17 meses con mi Princesita

Qué vértigo, los meses suman y siguen, mi niña crece, mi bebé ya no es tan bebé, y yo disfruto de ella cada día con la mayor felicidad del mundo pero con la nostalgia de saber que estamos dejando atrás una etapa única.
Aunque no puedo negar que ahora es cuando realmente la estamos disfrutando de verdad. El hecho de que vaya aprendiendo, haciendo cosas por ella sola, que tenga sus propias ideas y ocurrencias hace que cada día sea una novedad. ¡Y no dejamos de reírnos y disfrutar de lo lindo!.
Y es que es una niña muy simpática, graciosa, ocurrente, payasa, traviesa, testaruda, y como me gusta decirle «cojonuda» – dícese de «tenerlos bien puestos» -. No ingenia nada bueno, es una niña muy lista y sabe engatusarnos; hace las cosas que sabe que no debe hacer con esa mirada de reojo de»¿ves? lo estoy haciendo», con cara de victoria cuando lo ejecuta, esperando nuestra reacción. A veces corre y sale huyendo, otras finaliza con un «taaaaaa» y otras, cuando ya le decimos «NO NO NO NO NOOOOOOOO» hace su puchero que consiste en mirada de Gato con Botas, labio temblón, lagrimita y llanto dramático. Todo un despliegue actoral digno de ver, de verdad, no he visto puchero más simpático en mi vida.
Juega mucho, muchísimo, más que el hermano que nunca ha sido un niño muy jugón. Y a ella le vale todo, lo mismo está en su parque con sus muñecos, que la ves empujando un coche mientras dice «brrrrrrruuummmmm brrrruuuuuummmmmm», que se pone a jugar a los trenes o a las construcciones con su hermano. Le encantan en general todos los juguetes de su hermano, cada vez que entra en su habitación debe sentirse como en el paraíso por su cara de alucine, abre cajones, saca juguetes y se puede pasar allí todo el tiempo del mundo. Además se ve que le va el mundo del motor, porque además de empujar coches le gustan mucho los teledirigidos (Iván tiene varios de primera edad, sencillos de manejar); y le encanta todo lo que lleve ruedas sea correpasillos, bici, patinete, moto, tanto que pese a que no solo roza el suelo con las puntas de los pies se maneja de maravilla en la moto de su hermano.
Desde luego es una gozada verla jugar, me sorprende cómo juega y se entretiene sola con cualquier solita, muchas veces notamos que no está haciendo ruido y la vemos entretenida llevando los trenes por las vías, haciendo construcciones, apilando cajas, es muy imaginativa y le saca partido a cualquier objeto.
Aunque nada como el mando de la tv o en móvil, ¿Qué tendrán los objetos electrónicos que tanto les gustan?, es obsesión, como vea mi móvil a su alcance le falta tiempo para robármelo y salir corriendo. Lo coge perfectamente, abre la solapa de la funda, con su dedito intenta desbloquear la pantalla, se lo pone en la oreja y entonces dice «¿allaaaaaa?», con una cara radiante de alegría.
Es Spider Woman, le gusta subirse a todo lo que pueda, sin miedo, cuanto más alto mejor, y yo sufro cosa mala cuando la veo porque lo mismo me la encuentro en lo alto de la cpu, sobre el wc o bailando en la mesa de centro. Y no hay altura que se le resista, si quiere llegar a algún lugar que parece inalcanzable se busca las habichuelas como puede, bien apilando lo que encuentre a mano (cajas, juguetes grandes) o arrastrando el taburete o la silla hasta que logra su objetivo. ¿Consecuencia? Algún que otro coscorrón y las ventanas bien cerradas, que vivimos en un 9º. Nada cerca de las ventanas que ya nos conocemos, Iván nunca se ha acercado pero de esta no me fío nada.
También estamos en el simpático momento de tener absoluta obsesión con ponerse nuestros zapatos, muy especialmente con las botas de  Iván que se coloca con absoluta precisión – normalmente con los pies intercambiados – y va andando por casa que parece el Capitán Pescanova.
Con el hermano tiene una relación increíble, se tienen absoluta adoración, ella lo busca constantemente para jugar y él presume orgulloso de hermana allá donde va. Pero también tienen lo suyo, cosa que coge Antía Iván se la quita, ella llora y patalea, se la devuelve, la coge en brazos como un saco, la arrolla, se tira encima de ella… ¿Y creéis que ella se queja? A veces sí, cuando le hace un placaje que no la deja ni moverse obviamente protesta lo suyo, pero luego es muy graciosa ver cuando Iván se queda dormido como ella se le tira encima, lo pellizca, le tira de las orejas, le mete los dedos en la nariz, con lo que acabamos por decir… ¡Si son tal para cual!.
Una delicia verla crecer, sí señor. Ella disfruta de lo lindo, le gusta enseñarnos lo que hace, interactuar con nosotros, se siente orgullosa de sus pequeños logros y cada día descubrimos algo nuevo en ella. Por eso quisiera que el tiempo se congele un poquito y esta etapa dure un poquito más…

4 thoughts on “17 meses con mi Princesita

  1. adormir

    Me ha encantado el relato!! Da penita por un lado verles crecer y verles cada dia más independientes y por otro alegria de verles crecer felices y aprendiendo cosas nuevas cada dia.
    Me ha hecho mucha gracia la parte en que hablas sobre la relacion entre los hermanos. Yo tengo ahora a la niña con dos añitos y estamos planteando la posibilidad de darle un hermanito y relatos como este son los que me animan realmente.
    Por un lado quiero y por el otro me da mucha pereza!! Jeje!!

    Un abrazo

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  2. Annie74

    Que relacion mas linda tienen los dos.
    Como crecen de rapido, si que da vertigo sii.

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  3. Opiniones incorrectas

    ¡Qué entrada más chuli! Es estupendo que se quieran tanto 🙂

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  4. Sofia

    crece por momentos !!!!
    y aunq es una ricura ver como descubren las cosas se echa de menos notar q pierden el bebé q hay dentro.

    tienes una princesita de ojos muy expresivos en casa (y un Rey jejeje).

    besos y disfruta las fiestas

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