Cuatro meses con mi bebé

Mi bebé tiene ya cuatro meses y parece mentira que el parto, sus primeras semanas de vida, ese bebé pequeñito y la sensación de ser indefenso, me parezcan ya lejanas cuando hace tan poco que las he vivido. Es como ver pasar el paisaje desde la ventana de un tren en marcha.

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Sí, parece que fue ayer y ese bebé tierno ahora es un bebé aún más tierno pero la mar de simpático y un poquito gamberrete. Y es que me tiene conquistada con sus ojazos azules y esa sonrisa que me regala cada vez que nos miramos, ¡está para comérselo!. Sí, aquí me ves, babeando por mi tercer bebé cual primeriza recién llegada a esto de la maternidad.

Lo más característico de esta etapa, entre otras cosas, es que con mis dos hijos mayores a estas alturas volvía al trabajo tras las 16 semanas de baja maternal. En esta maternidad las circunstancias son diferentes, de hecho estamos pasando una etapa muy difícil a nivel económico y laboral que lejos de solucionarse parece que no tiene fin, pero lo positivo es que aquí sigo, siendo madre full time y criando a mi bebé. No todo puede ser malo.

Mi chiquitín, lo dicho, para comérselo. Está super espabilado, muy activo, despierto y ávido de conocer su entorno. Pasamos todo el día juntos y eso me permite conocer cada uno de sus momentos, reacciones, llantos, risas, muecas, gorjeos, saber qué necesita y cómo se encuentra. Da poco trabajo, se lo tengo que reconocer, y es un peligro porque con bebés así dan ganas de tener un equipo de fútbol, de hecho por eso estamos como estamos.

Me encanta que es un cantarín. Desde hace ya varias semanas mientras estoy en casa recogiendo, trabajando en el ordenador o estudiando me acompaña su vocecita, sus eoooaaaaeeeeeee y sus ajooooooooos mientras juguetea con su chupete, con la manta, con algún muñequito que le pongo cerca o con el gato. El gato es su juguete favorito, no se para qué le hemos comprado una manta pataditas si ya tiene a Munki para patearlo gustosamente. Y el gato se deja, sí, santo que es.

Hemos pasado el control del niño sano de los 4 meses y las correspondientes vacunas. El primero con sobresaliente, es un niño sano, feliz, bien alimentado, bien desarrollado, ¡de manual!. Las vacunas, como siempre desde que tuve a mi niña se las puse mientras le daba al pecho porque confío plenamente en la tetanalgesia ya que, si no alivia el dolor, al menos está en un lugar seguro y de confianza encuentra consuelo rápidamente.

Tengo un bebé rollizo. ¡Nunca me había pasado! Aunque el mayor nació grandecito, luego se fue regulando y acabó siendo un «percentil 3» por los siglos de los siglos. Mi chiquitín pesa con 4 meses lo mismo que su hermano mayor con 6, es algo que ya me confirmaba el hecho de ponerle con 3 meses la poca ropa talla 6 meses que conservo de su hermano. No se por qué, ya que «en teoría» lo estoy criando igual que al mayor, pero el peque de momento le lleva ventaja. Eso sí, no me preguntes en qué percentil está porque ¡no tengo ni idea!.

No lo peso habitualmente, de hecho es que ni me acuerdo de pesarlo pero ¡no me hace falta!. Lo cojo en peso y a ojo, como los melones, digo «¡éste está bueno!». Puede parecer coña pero es verdad, con mi niña decidí no obsesionarme con el peso, valorar en conjunto y estoy plenamente convencida de que como madres sabemos cuándo nuestro bebé está bien, y cuando no. Y el mío lo canta claramente, esas mejillas carnosas y sonrosadas, esas carnecitas rollizas que me dan ganas de comer a bocaditos, el no estar quietoparao y siempre sonriente, no pueden ser mala señal. No está gordísimo pero está lo que se dice «bien criado».

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La lactancia materna va fantástica, tras las complicaciones iniciales ahora mismo es disfrute total. Mama mucho, aunque espacia bastante las tomas cuando le ofrezco la teta se pone de un ansioso que está hasta gracioso, lo que más me sorprende es lo rapidísimo que mama y siempre, siempre se toma tres a falta de una. Empieza ansioso con una dando grandes tragos, la deja, pasa a la otra, mamá más pausado y tranquilo, y cuando la acaba vuelve a la anterior. Le debe pasar como a su madre, que antes de comer necesito beber agua, y ya luego puedo comer tranquila.

Por la noche es bastante regular, se suele despertar sobre las 4 y las 7 de la madrugada, media hora arriba o abajo, mama de ambos pechos y en cuanto se suelta cae dormido como un tronco de nuevo, y yo con él. La verdad es que a pesar de despertarme no llega a ser incómodo porque una vez acaba me vuelvo a dormir con facilidad, cosa que me sorprende -será porque con los mayores sí pasé por la fase de despertarse en cuando les quitaba la teta de la boca- y agradezco a partes iguales.


El sueño no es un problema. A diferencia de sus hermanos, además, es el único de mis bebés que es capaz de dormirse solo. Con los mayores siempre necesitaban mi presencia o mi contacto cercano, sobre todo la teta, mi peque obviamente si hay teta mejor, pero si no casi se duerme antes solo que conmigo. Conmigo parece que le inquieta saber que tiene la teta ahí tan cerca y no la puede coger. Sin embargo si lo acuesto en su cuna, o en el sofá, él solito canturreando, masajeando la mantita con sus manos como un gatito, se va durmiendo. Incluso hay veces que la única manera de que se duerma es acostándolo en su cuna.

Me desconcierta mucho porque estoy acostumbrada a bebés que necesitan mucho apego, y este no es que no lo necesite, que le encanta estar bien pegado a mi, pero es todo terreno, se adapta a todas las circunstancias.

Lo mejor de todo, sin duda, es la relación y reacción con sus hermanos. Cómo los busca, se alegra cuando los ve pero sobre todo cuándo se nombro a cada uno y ¡los reconoce!. Ellos se están portando como perfectos hermanos mayores y muero de amor cuando el mayor se sienta a su lado y le lee un cuento, o cuando la pequeña le canta una nana. Eso es cagar azúcar en toda regla pero ¡no es para menos!. Le encanta estar con sus hermanos, espero que este sea el comienzo de una bonita amistad.

Está a puntito de cumplir 5 meses -ya sabes que voy con algo de retraso, mea culpa-, y en nada los 6 meses, cuando tocará empezar a probar alimentos, nuevas experiencias, siendo plenamente consciente de que quemamos etapas a la velocidad de la luz y que esto tengo que disfrutarlo a tope, porque ya no vuelve.

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