Visitamos Micropolix, una ciudad solo para niños

El pasado mes de noviembre, aprovechando que viajamos a la capital para dar unas charlas de porteo en la Feria Bebés y Mamás, no quisimos dejar escapar la oportunidad de conocer MICROPOLIX.

Imagen extraída de www.hoyenmadrid.info

Me habían puesto los dientes largas algunas blogueras que ya habían estado allí, y yo, que donde vamos busco actividades nuevas, diferentes y divertidas para niños, tenía en mente poder llevar allí a los peques.

Así que fuimos el mismo viernes que llegamos a Madrid, tras dejar el equipaje en el hotel, sin descansar ni nada, después de haber madrugado y pasar casi 7 horas de viaje. Que no se diga que no nos apuntamos a todos los saraos.

Esta entrada va a ser muy gráfica, he preparado un collage de fotos para ilustrar de la mejor manera posible lo que ha sido la visita, y como fotografié allá por donde pasamos, así no se me escapa nada. Eso sí, fotos del móvil, es lo que hay, la cámara de fotos falleció hace meses y no está la economía para otra, aunque nos apañamos bien con lo que tenemos.

Llegar no nos costó ningún trabajo, metimos las indicaciones en el GPS y, al llegar al destino, MICROPOLIX salta a la vista, por lo que es prácticamente imposible perderse. Lo digo yo, que somos de provincias y reconozco que nos hacemos la picha un lío cuando toca conducir por la capital y alrededores.

Aparcamos sin problemas, se puede decir que en la mismísima puerta, junto a las escaleras de aceso a pie. Nos dirigimos a la taquilla, nos dieron nuestras pulseras identificativas, el pasaporte para Iván y entramos.

Al entrar sorprende lo tremendamente enorme que es y, sobre todo, darte cuenta de que estás en una auténtica ciudad a pequeña escala. Esto ya amplia las expectativas que uno trae puestas, así que nos dirigimos a dar un pequeño paseo de reconcimiento para «bichear» un poco.

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Nos dimos cuenta de que habíamos elegido un buen día para ir ya que no había demasiada afluencia de público y eso nos permitió disfrutar de las activiades sin colas ni esperas.

Echamos de menos un punto de información, pero por suerte en todas las ubicaciones y actividades hay personal para indicar y ofrecer ayuda, chicos y chicas muy agradables y colaboradores. Como nos sentíamos un poco desubicados preguntamos qué podíamos hacer con un niño de 5 años.

Os cuento un poco. Los niños son ciudadanos, al entrar se les entrega un pasaporte y unos billetesEurix– para empezar a divertirse. Hay dos tipo de actividades, aquellas en las que realizas un trabajo y cobras por ello, y aquellas en las que pagas por realizarla, ya que supone aprender o disfrutar de algo. Lo ideal es rentabilizar los Eurix que te dan, e ir trabajando para sumar y así poder disfrutar de aquellas actividades de pago.

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Aquí podéis ver los tipos de ciudadanos que hay y las diferentes actividades a realizar.

En nuestro caso, Iván era un ciudadano del grupo A y Antía, Baby. Para Antía no nos dieron pasaporte, cuando llegamos ella iba dormida en la mochila ergonómica y se debieron pensar que era más pequeñita, solo nos dieron su pulsera. Yo no me di cuenta hasta que ya estábamos dentro, pero no hubo ningún tipo de problema, la dejaron participar allá donde su edad y desarrollo se lo permitían.

Nuestra primera parada fue en la escuela de aviación, aprovechando que no había nadie en ese momento. Solo pudo entrar él pero la chica al cargo se llevó el móvil y le hizo alguna foto dentro de la cabina. La actividad, nada más y nada menos que ¡un simulador de vuelo!.
Si digo que me pareció impresionante, me quedo corta. Aquello era ¡un avión de verdad!, con su cabina de pasajeros, la cabina de los pilotos, ¡solo le faltaba echarse a volar!. No miento si digo que me hubiera encantado probar el simulador de vuelo y disfrutar como una niña.

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Gastados los primeros Eurix, tocaba hacer una actividad remunerada, así que andando llegamos a la oficina de la mensajería y allí asignaron el primer encargo a Iván: llevar un paquete a la ludoteca. Se puso su chaleco de mensajero y le faltó tiempo para ir corriendo a entregar el paquete, a su vuelta tuvo que ir a entregar un sobre al estudio de arquitectura. Una vez realizado su trabajo, anotaron en su cartilla los Eurix ganados por ello.

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Sorprendente la autenticidad del espacio, parecía la oficina de una agencia de transportes real, con paquetes reales, con el uniforme real, con la imagen corporativa, totalmente conseguido.

