15 meses: De bebé a niña

Ayer cumplió mi chiquitina 15 meses y cada día que pasa compruebo que es menos bebé y más niña. Y es que está creciendo a un ritmo vertiginoso no solo por el tiempo que va cumpliendo, sino por lo que aprende y por las cosas que quiere intentar hacer por ella sola.
Tener la experiencia previa de un hijo mayor te hacer ver la evolución de tu segundo hijo de otra manera, más relajada, sin ganas de que todo ocurra deprisa y corriendo y casi dando los avances por cosa hecha. Pero si bien me creía que ya sabía lo que nos esperaba, no hago más que sorprenderme con cada avance que nos muestra, con lo espabilada que está y lo mucho que sabe.
Parece que quiere crecer más rápido de lo que le corresponde e intenta hacer cosas para las que todavía, creo, es muy pequeña. Pero ¡ah!, es una cojonuda de narices – cojonuda = tener muchos cojones = un carácter de cuidado – y como no le dejemos hacer lo que quiera, no lo consiga o no le salga menudo berrinche que se pilla, no se deja amilanar por nada.
Tiene un piquito de oro. No no habla nada la tía, con lo del piquito me refiero a que come que da gusto, lo prueba todo incluso antes de ofrecérselo – ¿que te ve comiendo? pues ahí que viene ella con su boquita abierta, señalando con el dedo índice lo que te vas a comer y diciendo mientras abre la boca «ammmmm ammmmmm ammmmmm»; si me despisto lo mismo antes de que me lleve el tenedor a la boca ha interceptado ella el bocado. Pide como si fuera un perrillo a los pies de la mesa, pide como si fuera una famélica a la que no alimentamos; y claro, como está tan canija, bien se podría pensar que es así pero no, alimentada está, y muy bien por cierto, pero el puro nervio que tiene en el cuerpecín se lo debe quemar todo.

