La adaptación al idioma, ¿qué tal lo llevan mis hijos?

familia expatriada

Una de las preguntas que más me hacen desde que nos trasladado a Escocia, es qué tal llevan mis hijos la adaptación al idioma y si ya hablan inglés como si hubieran nacido en el mismo Oxford.

Aprender un segundo idioma en inmersión lingüística total y absoluta es una oportunidad excepcional y una de los motivos que inclinó la balanza en positivo para trasladarnos a Edimburgo. No podemos negar que hablar un idioma, además del nativo, con soltura y dominio, es una ventaja que puede marcar significativamente el futuro de nuestros hijos.

Además, es innegable que es muchísimo más fácil aprender un idioma a edades tempranas. De hecho no tengo más que verlo en nuestra familia. Tanto su padre como yo hemos estudiado inglés, pero le hecho de no tener que hablarlo necesariamente nos ha abocado a vernos en Edimburgo en pañales, en lo que al idioma se refiere. Mis criaturas han estudiado menos inglés pero les cuesta menos asimilar la vida en otro idioma que no es el suyo.

Claro que para eso lo primordial, creo yo, es que ya conozcas el idioma del país al que te vas de alguna manera. Lo valoramos muy bien antes de decidirnos a dar el paso de expatriarnos en familia. Pese a que no hablamos un inglés fluído, tampoco nos es desconocido. De no ser así, la decisión hubiese sido más difícil, o le hubiéramos dado más tiempo, porque poder comunicarte allá donde vas a vivir para mi es fundamental.

Aún así venir a Escocia ha sido todo un reto porque el inglés de aquí no es el inglés de Inglaterra. El Scots, o “lengua de las tierras bajas”, es todo un reto porque tiene sus propias expresiones, pronunciación y modismos que añaden un poco de dificultad al inglés, pero no deja de ser un reto divertido.

No puedo decir que mis hijos hayan aprendido “mucho inglés” desde que llegamos aquí. Aún no llevamos ni seis meses, por lo que para mi todavía es un tiempo insuficiente como para decir que mis hijos se mueven con el idioma como pez en el agua, ¡estaría exagerando!.

Pero sí que noto cambios, avances muy sutiles, que percibimos poco porque en nuestra casa no hay ambiente bilingüe. Pero el hecho de que pasen 6 horas al día en inmersión linguïstica total, que vayan al colegio felices, sigan sin problemas las actividades del colegio, tengan amistades y sus maestra/os no me reporten incidencias, me dice mucho.

Hace unas semanas me decía mi marido que teníamos que poner las películas en inglés y comprarles libros en inglés – ya tenemos bastantes -, porque según él nuestras criaturas no hablaban apenas inglés.

Yo, por otro lado, no le doy la razón en eso porque como soy la que más tiempo paso con mis peques, veo que tras 6 horas de colegio necesitan volver a la comodidad de su casa y su idioma. Y no dejo de pensar que 6 horas al día en inmersión total, donde no les hablan una palabra en español y donde se ven obligados a comunicarse, como puedan, en inglés, es un tiempo más que suficiente.

Y un día, volviendo del colegio, se disiparon mis dudas. Íbamos en el autobús y se subió un profesor de apoyo del colegio al que mi hijo mayor especialmente tiene mucho cariño. Como os contaba hace unos meses, la educación en Escocia es muy diferente que la española, aquí no escatiman en medios y una de las cosas que me han sorprendido es que en los colegios no falta personal de apoyo para atender las diversas necesidades de su alumnado.

Pues bien, este profesor se sentó al lado de mi mayor, mi hija iba detrás, y durante todo el trayecto mantuvieron los tres una conversación muy animada y fluida. Me interesé especialmente en observar a mis hijos intervenir en esa conversación: sus gestos y expresiones, su manera de hablar, su naturalidad. Todo aquello que me indicara si entendían lo que el profesor les decía, si les resultaba fácil o difícil seguir la conversación y hablar.