La siguiente actividad fue la redacción del periódico. Como era muy pequeño para salir a la calle a buscar la noticia le tocó una parte no menos divertida, el diseño gráfico. Y allí se sentó él delante de su pantalla MAC a hacer el diseño de la portada. Que quien dice un MAC dice unos pocos, no se puede decir que en Micropolix escatimen en detalles porque aquello parecía una auténtica redacción de un conocido periódico. 

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El siguiente trabajo fue hacer unas mediciones para el equipo Energías Renovables de Repsol. Aparatito en mano, se fue al centro de reciclaje, donde le dieron las indicaciones para realizar las mediciones pertinentes y recibió una pequeña clase de reciclaje.

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Y mientras, Antía seguía durmiendo a placer en la mochila ergonómica, como no, llamando la atención, para bien. Y es que da gusto ver a un bebé dormido plácidamente sobre su mamá, aunque fuimos en centro de muchas miradas y, como no, hubo quien no pudo evitar acercarse a nosotros ante la ternura que les despertaba nuestra imagen.

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Como habíamos ido al estudio de arquitectura a entregar un sobre, a Iván se le quedaron las ganas de parar allí un rato, así que fue nuestro siguiente objetivo. Se sentó en una enorme mesa de dibujo, aunque debemos reconocer que el dibujo no es su pasión y mucho menos su fuerte, pero le puso ganas. Y es que nunca se había sentado delante de una mesa de dibujo tan grande, con tantas «reglas de formas» como las llamó él.

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Y la chiquitina que por fin se despertó dijo que ella no iba a ser menos, así que se sentó a garabatear y diseñar su propia obra de arte.

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Después de tanto trabajar y acumular Eurix, tocaba disfrutar un poco, y qué mejor que irnos de crucero. Era una actividad marcada por horario, así que mientras esperábamos que nos tocara entrar, Papá se fue con Antía a jugar un rato en la ludoteca.
Como tuvimos suerte de llegar en un momento que no había más gente esperando, llamamos a Papá y pudimos entrar todos y disfrutar con el simulador de navegación de aquel pedazo de bicho. Yo que me había quedado con las ganas de visitar el puente de mando del crucero en nuestra luna de miel, ya puedo decir que por fin se cómo es por dentro. Nos pusimos unas gafas 3D y fue super divertido, pero el que más disfruto obviamente fue el Capitán Iván; aunque, reconozcámoslo, menos mal que era una simulación, si no me da que acabábamos como el Costa Concordia, si es que no es nada fácil manejar semejante buque.

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Nos habíamos recorrido casi toda la planta de arriba, a falta de la Policía -a Iván no le llaman las fuerzas y cuerpos de seguridad- y alguna que otra actividad, estaba impaciente por conocer la planta baja, así que nos dirigimos a buscar el plató de tv para poder trabajar en lo mismo que Papá – es operador de cámara -. Pero era una actividad por grupos así que tuvimos que esperar a que acabara el programa que estaban grabando en ese momento, y mientras buscamos otras actividades.

Pasamos por el estudio de radio pero no le llamó mucho la atención, pasamos por la disco pero no teía ganas de bailar en ese momento, sin embargo no pudo evitar entrar en la sala de ensayo y tocar todos los instrumentos que había. Le gustó especialmente la batería, casi lo tengo que arrancar del asiento porque no quería dejarla, ¿nos querrá decir algo sutilmente?.

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Volvimos al plató de tv y seguía ocupado, pensamos que porque habría entrado otro grupo mientras Iván ensayaba, así que lo animamos a trabajar de modelo en la «Pasarela de la Historia». Qué voy a decir, fue divertidísimo, yo pensaba que harían una pasarela de moda al uso pero no sabía que era de trajes de época, y cuando vi a mis pequeños cavernícolas casi se me saltan las lágrimas de la risa. Y ellos encantados de vestir pieles y dar garrotazos a placer. Apréciese el parecido razonable de mi pequeña cavernícola con Pebbles, solo le faltaba el hueso en la cabeza.

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La siguiente parada fue en el Hospital General -el plató de tv seguía ocupado- que tiene dos actividades: una es aprender, por la que tenían que pagar, y una vez superada podrían trabajar en la consulta. Y para aprender, enseñaron a los futuros médicos a bañar a los más pequeños del hospital, los bebés. Como Antía tampoco se lo quería perder allí que la dejaron pasar con su hermano, y ella, que despierta el instinto maternal en las más pequeñas, no le faltó ayuda de dos niñitas que se lo pasaron de maravilla poniéndole fácil la tarea.

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Y por fin nos fuimos al plató de televisión. Plató de verdad, lo dice una que ya ha visto unos pocos, y lo dice papá, que ha trabajado muchos años en ellos. La actividad era grupal y, una vez dentro, se repartían los papeles: presentadores, concursantes, operadores de cámara, regidor y público. El más aburrido era el papel de público, como no, pero Iván tuvo suerte y fue elegido para ser regidor. Desempeñó su función a la perfección, animando al público a aplaudir o invitando al silencio cuando correspondía, mientras su hermana y nosotros lo observábamos desde la grada, como público entregado.

