El tercer embarazo no es como el primero. Segunda parte.

Que no hay dos embarazos iguales, es una verdad absoluta. Si ya hablamos del tercero, como se suele decir, está todo el pescao vendío, no te tomas las cosas de igual manera y las experiencias previas te hacen sentirte una pregnant senior irremediablemente. 

Unas ocho semanas atrás os hablaba en clave de humor e ironía de las diferencias entre el tercer embarazo y los anteriores y, en vista que me alargaba más de la cuenta hablando de ello, os prometí un “continuará…”. Y lo prometido es deuda. Os recomiendo leer la anterior entrada para seguir el hilo.
 

LOS SUPLEMENTOS Y MEDICAMENTOS

Primer embarazo. Si
estás buscando, te preocupas tres meses antes por tomarte el ácido
fólico como se viene recomendando de manera general. Si no estás
buscando y el embarazo viene por sorpresa, si sabes de esta
recomendación te lo tomas aún antes de la primera visita al médico.

Luego
añades el yodo por recomendación de tu médico o la matrona, y si te
apuras, te compras puntualmente algún multivitamínico especial para
embarazadas que “lotienetó” -a precio de sangre de unicornio- porque mal
no te hará, y si lo venden será por algo.

Si te toca
tomarte algún suplemento o medicamento específico te lo tomas muy en
serio. Con la salud no se juega, y menos con la de tu bebé. Eres
perfectamente consciente de que cualquier cosa que te pase a ti puede afectarle a tu bebé y no vas a permitir que le suceda nada por descuidarte.

Por
supuesto no te olvidas de tomarte ni una sola pastilla, y si lo haces
empiezas a pensar en todo lo que le puede pasar a tu bebé como si fuera
el apocalipsis, y te preguntas cómo has podido ser tan irresponsable.
Una y no más.

Si te duele algo, aguantas. Aguantas lo que
puedas. El paracetamol solo si tienes ganas de arrancarte el miembro
dolorido, y de 600gr porque piensas que cuanta menos química metas al
cuerpo, mejor. Noseaqué.

Segundo embarazo. La
experiencia es un grado. Sea buscado o sorpresa, te tomas el ácido
fólico y el yodo porque ya sabes que te lo van a mandar. El complejo
vitamínico te lo piensas, depende más de las ganas que tengas de meterte
pastillas pal cuerpo y de si la unicornia aún tiene sangre o ya se le
ha secado.

Si te ha tocado tomarte hierro en el
anterior embarazo, tienes la ventaja de saber cómo te sienta y decirle
de antemano a tu médico que, o te cambia el preparado, o no te lo tomas.
Porque lo de cagar negro, vale, pero lo de que gracias al hierro te
sientas como si fueras a parir cada vez que llega tu momento all bran, o el
asco que te entra por el cuerpo cada ve que te tomas el bebible, o las
nauseas que te dan las pastillas, o cómo se te suelta el muelle cuando
menos te lo esperas… ¡Nooooo!.

Procuras no olvidarte
de tomar ni una de las pastillas, pero si te olvidas una bueno, no ha
pasado nada, por una… Mientras no se te olvide la toma de antibiótico
de tu hijo que está con la puñetera bronquitis, todo va bien.

Si
te duele algo te tomas un paracetamol de 1gr, que el dolor junto a los
gritos de tu vástago son un cóctel molotov que no sabes si aguantarás. A
estas alturas sabes que el paracetamol no va a afectar al bebé, así que
p’adentro.

Tercer embarazo. Ofú, qué pereza te da
empezar a tomarte el yodo y el ácido fólico. Vas a la farmacia y pides
que te den un 2 en 1 porque si te lo puedes tomar “tojunto” en una
pastilla, mejor. Y procuras acordarte todos los días, aunque si te
olvidas, los remordimientos ya no vienen a ti.

Suplementos.
Cuando el médico te dice que tomes hierro piensas que se lo va a tomar
SPM -espero no tener que explicar qué significa-, porque tus hemorroides
no están para soportar nueve meses de estreñimiento. E intentas
escaquearte.

Pruebas a ver si comiendo bien lo subes, te
provees de mejillones y berberechos, incluso te comes filetes de hígado,
y sabes que lo de las lentejas es leyenda -por eso de que el hierro de
origen vegetal se absorbe en menor cantidad que el de origen animal-
pero porsiaca, también te las comes, todo con su correspondiente vaso de
zumo de naranja, para asimilarlo mejor. Lo has aprendido en los
anteriores embarazos.

