El acoso escolar es responsabilidad de TODOS

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El acoso escolar es tema de actualidad y el 2 de mayo se celebró el Día Mundial contae el Bullying – Acoso Escolar. Ya era hora de que se pusiera sobre la mesa el acoso escolar, dejando de lado la manida respuesta de “son cosas de niños”. Porque el acoso sistemático, el hostigamiento, la violencia, son actitudes demasiado serias como para reducirlo a simples cosas de niños.

Puede que suene exagerado aplicar un término como “hostigamiento” al comportamiento de uno o varios niños -hablo de “niños” en plural genérico- sobre otro u otros niños. Pero ¿cómo definimos el hecho de molestar continuamente y de diversas maneras hasta el punto de hacerle al vida imposible a quien lo sufre?.

Este es para mi el principal problema, el germen del bullying, del acoso escolar. Pequeñas acciones que por sí solas pueden parecer inocentes, no constituir un agravio, pero que gota a gota es una auténtica tortura china, haciendo mella ya no física sino psicológicamente en la persona que lo recibe.

El acoso escolar no es cosa nueva. Creo que pocas personas pueden levantar la mano y decir que jamás en su vida han sufrido acoso escolar. Toda/os, en mayor o menor medida, en nuestra vida en el colegio, en el instituto, hemos sido víctima en alguna ocasión de burlas u ofensas por parte de compañeros, hasta de amigo/as que se dejan llevar por lo que parece una broma graciosa e inocente. Burlas y bromas por las que nos hemos visto señalada/os, apartada/os y humillada/os.

¿Tú no? Entonces siéntete afortunada/o, porque yo sí. Y lo recuerdo perfectamente. Por no decir que incluso esas conductas se proyectan en nuestra vida adulta a través de jefes, compañeros de trabajo o amigos gilipollas.

Tampoco es un problema que solo atañe a la adolescencia. Aunque parece que el foco se posa sobre esta difícil etapa, y quizás si en alguna ocasión hemos sufrido un episodio así, lo recordemos precisamente en ese momento de nuestra vida, el acoso escolar comienza mucho antes. De hecho, donde más se da es precisamente a etapas tempranas, cuanto más pequeños son los niños, sobre todo en educación primaria.

Así que tratar el tema del bullying como un problema de adolescentes es, en mi opinión, llegar tarde. Probablemente sea el estadío más grave no solo por la intensidad emocional propia de esa etapa, sino por las dimensiones que puede alcanzar el acoso y las terribles consecuencias en las que puede derivar.

Pero es llegar tarde porque el que es acosado probablemente lo sea desde bastante antes, y esté ya en un punto complicado de difícil recuperación. Y además, el acosador -no podemos olvidar que el acoso tiene dos vertientes, el de al víctima y el del ejecutor- probablemente lleve ya tiempo desarrollando ese papel, aferrado a su rol de superioridad, de fuerza, de líder. Y ya no hay quien lo pare.

Cuando hablamos de acoso escolar creo que irremediablemente nos posicionamos en el papel de “madre/padre del acosado”. Es decir, tratamos el tema desde el punto de vista en el cual nuestros hijos son víctimas de acoso escolar. Es inevitable, en realidad tu mayor temor es que tu hijo sufra, de cualquiera de las maneras. Ningún padre nos imaginamos que nuestros hijos puedan llegar a ser acosadores. Y creo que ahí estriba gran parte del problema.

Dotamos a nuestros hijos de herramientas para defenderse ante un acoso. Algunas más respetuosas, otras más radicales e incluso violentas. Pero ¿hacen todos los padres y madres lo propio para evitar que sus hijos sean acosadores?. No lo creo. Y no tengo más que ver la actitud de muchos padres y madres en la puerta del colegio, en las reuniones escolares, en los cumpleaños, en el parque.

No podemos olvidar que los niños son fundamentalmente aquello que ven, por lo que muchas de las actitudes que muestran no son más que fieles reproducciones de las actitudes que observan en sus padres. Y si mamá/papá lo hace, es que está bien.

Dotamos a nuestros hijos de herramientas para defenderse ante un acoso. Pero ¿enseñamos a no acosar?, ¿predicamos con el ejemplo?.

