulliditas a corretear por el jardín ).

    Si te sirve de consuelo, yo salgo de casa a las 8.30 y llego una hora más tarde, para que te hagas una idea de la distancia que hay a los dos coles…

    Siéntate, piensa en ello y ríete un poco porque al menos, no te dejaste a ninguno de los peques dentro de casa ni en el taxi!!

    Besitos!

    Responder

  4. Piruli

    Los colegios deberían estar en el mismo edificio, a ver si los padres pueden estar en dos sitios a la vez.
    Menuda odisea…

    Responder

  5. Piruli

    Los colegios deberían estar en el mismo edificio, a ver si los padres pueden estar en dos sitios a la vez.
    Menuda odisea…

    Responder

  6. planeandoserpadres LTR

    Yo por eso voy a valorar tanto escoger un cole cerquita, porque estos traumas cada poco yo no estoy dispuesta a vivir estos dramas ni siquiera de vez en cuando. Si yo con una ya estoy medio incapacitada para regir bien por las mañanas…

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  7. Marta García

    Jajajaja, te entiendo.. Pero me he echado unas risas con el relato eh? Y yo quejándome con un sólo peque de 4 años (al que hay que hacerle todo) y el centro a 20-25 min caminando a su ritmo… Y con el marido en casa! Jajsja
    Ahora me levantaré con otras miras 😉
    Suerte!!!

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  8. UnaMadreyTresIndios

    Aquí otra trimadre horrible que todas las mañanas también sale enfadada de casa. Los míos tienen 6, 4 y 1 año. Que mal lo tuviste que pasar pero me he reído un buen rato pensando en cosas que me han pasado parecidas.

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  9. Mi día a día como madre de tres hijos - La aventura de mi embarazo

    […] costumbre para no volver a salir de casa dejándomelo dentro y verme en la calle sin llaves, como me ha pasado varias veces ya-, se visten, superviso, se lavan, los peino, superviso de nuevo, me pongo el fular elástico o la […]

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