Había una vez… un circo

Hoy era el primer domingo que no nos íbamos a comer a la casa de la playa del abuelito. El verano llega a su fin, el abuelo se vuelve a casa y nosotros vamos dejando las costumbres veraniegas para volver a nuestra rutina habitual. Así que hoy no teníamos plan…
Pero como estos días está el circo aquí, al final llamé a una amiga, mami de la mejor amiga de Iván para ver qué plan tenía ella, y le propuse llevar a los peques al circo. Nosotros nos fuimos a comer en familia (en familia de cuatro, es decir, Papá, Mamá, Iván y Antía) y las amiguitas se nos unieron a la hora del circo. Además era la ocasión ideal para compartir una actividad con Iván, los dos solitos por primera vez desde que nació Antía, que se fue a casa con Papá.
He de decir que, personalmente, el circo no es algo que me emocione, de hecho si por mí fuera no pagaría un céntimo. Pero por Iván sí lo hago si creo que puede merecer la pena, y en esta ocasión parecía que lo valía, pues era el circo de Rody Aragón, en homenaje a Fofó. A Iván le encantan las canciones de los Payasos de la tele, da igual que le ponga el dvd de Miliki o los vídeos de los programas de los años 70 en blanco y negro, se sabe todas las canciones y baila como un descosido. Así que era una buena ocasión para pasar una tarde divertida y entretenida.
Iván se lo pasó genial, cuando entramos en la carpa sonaba de fondo en un bucle sin fin el famoso «Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón…» y en cuanto nos acomodamos en nuestras sillas se arrancó a cantar y a bailar sin parar. La primera parte fue de actuaciones de artistas acróbatas, equilibristas, payasos y números de telas aéreas. Iván no perdía detalle, no dejaba de aplaudir y me decía «mira Mamá, ¿te gusta?, ¡a mí me gusta mucho!». No se estaba quieto en la silla, no dejaba de parlotear y gritar emocionado, y hasta le dio la mano a un payaso en una de las varias veces que tuvimos que salir a hacer pipí. 
Hubo un detalle la mar de gracioso, una pareja de equilibristas en pleno número hacían un ejercicio muy difícil e Iván, muy dramático él, se tapa los ojos con la mano y dice «¡no puedo mirar, no puedo mirar!»; lo hacía de broma, pero menuda interpretación digna de Goya, no podía dejar de reírme, ¡qué actorazo tengo!. 
La segunda parte fue monopolizada por Rody, haciendo un homenaje a su padre Fofó, recordando sus canciones favoritas. Ahí fue cuando mejor se lo pasaron los niños, y los padres, porque escuchar las canciones que alegraron nuestra infancia despierta ese niño que llevamos dentro. Susanita, Dale Ramón, Mi familia (si toco la trompeta…), La gallina Turuleta, Don Pepito y Don José, El auto de Papá, El barquito de cáscara de Nuez, La familia unida, allí nos hartamos de cantar, bailar y aplaudir . 
Iván por no variar dio la nota una vez más. Hicieron un juego con los niños, sacaron a 5 niños y 5 niñas a la pista para luego hacer una especie de concurso de baile por parejas. Iván se fue allí sin que nadie le dijera nadie, y una de las asistentas lo echó atrás porque decía que era muy pequeño, pero Iván se coló y se plantó en medio de la pista. Rody iba preguntando a las niñas, que estaban a un lado de la pista, su nombre y su edad, y yo venga cámara en mano buscando la ubicación ideal para la foto perfecta. 
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Iván no paraba de moverse, parecía que tenía  hormigas en el culo, así que después de dar la vuelta a la pista volví a mi sitio y ví que Iván me buscaba y me decía algo. Yo no lo escuchaba por culpa de la música, así que me acerqué a la pista y consigo escucharle decir «¡Mamá, pipíiiiiiiiiiiii!» y justo cuando voy a estirar los brazos para cogerlo se hace pis encima. ¡NO ME LO PUEDO CREER! El baile de San Vito y las hormigas en el culo eran ganas de hacer pis, y cuando me acerqué a él ya era tarde. Lo cogí corriendo y me lo llevé a la silla… Y él como si nada… 
– «Iván, te has hecho pipí encima, ¿y ahora qué hacemos?»
– «Mamá, me cambias la ropa», me lo dice con toda la tranquilidad del mundo. 
Menos mal que soy prevenida y tenía una muda completa, le quité los pantalones, calzoncillos y zapatos, lo limpié con toallitas y le puse la ropa limpia. 
Mientras tanto ya habían llamado a otro niño y ya no podía ir a la pista. 
«Mamá, ¡quiero ir allí!»,
– «No cariño, tú te has hecho pipí, te has tenido que salir y ahora ha entrado otro niño por tí»
Carita de no me acabas de convencer. Pero casualmente en ese momento Rody le pregunta a un niño cómo se llama y le contesta «no quiero estar aquí», y aunque Rody intenta que se quede el niño le da la espalda y se va con sus padres. Así que pide la ayuda de otro niño, y allá que fue raudo y veloz Iván. Le preguntó su nombre, contestó alto y claro, y le emparejó con una niña pequeña como él. Waka Waka y ¡a bailar!, la pareja que mejor bailara se llevaría un premio, y todavía no había empezado a sonar la música que Iván ya estaba meneando las caderas. Fue el único que bailó, movía el culo con una gracia y un salero inimitable, y cuando llegó el momento de elegir se llevó todos los aplausos del público. Rody lo nombró el campeón y le enseñó a hacer una reverencia de agradecimiento que Iván imitó con mucha gracia, y luego le chocó las cinco, como si todo aquello fuera lo mas normal del mundo. 
Y Rody le dio el premio, una foto suya prometiendo firmarla a la salida. GUAU.
Sí, definitivamente Iván disfrutó muchísimo, se lo pasó pipa y no para de hablar del circo, de los payasos y de que es un campeón bailando.
Ahora os lo cuento como espectadora y no como madre. El circo no vale la pena, como decía al principio, o no al menos si lo comparo al recuerdo que tengo en mi infancia. A lo mejor en mi infancia era igual de cutre pero la ilusión hacía que no me diera cuenta, pero desde luego mi recuerdo no tiene nada que ver con lo que veo ahora. El circo es pequeño, la pista a ras de suelo, entre la grada superior y la pista hay apenas 10 metros de longitud, vamos, que parece el circo de la pulga de la película Bichos.
El precio de la entrada es de risa irónica, para adultos la más barata 13€ en grada lateral y la más cara 30€ en el palco. El palco es una zona a pie de pista con dos hileras de 5 sillas cada una. La zona entre las gradas y el palco son las sillas, que cuestan 20€, estés en el centro o en el lateral, y el precio intermedio son las gradas centrales, 18€. El caso es que se ve prácticamente igual desde cualquier sitio, y el que paga 30€ por estar a pie de pista paga por estar a escaso metros del que paga 13€ en una grada. 
Yo pagué las sillas no por cercanía sino por comodidad, porque en las gradas no le cabe el culo ni a la novia de Popeye; no puedes dejar nada (bolso, chaqueta y etc…) sobre ellas porque pongas lo que pongas es pasto de la arena del suelo y a ver luego quien se baja de la grada a recogerlo, y es lo más inseguro del mundo porque es más fácil colar un pie entre grada y grada que sentarse, y para qué queremos a un niño accidentado. 
El espectáculo bueno, es entretenido, pero nada del otro mundo, en Tú si que vales he visto números mucho más vistosos e impactantes. Si se supone que vas al circo a flipar un rato, tus expectativas se quedan en eso, en suposiciones, a uno se le caían el diávolo, a otra la maza, a otra se le descolgaba uno de los aros de la cintura… Que no deja de tener mérito lo que hacen, no digo que no, pero casi diría que no merece la pena pagar por eso.
El payaso me gustó porque fue el payaso de toda la vida, los números de toda la vida, me resultó entrañable y podría decir que fue lo que más me gustó, comparado con el resto del espectáculo. Pero tampoco puedo decir que me haya reído como nunca en mi vida, simplemente me entretuvo.
La parte recordatorio a Fofó un fiasco. Se suponía que proyectaban un vídeo recordatorio de los payasos más entrañables, pero el sonido era pésimo y para colmo el proyector falló y no se veía nada. Y lo peor es que no se molestaron en arreglarlo. Rody soso y simplón, con menos gracia que una babosa y menos voz que Llongueras, no llegaba a enganchar a la gente y parecía que le daba todo igual. Aunque supongo que menos gracia tiene que hacer actuar ante un graderío medio vacío, pero los que allí estábamos pagamos nuestra entrada, y bien que la pagamos, nos merecíamos algo más.
Y las instalaciones y mobiliario viejo y dejado, desde luego nada valía la pena el precio que pagamos. De hecho aquello se merecía más una reclamación que un aplauso, sobre todo después del fallo del proyector, pero a mí me daba hasta pena. En realidad me dio la sensación de que este circo es de todo menos rentable y que por faltar, le falta hasta la ilusión, porque eso es lo que me transmitió la actuación de Rody.
Desde luego no es para recomendar, de haberlo sabido no habría ido y pagado ese dineral, que no estamos para derrochar, y creo que pasará mucho tiempo de aquí a que volvamos a ir al circo. 
Pero bueno, me quedo con lo bueno, que Iván se lo pasó genial y no para de hablar de lo mucho que le gusta el circo, y en el fondo eso es lo importante, que él haya disfrutado y hayamos podido compartir este momento los dos.