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Salimos de allí y como el currante acumulaba una buena suma de billetes, decidieron gastarlo en algo de ocio. Así que se fueron al minicircuito a montar en moto y !qué bien se lo pasaron!. Porque Antía es pequeña, pero ella no quiere perderse nada, cualquiera le decía que no se podía subir a moto, y su hermano había sumado Eurix suficientes para ambos. Así que con el casco que parecía la Hormiga Atómica, se dieron unas pocas de vueltas, algún choque y algo de conducción temeraria, por qué no decirlo…

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Ahora tocaba disfrutar de la segunda parte del Hospital General: trabajar en la consulta. Nosotros pudimos verlos desde la cristalera, dos mini doctores con esas batas más grandes que ellos -le sugerí a una de las monitoras que le recogiera la bata a la niña haciéndole un nudo para no arrastrarla- y se lo pasaron pipa tocando el esqueleto, viendo los músculos, aprendiendo a auscultarse mutuamente, fue en la actividad que más tiempo pasaron y doy fe de que fue la mar de entretenido porque no paraban de reir.

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Ya se nos había pasado la tarde y quedaba poco tiempo para el cierre, así que en el último apurón Iván decidió entrar a trabajar en el Supermercado, y como su hermana quiere estar donde está él, pues allá que se fueron, a reponer lineales y preparar pedidos para clientes. A Iván poco le faltó para traerse una pata de jamón a casa, no sabe nada. 

En esta ocasión les pagaron a ambos anotándolo todo en el pasaporte de Iván, y ya con la última recaudación, nos fuimos al Banco a ingresar los Eurix ya que se pueden guardar y usarlos si volvemos en otra ocasión. Que volveremos, seguro. Con las prisas de la hora de cierre apremiando, no pudimos hacer más fotos.

Al final, pese a que gastó en lo que quiso, fue responsable y sabía que para tener más dinero tenía que trabajar… Entró con 50 Eurix, gastó en varias actividades incluídas algunas de su hermana, y salió con un positivo de 190 Eurix. Algo así quiero yo en la vida real, ¡qué fácil parece!.

Y después de pasar una tarde de no parar ni un segundo, tocaba cenar algo rápido e irnos a descansar al hotel, un descanso bien merecido

Tras nuestra visita puedo decir que vale mucho la pena que los niños disfruten de la experiencia de MICROPOLIX. Son actividades educativas, entretenidas, un lugar hecho por y para ellos en los que se divierten trabajando y aprendiendo, juegan a ser mayores y a entender el valor del esfuerzo y la recompensa por el trabajo bien hecho.

Si estáis en Madrid o viajais a Madrid, es algo que no os podéis perder seguro, es una oportunidad excelente para que los niños disfruten de una experiencia única.

Los niños disfrutan a tope. Los padres… acompañamos, ¡no nos queda otra! Cuando los niños son mayores es más fácil porque los puedes dejar a su aire y tomarte algo en la cafetería o pasear con tranquilidad, pero cuando son pequeños como los nuestros toca patear detrás, y doy fe de que salimos más cansados que ellos. Y muerta de frío, eso sí, le pongo una falta a la calefacción y menos mal que los niños no paran y van corriendo a todas partes, pero yo llegué un momento en el que, chaquetón abrochado y pañuelo al cuello, lo pasé realmente mal con el frío que me entró en el cuerpo.

Y hasta aquí nuestra crónica de MICROPOLIX. Solo puedo decir que nos ha encantado estar allí, que Iván está deseando volver, que nos quedaron muchísimas actividades por realizar pero sin dudas nos han quedado ganas de repetir.

4 thoughts on “Visitamos Micropolix, una ciudad solo para niños

  1. Entre rosas y azules

    Que chulada!!! vivo en Madrid y no nos habíamos planteado visitar nunca Micropolix, pero viendo como os lo habeis pasado vosotros y las fotos seguro que a mi peque el mayor le encanta!! tenemos que ir!!!

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    1. Alejandra La aventura de mi embarazo

      Pues te aconsejo ir porque los niños se lo pasan pipa 🙂

      Responder

  2. Mo

    Yo hice un sorteo con Micropolix en el blog y me quedé con las ganas de visitarlo! A ver si es posible antes de que Peque vaya a la Universidad, jajajajaja…
    Muas!

    Responder

    1. Alejandra La aventura de mi embarazo

      Mujer de poca fe, ocasión habrá, ni que fuera Disneyland jajaja, si he ido yo que vivo en el culo del mapa 🙂

      Responder

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