No me considero una madre perfecta. Se, además, que cometo muchísimos fallos, consciente e inconscientemente. También se que no siempre hago las cosas todo lo bien que quisiera, o que puedo. Soy perfectamente consciente de ello y asumo mi responsabilidad correspondiente.

Pero sí intento educar a mis hijos en el máximo respeto a las personas. A LAS PERSONAS. A los adultos, a los niños, a sus compañeros, a sus amigos. RESPETO. Porque para mi, el respeto es la solución, o más que la solución, el respeto es la prevención. Porque si respetas a tu compañera/o, no lo humillas, ni lo menosprecias, ni lo dañas.

No me considero una madre perfecta. Pero gasto todo el tiempo, energías y saliva necesarios en repetir una y mil veces a mis hijos que a sus compañera/os, a sus amiga/s, se les cuida, se les ayuda, se les acompaña, se les protege. No se les daña, no se les humilla, no se les abandona.

Insisto muy mucho en cosas como que jamás hay que reírse, burlarse ni hacer de menos a nadie por ningún motivo. Todos tenemos virtudes y defectos, y si tú te burlas de tal por esto, de ti se pueden burlar por esto otro. Que si tu amiga/o es gorda/o, flaca/o, alta/o, baja/o, guapa/o, menos guapa/o, habla así o así, lleva gafas, ortodoncia, el pelo verde o el pantalón del revés, no es motivo para hacer de ello una burla. Jamás. Porque si no te gusta que se burlen de ti, tampoco debes burlarte de nadie.

Por supuesto, insisto más aún en que jamás deben ofender, insultar, agredir verbal ni físicamente a nadie. Ni siquiera para defenderse. La violencia en cualquiera de sus formas solo conlleva consecuencias negativas y no soluciona nada.

Y si me entero de que alguno de mis hijos acometen alguna de estas actitudes, no me escudo en que son cosas de niños, ni niego la realidad alegando “mi niño no ha sido, que él es muy bueno”, sino que corrijo y castigo si es necesario. Porque no quiero que mis hijos sean acosadores.

Tampoco quiero que se defiendan de esta manera. Incluso sabiendo que se han defendido de manera agresiva como único recurso a su alcance ante un abuso, una agresión, no lo justifico. Lo que no quiere decir que pueda entender que hayan llegado a ese punto, cuando sientes amenaza, peligro, miedo casi no tienes miedo ni de pensar. Pero no lo fomento como método de defensa.

La cuestión es, ¿qué pasa cuando tu hijo te dice que es acosado?, ¿o mejor dicho, cuando no te lo dice expresamente, pero te cuenta ciertas actitudes de sus compañeros hacia él como  si fueran normales, que se cree que se las merece, que le están afectando y sí, efectivamente, es acoso escolar?.

Pues primero pasa que no te lo quieres creer. Porque no te puedes creer que tu hija/o esté viviendo, sufriendo algo así. No te puedes creer que te esté pasando algo así, a ti. Porque el acoso escolar es de las típicas cosas que crees que solo le pasan a otros.

Luego intentas ordenar las cosas, que te cuente despacio y detalladamente qué le pasa, para comprobar que no te estás haciendo fabulaciones en tu cabeza de madre histérica.

Cuando te lo cuenta, si es que logras que te lo cuente,  vas haciendo más preguntas para intentar conocer detalles, para saber hasta donde lo que te cuenta se puede considerar normal,  o si de verdad es algo que va más allá de simples “cosas de niños”.

Entonces es cuando te vienes abajo porque a tu hija/o le pasa pasa algo que se te escapa de las manos, que no está en tu radio de protección. Te indignas. Te cabreas. Y te sienes impotente, muy impotente. No te puedes creer que le esté pasando algo y no te hayas dado cuenta hasta ahora.

Luego te toca decidir ser prudente o que te de igual todo y llevarte por delante a quien sea. Pero la prudencia, igual que el respeto, si no es la mejor opción, al menos debe ser la elegida. Porque puede darse la situación de que tu hija/o sea a quien acusen, en cuyo caso te gustaría que le ofrecieran el beneficio de la duda. Y porque al fin y al cabo, no dejan de ser niños.