Mi sorpresa fue ver que mis hijos llevaban la conversación con total normalidad, que ambos entendían perfectamente lo que el profesor les decía y contestaban con la misma naturalidad, según les salía. Comprobé que efectivamente las 6 horas al día en inmersión lingüística funcionan, y que efectivamente hablan más inglés del que nosotros creíamos.

Claro que en casa no quieren hablarlo, pero es normal. En el colegio no dejan de sentirse obligados a hacerlo por que es lo que hay, son muchas horas, y al llegar a casa necesitan recuperar su zona de confort. Lo entiendo perfectamente.

También entiendo que cuando alguien, familia, amistades y etc… les dice “a ver, háblame en inglés” no lo hagan, porque se sienten en la obligación de demostrar algo, o simplemente se sienten como monos de feria. Porque parece que si no demuestran activamente el inglés que hablan, lo hablan menos.

Me recuerda a cuando yo llegué a Huelva y eso de ser gallega era tan “exótico” que la gente en el insituto me decía ” a ver, dime algo en gallego”. Y yo me quedaba en blanco porque fuera de contexto no me salía hablar en gallego, y pensaba algo así como ” e qué carallo queres que che conte, oh”. No, no me salía porque no era el momento, ni el lugar, ni la situación, ni nada.

Así que lo mismo pienso de mis criaturas y le digo a mi marido cuando les insiste que hablen en inglés en casa.

Realmente lo hablan donde lo tienen que hablar. Y, aunque yo no estoy en el colegio ni se lo que hablan o lo que dejan de hablar, entiendo que si ellos no me dicen nada al respecto y el colegio no me reporta incidencias con respecto al idioma, es que no hay problema y va fluyendo, aunque sea poco a poco.

Eso sí, yo no dejo de preguntarles a diario qué tal les va, si entienden a sus profes, a sus compañerxs, si tienen alguna dificultad con respecto al idioma, que tampoco es plan de tener confianza ciega.

También pregunto a su profes, hace poco tuvimos una reunión con la maestra de mi mayor – a la que yo asistí con cierto acongojamiento por miedo a no enterarme bien de todo -, y ella misma nos dejó tranquilos en este aspecto, diciéndonos que en principio el idioma no es un problema, que cuando no entiende algo ella se lo intenta explicar despacio y de manera sencilla, pero que por lo general comprende bien todo y se comunica bien con sus compañerxs.

El colegio tiene personal de apoyo al idioma y además el council pone a disposición de m(p)adres y alumnxs una traductora que ayuda a que la comunicación con el centro sea efectiva, y a alumnxs que tienen dificultades con el idioma. Pero también intentan, si ven que es posible, no utilizar este recurso en la medida en la que sus alumxs se lo permitan. En el caso de mis hijos, son muy colaboradores, se han integrado, tienen habilidades comunicativas y ponen de su parte para que el idioma no sea un problema.

Además, hay que partir de la base que el nivel de idioma que se habla en el colegio es el de lxs niñxs, que no tienen el vocabulario ni la complejidad gramatical del habla adulta, por lo que esto es también una ventaja, puesto que se mueven en un nivel básico.

En el caso de mi hija, además, es más sencillo todavía. Aunque sus compañerxs lógicamente hablan inglés nativo, están aprendiendo a leer y a escribir – aquí no tienen tanta prisa por adquirir estas competencias como en España – y el método es diferente por las propias peculiaridades del idioma. El hecho de que las palabras no se escriban igual que se pronuncian, como en el español, es una diferencia muy sustancial, y en el colegio trabajan aprendiendo vocabulario, su pronunciación y su escritura, por lo que mi hija está asumiendo eso como una novedad igual que sus compañerxs.