Solo si ves que pasan las semanas,
las analíticas y el hierro no remonta, te propones hacer el esfuerzo por
tu bebé, que por si fuera por ti le iban dando por saco a las
pastillitas, aunque te sientas como un trapo.

Si te toca
tomarte otros medicamentos, como la pastilla para el tiroides, te da una
pereza tremenda… Porque te ves tomando más pastillas que cuando no
estabas preñada…

Y cuando después de lidiar todos los
días con el trabajo, la casa, los niños, por la noche caes muerta en el
sofá y sueñas con teletransportarte directamente a la cama, el momento
de tomarte las pastillas del día se convierte en un “¿y si lo dejo para
mañana por la mañana? total, por unas horas…”. Pero sabes que mañana
por la mañana ni te acordarás porque estarás en la vorágine de levantar,
dar de desayunar, vestir y llevar a los niños al cole.

Así
que te las tomas por la cuenta que te trae, y si te olvidas, ni te
acordarás de que ayer te las olvidaste. La cabeza no te da para más.

Si
te duele algo, sorry, no te da tiempo a pensar en lo que te duele,
bastante tienes con curro, casa, niños y preñez, ¿que me duele qué? bah,
eso no es nada.



CÓMO TE TRATAN LOS DEMÁS

Primer embarazo.
Eres la protagonista, todo el mundo alegra por ti, te felicita, te
pregunta habitualmente cómo te encuentras, si ya sabes el sexo, cómo le
vas a llamar, todo el mundo quiere regalarte algo. Levantas la ternura allá por donde vas, una embarazada primeriza es como un osito de peluche o un cachorrito a quien acariciar (sobre todo si la barriga ya es prominente).

Casi
no tienes que comprar nada para tu bebé, entre familia, amigos cercanos,
familiares y amigos no tan cercanos te ves provista de toda la
puericultura necesaria -y la que no- y ropa hasta los 12 meses por lo
menos. ¿Quién dice que tener un bebé es caro?.

Tendrás que
taparte los oídos de escuchar partos, propios y ajenos. Y cuanto más
gores mejor, ahí, dando ánimos. “A la hermana de la prima de la cuñada
de mi vecina la de la playa -ojo con la cercanía del parentesco- la
rajaron hasta el culo y le dieron 30 puntos por fuera y a saber cuántos
por dentro, después de tres días de parto que casi se muere por una
hemorragia…”. “Perdona, ¿es necesario que me lo cuentes?”. No comment.
 
Los
consejos de crianza estarán a la orden del día. Ya sabes, eres novata,
no sabes nada de la vida ni de la maternidad y cualquiera, hasta el que
no ha cuidado ni a un perrete en su vida, sabe más de bebés y de crianza
que tú.

Segundo embarazo.
Es el segundo, ya no eres novedad.  Te felicitarán, te preguntarán si
es buscado, si quieres la parejita, cómo se lo ha tomado tu hijo, y sí,
de vez en cuando se preocuparán pro ti. La cuestión del sexo despertará
mucho interés, por eso de si tendrás suerte y te tocará la parejita
-como si tener dos hijos del mismo sexo fuera un castigo divino, máxime
si ambos son niños, ¡pobres niños!.

Como ya tienes todo
del primero y en teoría no te hace falta nada, los regalos son más de
compromiso, al visittarte tras dar a luz.

Algún consejo de
crianza caerá, el segundo no es el primero, que si los celos, que si
que vas a hacer con dos cuando des a luz, que si la teta con el primero
bien pero con el segundo no vas a poder. Cara de circunstancia por no
mandarles al carajo. Del parto, ya sabes lo que es, así que lo mismo ni
repiten este tema.

Tercer embarazo.
“¿Ha sido queriendo?” se convierte en la pregunta más repetida del año.
Como si todos l@s tercer@ fueran gomarrotas, pobretes. Ya te
acostumbras a poner los ojos en blanco o responder en plan “a ver, no me
han puesto una pistola en la cabeza
-y tu subsconsciente añade “más
bien pistolón en otro sitio juas juas”
– pero te limitas a ser educada y prudente y responder un simple “no ha sido buscado, ha venido
porque ha querido”
y a tomar viento.