Niños -en plural genérico- que quizás no sepan que ese comportamiento que les parece gracioso, en realidad no lo es. Que no saben cuánto afectan negativamente esas bromas, esas burlas, ese empujón diario en la fila, esa collejita cuando pasas por delante, ese “te tiro la mochila”, “te bajo los pantalones / te levanto la falda”, un día tras otro, sistemáticamente.

Ese hostigamiento oculto, que probablemente pase desapercibido a ojos de los maestros, excusa ideal para restar importancia a un problema real y dejarlo en cosas de niños.

Pero tú que conoces a tu hija/o sabes que no puedes dejarlo pasar, y no solo porque tu hija/o sufre, sino porque todavía se está a tiempo de concienciar de que esas conductas son dañinas, a tiempo de evitar que un niño se convierta en un futuro acosador peligroso. Porque cuando se interviene a tiempo, cuando se previene que vaya a más, cuando se corta de raíz, es más fácil evitar consecuencias nefastas en el futuro.

Así que lo pones en conocimiento del centro escolar, con la prudencia suficiente para evitar daños innecesarios, a tu hija/o, a sus compañeros, pero firme en tu postura de creer y proteger a tu hija/o. Firme a la hora de no permitir que se quede en cosa de niños. Firme a la hora de no justificar esas acciones. Firme para que no intenten culpabilizar a tu hija/o, o peor, que le hagan creer que se lo merece, que lo busca, que lo provoca, o que  simplemente no le afecta.

Quizás no haya que darle una importancia extrema del orden de tomar medidas radicales, pero sí hay que darle la importancia necesaria para contextualizar la situación, identificar el problema, hablar con implicada/os, afectada/os y buscando la solución que proteja al débil y a la vez corrija, conciencie y eduque las actitudes acosadoras.

Luego, te toca el trabajo de campo con tu hija/o. No sabes si lo estás haciendo bien, mal o peor. Haces lo que te sale. Lo que crees que debes hacer. Probablemente, lo que te gustaría que hicieran si las tornas se volvieran y tu hija/o fuera el acusado. La empatía es un valor muy necesario en la vida y solucionaría gran parte de los conflictos. Pero la empatía hay que sentirla hasta cierto punto, el punto de protegerte, de proteger a los tuyos.

Por eso hablas con tu hijo hasta la saciedad. Porque hablar es sumamente importante. Hablas del día a día, del colegio, de la relación con sus compañeros, con los profesores. Cada día le preguntas qué tal el día, qué ha hecho en el patio, si ha habido algo que le haya molestado, con toda la tranquilidad del mundo, transmitiendo confianza. E intentas por encima de todo demostrarle que estás a su lado, siempre. Y le das una serie de ideas para que sepa qué hacer si se siente acosado:

♥ Tienes todo mi apoyo: mamá está aquí para ayudarte, para protegerte. No te voy a poner en duda, te voy a creer siempre.

♥ Confía en mi. Cuéntame siempre lo que te pase porque si no me lo cuentas no te podré ayudar. Me voy a enfadar si no me lo cuentas. Voy a sufrir si se que te pasa algo y no te he podido ayudar. Una vez me lo cuentes, ya vemos cómo lo arreglamos, pero solo contándome qué te pasa te sentirás más aliviado. Tú solo no puedes arreglarlo, y si te callas solo conseguirás que vaya a más.

♥ Ignora a la/os abusona/es. Pasa de ellos, no intentes caerles bien, ni ser graciosa/o con ella/os, ni entablar amistad. La ignorancia duele más que una burla. No hay que ser amigo de todo el mundo, de hecho los buenos amigos se cuentan con los dedos de una mano, lo demás son compañeros, conocidos, pero no hay que llevarse bien con todas las personas del mundo. No pasa nada si tal o cual no es tu amiga/o, porque ya tienes otra/os amiga/os que no te hacen sentir mal. Respétales como respetarías a cualquier persona, sin más.

♥ Defiéndete. No hace falta recurrir a la violencia, la violencia no se combate con violencia. Si lo haces, te pones a su altura y pierdes la razón. Te conviertes en lo mismo que ella/os, aunque lo hagas por defenderte, o defender a tu amiga/o. Pero puedes defenderte de muchas maneras, por ejemplo, plantando cara, no dejándote avasallar, gritando “¡DÉJAME EN PAZ!”, “¡NO ME TOQUES!”,  de tal manera que rompas los esquemas del abusón por un lado, y que tus gritos hagan patente lo que está sucediendo y tengas testigos. Así nadie podrá decir que no han visto nada, podrás alertar a los adultos responsables y además demostrar que NO TIENES MIEDO.

