Carta a mi bebé de tres años

carta a mi hijo de tres

Mi bebé, ya has cumplido tres años y se que suena ridículo que te siga llamando bebé. Hace tiempo que dejaste de serlo y te convertiste en un niño, un niño pequeño. Pero debes saber que para mi serás siempre mi bebé, aunque los años sigan pasando por ti, porque no puedo mirarte ni entenderte de otra manera.

Llegaste en un momento tan difícil, que solo podías traer luz a mi vida, a nuestra vida. Nunca agradeceré suficiente que decidieras venir y llenarnos de esa manera. Si los bebés vienen con un pan bajo el brazo, tú viniste cargado de esperanza, de optimismo, de ganas de luchar y juraría que hasta con la estrella de la buena suerte.

Hace nada te sostenía en brazos pequeño, indefenso, totalmente dependiente de mi, pero de repente han pasado tres años y te has convertido en un niño autónomo, desenvuelto y muy resuelto.  Tienes la gran escuela y el mejor ejemplo en tus hermanos mayores, con los que compartes cada minuto de tu vida y de las suyas, queriendo hacer y ser como ellos. No importa la edad, con ellos eres igual a ellos.

Diría que tus hermanos son tu mayor tesoro, y tú lo eres para ellos, aunque yo me quede un poco al margen. Pero no me importa. Ver cómo crecéis como hermanos, lo importantes que sois los unos para los otros, cómo jugais, os ayudais, compartís y pensais siempre los unos en los otros, es el mayor orgullo que puedo sentir como madre.

Me has regalado una maternidad maravillosa, disfrutando contigo lo que no pude con tus hermanos. Quizás por eso te siento un poco más mío, porque en estos tres intensos años desde que naciste hemos estado juntos casi el 99% del tiempo. Ha sido un auténtico regalo poder dedicarme a criarte en exclusiva y lo que me llevo con esta experiencia es lo más pleno de mi vida.

Te diría tantas cosas… Te las digo, de hecho, porque me encanta espachurrarte en un abrazo, darte mil sonoros besos de los que tanto te gustan, decirte TE QUIERO hasta el infinito… Y aún así siento que no te digo lo suficiente cuánto te quiero, cuan orgullosa estoy de ti con lo pequeño que eres, y qué importante eres para mi.

Me gusta tanto observarte en silencio mientras haces las cosas más normales de la vida. Cosas normales pero que a mi me alucinan, porque soy tu madre y veo grandeza en cada pequeño hecho, por ridículo que parezca. Porque que tengas hermanos mayores da igual, al igual que tu hermana al verte crecer me he sentido como si lo viviera todo por primera vez, porque esa es la magia de la maternidad.

Pensaba que eras más bebé de lo que fueron tus hermanos a tu tiempo. Fuiste más tranquilo para soltarte a andar, para hablar, parecía que tardabas más en hacer o en aprender las cosas, pero seguramente haya sido porque yo tampoco me he dado prisa en querer que crecieras. Porque quería disfrutarte a sorbitos y que fueras bebé el mayor tiempo posible. Porque serías mi último bebé.

Sin embargo estaba equivocada. Puede que hayas tardado un poco más en hacer evidentes tus capacidades, pero de repente con tres años eres un niño espabilado que sabes muchas cosas, con la sorpresa de que nadie te las ha enseñado. Te has buscado los recursos y has seguido el ejemplo de tus hermanos, que son la mejor escuela, para demostrarme que sabes, que puedes y que tú mismo te sientes orgulloso de tus pequeños logros.

Reconozco que adoro esa debilidad que sientes por mi. Dirán que eres muy madrero pero ¿qué ibas a ser, si no?. Las circunstancias nos abocaron a que yo haya sido tu cuidadora en exclusiva, tu refugio, tu consuelo, y el resultado de todo ello es que mi regazo sea ese lugar donde quieres estar cuando tienes estás cansado, tienes sueño, o miedo, cuando estás malito o simplemente quieres mimos. Claro que tienes mamitis, y muy afortunada que me siento de que así sea.

Te miro y te veo tan perfecto que me parece increíble. Se que me ciega el orgullo y el amor de madre, pero es un pecado que las madres tenemos el derecho y el deber de permitirnos, ver a nuestros hijos como los seres más bonitos del mundo.

Pero es que eres jodidamente perfecto.