6 thoughts on “Había una vez… un circo

  1. mama de parrulin

    Me alegro que al menos Ivan lo haya pasado tan, tan bien. Muy interesante tu análisis, por si acaso me decido, ir sin las ideas preconcebidas de la infancia.

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  2. Eviki

    Lo importante es que tu nene se lo haya pasado bien, menos mal que ellos no se dan cuenta de esas cosas y disfrutan al máximo.A mi nunca me ha gustado el circo, le tengo una particular fobia a los payasos, pero si a mi niño le gusta pues tendremos que ir, aún es pequeño para eso, pero por si acaso no le pongo payasos a la vista jajajaj saludos¡¡

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  3. Anónimo

    yo a mi hij lo yevo siempre a todos los circos que vienen jeje, a mi me encantan, sobre todo los que tienen animales, hace poco fui a uno, con serpientes tigres, cocodrilos., nos encanto a los 3 =)

    un beso

    nuria

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  4. Annie74

    Bueno… al menos Ivan disfruto de lindo¡¡¡ Y gano el premio.
    Que gran tarde pasaria el el circo con su mami solo para el jeje.
    besos¡

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  5. Diamar

    Bueno lo importante es que Iván disfruto!!, a los mayores ya no nos gusta nada, lo dijo por mí, que todo lo suelo comparar con lo de antes y nada lo supera.
    Ya sabes a repetir mas tardes como las de ayer, Iván seguro se sintió especial al estar solo con su mama.
    Besitos guapa…

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  6. Maria

    Muchas gracias por tu analisis, mira a que a mi estos circos "tradicionales" tampoco me gustan demasiado, no se… Pero me alegro de que Iván pasar un buen rato, que guapo está. Un besito

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