♥ Chívate. A la maestra, al profe de gimnasia, al jefe de estudios, al jardinero si hace falta. Chivarse no es malo, ya sea por defensa propia o por evitar un mal sobre un compañero, sobre una propiedad o un objeto. Los abusones acusan de chivatos a quienes ponen en peligro su poder, es su recurso para callarlos e imponer la ley del silencio. Si te hacen algo siempre, cuéntaselo inmediatamente al adulto responsable más cercano, no tardes ni un minuto. Debe saberlo. Si no cuentas, no ha ocurrido, o te pondrán en duda si se enteran por otros medios. Chivarte en el momento de “peligro” puede evitar un mal mayor. Chivarte es el mal menor.

Y esperas que con esto sea suficiente, que tu hija/o gane autoestima, se haga valer y haga lo que esté en su mano para evitar que lo acosen. Lo suficiente por parte de tu hija/o, claro, porque el centro escolar tiene su parte de responsabilidad, y su trabajo que hacer con respecto a ello.

Lo más importante es que no quieres que por restar importancia a un posible acoso escolar, en un futuro tengas que lamentar las más graves consecuencias. Es mejor actuar precisamente cuando lo que sucede son pequeñas acciones leves, para que todas las partes implicadas sufran lo menos posible.

Para no tener que decir en un futuro “por qué no hicimos algo cuando pudimos hacerlo”.  

Pudimos hacer algo, y no le creímos.

Pudimos hacer algo, y no le dimos importancia.

Pudimos hacer algo, y miramos para otro lado.

Pudimos hacer algo, pero no lo hicimos.

El acoso escolar es responsabilidad de todos.

 

 

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13 thoughts on “El acoso escolar es responsabilidad de TODOS

  1. Vero de La Opinión de Mamá

    Yo creo que lo padres tenemos un papel esencial, sobretodo lo padres de quien acosa, porque muchos se ponen a la defensiva y excuan a su hijo con mil cosas… Por ahí, vamos mal y parece ser que es lgo muy habitual…

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    1. Aventura Embarazo

      Efectivamente, los padres de los presuntos acosadores se ponen a la defensiva. Y lo entiendo, no es fácil que acusen de algo así a tu hijo. Pero ya no es que no sea solución, es que si tu hijo acosas a otro compañero, tu hijo también necesita ayuda, por lo que excusarlo no ayuda de nada. Creo que hay mucho trabajo por hacer, mucho por hablar con los niños, tanto en el centro escolar como en casa, mucho que educar.
      Gracias por comentar 😉

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  2. SoniadelFaces

    Tan complicado es ser padres de acosadores como de acosados porque ambos sufren, aunque a uno se le etiquete de víctima y a otro de verdugo. Pienso que la solución ha de ser el diálogo y la comunicación desde la familia y desde la escuela. Muy buen post. Besitos!

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  3. La mama fa el que pot

    Creo que el tema del acoso escolar es algo que nos da mucho miedo a todos los padres. No queremos que nuestros hijos lo puedan pasar mal pero personalmente también me preocupa que mi hija pudiera ser una acosadora.
    Es algo que como padres no queremos creer, pero está claro que cuando hay un niño acosado hay otro acosador. Últimamente he pensado mucho sobre este tema desde que vi en Netflix la serie “por 13 razones” si puedes mírala es dura pero te hace pensar en muchas cosas y ver los diferentes puntos de vista en una situación de acoso.
    Creo que debemos hablar con nuestros hijos desde pequeños de estos temas.