Además del colegio, hemos intentado también que hagan alguna actividad que les suponga estar con gente nativa. No creas que esto es fácil, en Edimburgo hay una comunidad española muy grande y nos ha pasado, por ejemplo, que la única profesora de piano que hemos encontrado que de clase a peques es española. Es muy cómodo porque te ahorra el esfuerzo de tener que entenderla y comunicarte, pero seguimos en zona de confort y hay que salir un poco de ella.

El colegio tiene una serie de actividades extraescolares a continuación de la jornada lectiva y nos pareció interesante que nuestras criaturas hicieran alguna. Mi hija además va a una escuela de danza y el mayor audicionará en breve para la escuela de música y con suerte entrará en ella. Esto les permite seguir en un ambiente nativo haciendo algo que les gusta, estar en contacto con criaturas de su edad, entablar nuevas relaciones y amistades y tratar otros temas diferentes a la escuela.

En resumen, puedo decir que, a priori, no parece que hablen inglés fluido, porque con nosotros no lo demuestran. Pero en cuanto se ven obligados al estar en un entorno nativo, se esfuerzan en entender, en hablarlo, y sí veo un avance sustancial con respecto a hace 5 meses, cuando empezaron su etapa escolar en Edimburgo.

La curiosidad más destacable con respecto a la adaptación al idioma es, aunque parezca mentira, en sus propios nombres. Pienso que menos mal que les he puesto nombres cortos y sencillos – mi pequeño es la excepción, pero su nombre tiene su english version muy sencilla y diminutivo, que espero no tener que utilizar -, pero claro, cuando pensé sus nombres bastante tuve con que se pronunciaran bien en “andalú”.

Pues sí, aquí sus nombres se pronuncian versión inglés-escocés y es muy gracioso. A veces cuando me llaman del colegio o de alguna actividad que hayamos aplicado, hasta que me lo repiten un par de veces no caigo que están preguntando por alguna de mis criaturas porque no me acostumbro a que lo pronuncien diferente. Tanto a mi mayor como a mi niña les resulta muy gracioso, sobre todo a ella porque su nombre genera aún más dudas y cada amigx lo pronuncia como sale.

Lo bueno es que el tema de sus nombres para ellos no deja de ser algo anecdótico que les hace mucha gracia, por lo que es el menor de sus problemas con el idioma.

Para adaptarse a un idioma diferente es muy importante la actitud, y afortunadamente de actitud mis hijos van sobrados. El resto, creo que no hay que esperar a obtener resultados espectaculares en poco tiempo ni a que sea algo evidente, sino darles su tiempo. No solo tienen que adaptarse a un nuevo idioma, sino que se tienen que adaptar a todo: colegio, profes, compañerxs, cultura, vida. Son muchos cambios y novedades en poco tiempo que cuesta mucho procesar, hay que ser prudentes y darles el recorrido necesario para que se desarrollen con el menor impacto posible.

Más bien es cuestión de observar día a día, ver que hay pequeñas evoluciones, intentar detectar problemas si los hubiera, y tomar mano de todos los recursos posibles para que su adaptación sea lo más fácil posible.

Si me preguntas si vale la pena, te lo digo ya: absolutamente. Salir de tu zona de confort y obligarte a desarrollar herramientas y recursos para moverte en la vida es el mejor aprendizaje, a los 10 y a los 40 años. Eso seguro.

 

 

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2 thoughts on “La adaptación al idioma, ¿qué tal lo llevan mis hijos?

  1. Yolanda M.

    Yo creo que lo estáis haciendo genial y que la oportunidad que les estáis dando a los niños vale millones. Seguro que os lo agradecen toda la vida. No te preocupes por lo que demuestran o dejan de demostrar, no tienen que demostrar ni justificar nada a nadie, solo tienen que ser felices y sentirse integrados, que por lo que cuentas, se sienten más que de sobra. Un beso.

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    1. Aventura Embarazo

      ¡Graicas! Yo estoy convencida de ello, y super orgullosa de mis criaturas, que lo están haciendo genial 😉

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