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No le basta con querer probarlo todo, no -que no me quejo porque da gusto verla abrir la boca-. No le basta con comer sólido, no -que no me quejo, da gusto ver que quiere comida de verdad y no purés que parecen siempre lo mismo, tiempo que me ahorro haciendo solo una comida para todos-. Ella quiere comer, pero comer sola, que nadie se lo de; si nos ve comiendo pide y se acerca, pero si le vamos a dar la comida en plan «venga, mi niña sentadita en la trona que es la hora de comer» no hay manera, en primer lugar porque cualquiera la sienta en la trona con lo bien que está ella sentada igual que los mayores, y en segundo lugar porque si los mayores -incluido su hermano Iván- comemos solos, ella también. Así que cierra la boca herméticamente, como si echara la cremallera y se enfurruña toda, no hay manera; si la dejamos coge el tenedor o la cuchara según toque, pincha o llena según toque, y a la boca. ¡Qué bien que la niña come sola con lo pequeña que es! pues no, porque una cosa es que sepa lo que tiene que hacer y otra muy diferente es que lo haga; y si bien pincha-carga y se lo lleva a la boca, normalmente la comida se queda en el camino, o bien por falta de fuerza a la hora de pinchar, o porque todavía no entiende que hay que mantener la cuchara hacia arriba para que no caiga la comida, le da la vuelta y comida al suelo. La cuchara a la boca llega, pero vacía, y el suelo parece un estercolero. Menos mal que hace tiempo que me di cuenta de que no vale la pena pasar la aspiradora antes de comer y ya me reservo para después. 
Ayer vivimos un momento de los divertidos. A la hora de la cena le digo a Papá que prepare unas hamburguesas, yo las acababa de comprar en el super (hamburguesas de pollo caseras y riquísimas) y además me había dado por comprar el pan especial, ese que en cuanto le das un bocado se desintegra en tus manos. «¿Le hago una a la niña?», «No que la carne de la hamburguesa le va a costar masticarla». Pues ahí que viene Papá con las tres hamburguesas, con su huevo y su queso, allá que Antía las sigue con la mirada, Papá las reparte como corresponde y Antía suelta un «¿¿¿¿abaaaaaaaaaa?????» ojioplática, en lo que viene a ser un «¿¿¿¿Y LA MÍA DÓNDE ESTÁ????». ¿Y qué hizo? aprovechar que su hermano tenía la hamburguesa medio de lado agarrada de la mano, embobado con los dibujitos, y pegarle un bocado de león zampándose una cebra. Suerte que Iván tenía más sueño que hambre, dejó media hamburguesa medio desintegrada que, of course, se zampó Antía. 
Y hoy se ha comido un plato de tallarines a la carbonara con su cebollita, sus champiñones, su beicon, así, tal cual, sin triturar, sorbiendo los tallarines que se le salían de la boca con una fuerza sorprendente. Y se come la pizza a bocados, agarrando bien fuerte la porción individual con sus manitas, no se le escapa ni un trocito de queso colgón, menuda es ella.
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Pero no le gusta todo, un ejemplo son las lentejas. En cuanto nota el tacto de su piel en la lengua las echa tal cual entraron, y pellejito que se queda dentro, pellejito que se saca con sus deditos de princesa. Así que yo no la voy a obligar a comerlas porque no hay sensación más desagradable que la de que te obliguen a comer algo que no te gusta, y no se va a morir por no comer lentejas. Ya le gustarán, y si nunca le llegan a gustar no pasa nada; yo no comí tomates hasta casi los 20 años del asquito que me daba su tacto en la boca, y la sandía y el melón entraron en mi vida con 25 tacos ya, y estoy sana, salva y bien alimentada.
Hablando de sorber tallarines, gracias a la técnica perfeccionada ha aprendido a beber con cañita – pajita – así que cuando Iván está desayunando su colacao o tomándose un batido, a Antía le falta tiempo para pillarlo despistao y darle un chupetón a la cañita. Y le gusta, vaya si le gusta, tanto que me planteo ya dejar las papillas y pasar al tradicional desayuno del colacao con galletas. Que quien dice galletas dice una tostada, una magdalena o un trozo de bizcocho, todo le vale, si no que se lo digan a mi madre que ayer nos zampamos entre las dos (Antía y una servidora) medio bizcocho y hoy media bolsa de magdalenas, yo intercalando con sorbitos de café, ella con chupetones a la teta. Cada uno se toma el desayuno como quiere.
Con esto he comprobado que dándole los alimentos tal cual hay que ver lo rápido que aprenden técnicas que parecen imposibles a su edad; y pese a que nosotros no hemos introducido la alimentación complementaria dando la comida tal cual como en el método Baby Led Weaning, sí nos hemos adaptado a lo que ella ha ido demandado, y el resultado en mi opinión ha sido excelente. Iván también demandó comer sólido muy prontito, recuerdo que recién cumplido el año se comía sus buenos platitos de paella. Esto supone para mi la gran ventaja de hacer una sola comida para todos y no tener que pararme a triturar nada; pero el inconveniente de que un puré se come en un plis y la masticación de un bebé con solo dos dientes enteros y otros dos a medio salir se hace eterna. Para mí lo que más a prueba pone a un ser humano es dar de comer a un bebé. Y no me digáis que no. Eso sí, hay que tener muy claro que todo lo bien que coma ahora no garantiza que vaya a ser siempre así, que me se de uno que se comía las jodías verdes y el brócoli a placer y ahora no hay quien se lo de.
Me resulta muy curioso las ganas de autonomía que tiene para todo, cuando le pongo o le quito la ropa ella va disponiendo brazos, cabeza y piernas como corresponde para ayudarme; intenta ponerse los zapatos sola aunque no llega a atinar, incluso se enfada por no lograrlo, se acomoda perfectamente en la mochila ergonómica, en la silla del coche, si hablara estoy segura de que diría «¡yo solita!».
Otra cosa que me sorprende es que coge el lápiz para escribir. Supongo que quiere imitar a su hermano, pero es curioso que va flechada a por todo aquello que tenga apariencia de servir para escribir, pero no lo agarra cerrando el puño como sería lo lógico sino que lo coge con las yemas de los dedos, muy bien para lo pequeña que es y ¡hala, a garabatear!. Le encanta un juguete que tiene Iván que es una tableta con teclado y pantalla magnética, como el boli está amarrado a la tableta con una cuerdecilla no se pierde, y se sienta tan tranquila a hacer garabatos en la pantalla. Está genial porque con las pizarras magnéticas hemos perdido un montón de bolis y además suelen ser muy finos por lo que le resulta más difícil cogerlo, este boli es gordito y más sencillo de agarrar y escribir. 
Otra cosa sorprendente, ¡toca la flauta!, tenemos la típica flauta colegial – sí, mi madre tuvo la genial idea de darle la flauta de mi hermano a Iván, para deleite de nuestros sufridos oídos-, y ella, después de ver en su hermano cómo funcionaba ese trasto, le faltó tiempo para metérsela en la boca y soplar. Y no le costó nada, al principio le solió un sonido débil, como por casualidad, miró la flauta, nos miró, se la volvió a meter en la boca y a soplar otra vez. Digo yo que porqueno le llegan los dedos a los agujeros que si no… ¡Apunta maneras esta niña!
 De dientes vamos bien, tiene los dos incisivos centrales inferiores enteros fuera y los superiores (o sea, las paletas) casi casi fuera, y casi rompiendo los incisivos laterales y colmillos superiores (abajo parece que se fuera a quedar solo con dos dientecines). Al igual que el hermano – de las pocas cosas en las que se parecen – las paletas le están saliendo separadas, en plan Bob Esponja, y está super graciosa. Eso sí, para verle los dientes hay que aprovechar cuando abre la boca porque si le digo «¿a ver los dientes?» echa la cremallera y no hay manera. Por no decir que no he tenido narices a hacerle una foto a sus dientecines, es ver la cámara y cerrar la boca otra vez.
Esa es mi pena, que entre que tengo menos tiempo y que cuando aprovecho no se deja, estoy haciéndole poquísimas fotos. Estoy harta de escuchar que los segundos hijos siempre tienen menos fotos y yo no quiero que eso pase, pero hoy por hoy es una realidad y me da un coraje tremendo. Y no será por no llevar la cámara a mano, pero antes éramos dos para uno por lo que uno podía agarrar a la criatura y el otro disparar, y ahora somos uno para cada uno y cuesta, cuesta. Pero no dejamos de intentar retratar todos los momentos que podemos…
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Seguimos teteando felices y contentas, seguimos porteando felices y contentas, ahora más que viene el frío y lluvia y se apetece ir pegaditas, dándonos calorcito mutuo. En verano, con las calores íbamos más en la silla y con la bandolera a todas partes, pero ahora la silla es más bien poco práctica y me apaño mejor con mi mochila ergonómica Tula Baby Carrier, que además me encanta por cómoda y por el diseño tan colorido y alegre que tiene. Seguimos siendo el centro de atención allá por donde vamos, aunque es una atención buena porque nos topamos con miradas tiernas y sonrientes, sobre todo cuando duerme plácidamente. Adoro llevarla conmigo sobre todo porque adoro besarla sin parar, quien nos ve por la calle no me extraña que se enternezca porque le hablo y la beso así, sin obstáculos.