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  4. EL COLLAR DE MACARRONES

    Los grandes males de esta sociedad, el “son cosas de niños” y el “ser un chivato o un acusón”.
    En España, aún no entiendo por qué, no se corta de raíz los malos modos y comentarios desde el minuto 1. No se debe tolerar ni una falta de respeto, ni un empujón, ni un insulto.
    El afán de “que se espabile ” el otro que tampoco es para tanto.
    Pues no, no se daña. Ni verbal ni fiscalmente a nadie, y no se debería tolerar desde infantil.
    Pero es que no pasa nada, son cosas de niños, que obviamente están aprendiendo, pero hay que decirles que está mal y que no se hace. No mirar para otro lado.
    Cuando a un niño le hacen daño lo debe decir a un adulto (que para eso estamos) no es un chivato, es un niño que pide ayuda a la persona que está a su cuidado.
    En fin, hay mucho que trabajar aún.

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  5. Paloma Micó

    La frase son “cosas de niños” me ennerva muchísimo. No comparto ni puedo entender cómo se puede decir eso a algún tipo de ofensa hacia otro niño. Pero lo peor es que el “son chicos jóvenes y se equivocan” también lo oigo mucho, también en casos de maltrato.
    No se si realmente los niños y niñas acosadores lo aprenden en casa, o en la televisión, o dónde sea, y me da igual… Pero si se que otros niños lo pasan francamente mal, y eso es lo importante. No entiendo la poca empatía hacia un niño que sufre burlas, tortazos… todos los días.
    Muchas veces pienso que por favor, que los demás padres eduquen bien a sus hijos para que a la mía no le pase nada, porque ya me ocupo yo de educar a mi hija para que sea buena persona y jamás se le ocurra hacer algo así, y si lo hace, nunca diré que “son cosas de niños”.

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  6. Mami Rebelde

    Qué razón tienes! Hay que educarles desde pequeños porque esto no se aprende de adolescente. Los padres debemos dar ejemplo a los hijos y nunca justificar ningún tipo de agresion aunque sea “cosa de niños”.

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  7. Aventuras de una Mami

    Es una situación muy difícil, y hay que atajarla desde el principio. Muchas veces el problema reside en los padres, no nos damos cuenta y delante de los niños hacemos comentarios y cosas que no debemos. Y lo rematamos con ” es cosa de niños”

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  8. ITZEL

    Ese punto me ha gustado, no solo tenemos que enseñar a nuestros hijos a defenderse del acoso, tenemos que enseñarles a respetar a los demás, a vivir en ese respeto que queremos para nosotros mismos. Enseñarles a distinguir una injusticia y ser valientes para ponerle un alto. Genial post!!

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  9. 30 y... y mamá

    Maravilloso post!!! 😍 Estoy de acuerdo en todo lo que dices (exceptuando lo de algún amigo gilipollas, yo si una persona me “acosa” o me hace sentir mal no es mi amigo. Y eso mismo intento transmitir a mis frutitos, si alguien te hace sentir mal no intentes ser su amigo, no se merece tu amistad) me parecen perfectos todos los puntos para transmitir a nuestros hijos. Obviamente nadie pensamos que nuestro hijo pueda ser el acosador pero para que efectivamente así no sea hay que educar en la igualdad y el respeto hacia todos, no sólo debe enfocarse para que no sea el maltratado o te avise de ello, sino también desde la otra parte para evitar que se pueda dar.
    Lo de “chivarse” me pone enferma. Melocotón con 6 años le dice a su hermana constantemente “eso es chivarse, chivarse es malo” no me gusta nada que le diga eso y que él tenga esa idea, que le han transmitido en el cole. Siempre le digo justo lo que pones en el post para evitar ese pensamiento, pero lo tiene muy arraigado del colegio, y no me gusta nada 😰
    Gracias por compartir este post tan bueno y detallado 😉😘

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  10. madresestresadas

    qué terrible es! y no nos damos cuenta del daño que hacemos al que lo sufre, ni pensamos en que los agresores a lo mejor tampoco son conscientes del todo, por eso necesitamos concienciarnos los mayores y explicarlo y ayudarles a gestionarlo, a los unos y a los otros

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  11. lasonrisadespeinada

    POr supuesto, solo con la educación en el respeto y nuestro ejemplo ( cuidado con cuando a veces comentamos cosas delante de ellos de otras personas) lograremos parar esto.

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  12. Mamá Puñetera

    La educación en este tema es fundamental, pero desde bien pequeños. Y tan importante es enseñarles que hacer si son acosadores, como enseñarles que no se debe hacer a los demás lo que uno no quiere que le hagan a uno. Genial post!

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