Lo mejor es cuando te preguntan “¿y eso, cómo ha sido?” y entonces tú, evitando descojonarte de la risa, respondes “pues no se, ¿te lo tengo que explicar? pues había una abejita y una flor…”, a ver si así entienden lo ridículo de la preguntita de marras.

Sí, te preguntan cómo lo
llevas y y tal, pero el comentario repetido hasta la saciedad será “uff
chiquilla, uno más, ¿pero tú sabes lo que has hecho?”
, o “pues cuando te
veas con los tres no te quiero ni contar”
, lo que vienen siendo dar
ánimos -o más bien dar por culo-.

Y lo que te toca bien los mismos es cuando te ven caminando como mamá
pata con tus dos herederos de la mano o corriendo delante de ti y la gente con la que te cruzas te
mira con cara de pena o de compasión mientras, discretamente o sin
nigún tipo de reparos, escuchas cómo murmuran “madre mía, ¡es el tercero!”.
Hay veces que incluso te lo sueltan a la cara sin conocerte de nada -el
embarazo es ese estado en el que misteriosamente cualquiera se cree con
derecho a hablarte como si te conociera de toda la vida-. Y
el día que se te suelta la lengua dices “¡ni que los fuera a criar
usted, señora!” (porque el 99% de las vece s son señoras, sí).

El sexo del bebé solo importa
si tus dos primeros son ambos niño o niña, si repites, ¡mala suerte!
-deben pensar que te has preñado solo para desempatar-. Si ya tienes la parejita lo que venga da igual, total, ¡tienes
uno de cada!. Si tienes dos niños y viene el tercero, más de un@ atrevid@ será capaz de darte hasta el pésame.

En cuanto a los regalos, llega el
momento de que nadie se acuerde de tu futuro retoño, de que se hagan la avioneta, salvo que
hayas tenido dos niños antes y todo el mundo quiera más que tú que lo
que traigas sea niña. Dan por hecho que tendrás de todo -no piensan que las modas cambian, que prestas ropa y cacharros que no te devuelven o que, directametne, no te planteabas ampliar la familia y el tercero te ha cogido en un renuncio, con la guardia bajada y nada previsto-. Menos mal que ya sabes lo que vas a usar y lo que no y al menos no derrochas comprando trastos inútiles, pero se echa de menos esa preocupación y esas ganas de tu gente cercana de colmar de regalos a tu bebé. Porque el tercero, pobrecico mío, parece que no se merece nada.

Lo bueno es que a estas alturas de la película
ya nadie te va a hablar de partos ni de crianzas… es más, ¿cuántas
personas tendrán la autoridad de hablar desde el conocimiento propio de
la familia numerosa?. Vaya, que a todo lo que te digan pondrás cara de
“vamos a ver, qué me estás contando si ya tengo a dos cachorros bien
criados…”
, la excusa perfecta para que no te vengan con milongas. Eso sí, eso no quita que no intenten organizarte la vida porque con tres la logística debe ser imposible.

¿Cómo lo vas a hacer? Y tú respondes con un simple…

Pero una cosa no cambiará. Y es que, irremediablemente sentirás, adorarás y te enamorarás perdidamente de ese tercer bebé que llevas dentro tanto como el primero.

6 thoughts on “El tercer embarazo no es como el primero. Segunda parte.

  1. Aurelia

    Pues si,.tienes toda l razón habida y por haber. Hay preguntitas que la.gente.no.le.pasa.ningun.filtro.de censura ni lógica de ningún tipo… Un carro.de paciencia!!

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    1. Alejandra La aventura de mi embarazo

      Jajaja desde luego, paciencia y sentido del humor, ¿verdad?

      Responder

  2. Montsar Mis chic0s y yo

    Me he sentido tan identificada!!! Ha sido queriendo? jjj Yo como tenía dos niñas siempre me decían – Claro! a por el niño!!-Pues no señora no ha sido por eso!!

    Responder

    1. Alejandra La aventura de mi embarazo

      Jajaja pobre, cuando se tiene dos hijos del mismo sexo los comentarios son aún peor, ¡qué paciencia hay que tener!

      Responder

  3. La recuperación del suelo pélvico tras mis embarazos - La aventura de mi embarazo

    […] la cuarentena de mi tercer parto, con mi médico de cabecera. Arrastraba las secuelas no solo de mi tercer embarazo en sí, sino de un prolapso de vejiga en grado II detectado en la semana 18, y de un rectocele […]

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