Sigo queriendo que se detenga el tiempo, que no crezca, que sea un bebé un poquito más. No quiero pensar que alguna vez dejaremos la lactancia materna que tan unidas nos tiene, que alguna vez dejaremos de portear y sentirnos tan cerca, no quiero pensar que seguramente sea la última vez que críe a mi bebé. No quiero pensar. Así que me dedicaré a seguir disfrutando de estos pequeños e irrepetibles momentos todo lo que pueda.

6 thoughts on “15 meses: De bebé a niña

  1. Rocío

    Te comprendo perféctamente. Mi niña tiene 17 meses y la verdad es que está creciendo tan rápido que a veces no me creo que sea mi bebé. Besitos

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  2. Gloria

    Tu tienes la experiencia de otro hijo mayor y ahora disfrutas del crecimiento de Antía… pero es que yo no se dónde se han metido mis bebes!! mis niñas tienen 3 años y las veo crecer tan rápido que me da vértigo…..

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  3. Suu

    Cómo pasan los meses de rápido. Mi hijo tiene 19 meses y para mí, hasta que no nazca mi Pizquita, me parece mi bebé, hasta a mi Bichito la llamo bebé!!! Jajajajajajaja.

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  4. porfinyomisma

    jajjaja ¡¡cómo me recuerad a mi segundo!! Agárrtae los machos!!

    Felices 15 mese para la princesa de la casa!!
    Besotes.

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  5. Sofia

    el tiempo pasa tan tan rápido… ainsss.
    por suerte sé q ambas intentamos disfrutar cada instante q tenemos libre para estar 100×100 con ellos 🙂

    me encanta leer lo mayorcita q está ya, lo espabilada, lo activa.
    esos malos humos a veces cuando no consigue lo q quiere me suenan jejejejeje.

    lo de la comida es un placer, y me encanta ver como comen así de bien.

    sigue disfrutando a Antía, la tela, los paseos, las mochilas, los besos y achuchones cada instante, q son hermosos.

    besos

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  6. Las camisetas de mami

    La verdad es que el tiempo pasa muy rápido. Cuando te quieras dar cuenta ya está hablando.

    A mí me pasa como a Gloria mi hija pequeña tiene 3 años ¿dónde está mi bebe? Menos mal que tengo un sobrino que acaba de cumplir dos…

    La verdad es que está muy rica. Ya me gustaría a mí que Carla comiese así porque no hay manera (y lo hemos probado todo…) Los que son malos comedores lo son siempre, no?

    ¡Pues nada, a disfrutar de tus niños que esto se pasa volaaaando!

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