Eres un niño muy bonito, con unos ojazos que no te caben en la cara, y en tus ojazos esa mirada pura, sincera, con  sus momentos de picardía, que lo dicen todo de ti.

Tu pelo ensortijado que con tanta gracia te apartas de la frente, esa melena preciosa que me resisto a cortarte porque estás tan guapo y te hace ser tan tú que no te imagino sin ella.

Tu manera de sonreír desprendiendo absoluta felicidad. Las carcajadas cuando te mordisqueo los pies, cuando te hago pedorretas en la barriga, cuando te tiras del tobogán más alto, cuando juegas con tus hermanos a las locuras que se les ocurren.

Eres bonito por fuera pero más bonito por dentro. Te queda mucho por crecer y por aprender pero lo que nos demuestras de momento es tan bueno que dudo que no puedas ser una persona bonita siempre, a lo largo de tu vida.

Viniste en un momento tan difícil y en el que me sentía tan sola, que creí que no podría. Pero pude, gracias a tus hermanos, y gracias a ti.

Gracias a ellos porque, aún siendo pequeños, tomaron conciencia de la realidad de nuestra familia y me ayudaron en lo que pudieron. Gracias a ti, porque fuiste un bebé tan fácil de criar que no me has demandado más de lo necesario.

Cuántas veces me he sentido la peor de las madres por no dedicarte, mi bebé, todo el tiempo que te merecías. Sin embargo, mi niño, aquí estás, a tus tres años, disfrutando el espacio que te corresponde, pasando conmigo un tiempo que tus hermanos no tuvieron.

No me creas si alguna vez me escuchas decir que no fuiste buscado. Lo eras, te lo aseguro, aunque diga que fuiste producto de un descuido. Fuiste buscado, deseado y querido, porque en el fondo mi alma quería volver a ser madre. Por eso se que no corrí un riesgo loco, dejé que la naturaleza, la vida o lo que fuera decidiera si era el momento de volver a ser madre, porque sabía que si así sucedía tiraríamos adelante y no me arrepentiría.

Y no solo no me arrepiento sino que me alegro infinitamente de haber sido descuidada, de no dar por hecho que un embarazo podría ser un problema y dejarme llevar pensando que quizás si no era en ese momento, ya no lo sería nunca.

La vida no sería vida si todo lo tuviéramos pensado, medido y calculado.  No te pensamos, no medimos ni calculamos pero bendito el resultado de ese descuido, porque trajo a nuestras vidas una personita maravillosa.

Mi niño, has cumplido tres años y probablemente si pudiera pararía el tiempo por siempre en este momento, porque estás para comerte con tus ocurrencias, con tu desparpajo, con tus trastadas. PEro se que eso es inevitable, crecerás, irás cambiando, a veces me desesperarás, alguna vez me enfadarás, pero la gran mayoría de las veces me harás sentir feliz y orgullosa de ser tu madre.

Y por eso estas líneas, porque es la manera de detener el tiempo en tus entrañables tres años y recordar la criatura bonita  y maravillosa que eres.

Quiero recordar todos los “mami te quero musho” que me dices muchas veces al día, con tu vocecita y esa pronunciación de bebé que aún tienes.

Quiero recordar todos los “mami, teta” que me suplicas como si estuvieras pidiendo el helado más suculento del mundo.

Quiero recordar todas las conversaciones que tenemos cuando vamos y volvemos solos al colegio, cuando hacemos la compra en el súper y tu me ayudas, en todos los momentos que solo somos tú y yo.

Quiero recordar tus pies regordetes y olorosos que me encanta mordisquear, tus manos grandes que se aferran a mi cuando caminamos juntos, tus mofletes carnosos que no me canso de besar, tu pelucho como yo le digo que me vuelve loca.

Quiero recordar los momentos de complicidad con tus hermanos, cómo te cuidan, te enseñan, cómo estáis conectados, la magia que hay entre vosotros.

Quiero recordar cómo agarras mi cara entre tus manos con una suavidad impropia en un niño tan pequeño, cómo me acaricias, cómo te gusta mirarme a los ojos y que yo te mire cuando quieres decirme algo, cómo te gusta demostrarme tú cariño.

Mi niño, podría decirte mil cosas más. Pero todas se resumen en gracias por existir, por darme la posibilidad de ser tu madre y por la maternidad que me estás regalando. Gracias por estos tres años en los que tú has aprendido mucho, y lo que te queda, pero yo he aprendido más.

Felices tres años, mi vida,

More about Aventura Embarazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.