De ausencias, males varios y navidades convalecientes

No soy de hacer balance del año que se acaba. Ni propósitos para el año nuevo, no se si por vagancia, por no remover el mal del pasado, por no desmotivarme con propósitos que se que no voy a conseguir. Pero como llevo casi un mes sin toca el blog, tal asunto merece una explicación que justifique mi ausencia.

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Dicen que para afianzar una rutina son mínimos 21 días, pero amiga, para perderla hace falta mucho menos. Me refiero a que si te esfuerzas en, por ejemplo, hacer dieta, ejercicio, estructurarte una organización para tareas (qué se yo, limpiar, estudiar, trabajar), tardas mucho más en establecerla que en perderla. Y eso es así de toda la vida de dios. Ya te puedes llevar 3 meses sacrificándote sin chocolate que el día que caes, date por jodida.

Pues ese es el caso. Yo tenía mi rutina bloguera muy bien instaurada, pero ha sido tener que alterarla -en contra de mi voluntad, por supuesto- por actividades ocasionales y por la conjunción de virus y males varios, y perderla totalmente.

Yo daba por bueno el 2016, por muy bueno. Bueno teniendo en cuenta que en los últimos cuatro años fui entrando en barrena hasta caer en picado, en muchos aspectos. Me he sentido tocar fondo, encontrarme realmente mal y no tener ganas de salir.

Menos mal que no valgo para que me saquen las castañas del fuego y tampoco tengo a nadie que vaya a salir adelante por mi. A pesar de todo, afortunadamente, he tenido que seguir peleando, y lo voy a tomar como algo positivo, porque si no no se si me hubiera hundido totalmente. Así que comencé el 2016 sin querer hacer balance del año que se iba ni propósitos para el nuevo año.

El caso es que este año, después de enfrentarme a una tercera maternidad en soledad, con todo lo que conlleva, me he ido viniendo arriba poco a poco. No está todo andado ni todo ganado, pero el simple hecho de volver a sentirme fuerte, capaz, con ganas, y viendo que las cosas que nos preocupan como familia poco a poco se van solucionando, para mi ha sido una inyección de vida.

Esto no significa que haya sido un año cojonudo-maravilloso-ideal de la muerte, pero comparado con los anteriores, ha sido un buen año. Sentir que ha sido un buen año es el mayor logro que atesoro.

Pero no podía ser todo perfecto. No se qué me ha pasado pero desde principios de diciembre he ido encadenando un mal con otro y no acabo de remontar. Males pasajeros y leves, afortunadamente, pero puñeteros. Una infección bucal, un ataque de alergia severo, un resfriado, una gastroenteritis y el culmen, una gripe en plenas navidades.

Como madre de familia numerosa no iba a ser todo para mi. La gastroenteritis ha invadido cada uno de los cuerpecitos humanos de esta santa casa, ídem la gripe -de la que solo se libró papá y menos mal, porque sin menospreciar, los hombres son muy malos enfermos- por lo que cuando no estaba convaleciente, estaba cuidando enfermitos. Ha sido un puto caos.

Mis niños los pobres no han sabido lo que son vacaciones de navidad porque las han pasado entre fiebres, malestar general y decaimiento nivel “caigo en el sofá como un trapo y no me muevo”. Así que hemos pasado el 95% de los días de vacaciones sin poder salir de casa, muchos días incluso sin fuerzas ni para movernos del sofá. En esta ocasión no pude ni decir que ojalá pasara yo los males por ellos porque me he llevado la peor parte de un brote de gripe que ha tenido a los servicios de urgencias colapsados.

No exagero si digo que han pasado 16 días y aún no me he recuperado, por no decir que los primeros 5 días de gripe fueron una auténtica tortura de lo mal que he llegado a encontrarme. Pero bueno, los niños están bien que es lo importante, han vuelto al cole, yo sigo con tos, mocos y problemas respiratorios pero puedo medio hacer vida normal, así que toca ir retomando mis rutinas.

Lo malo es todo el trabajo acumulado en casi un mes sin pasar por aquí, con lo que odio ir a remolque. Y es que todos los días se me ocurren mil cosas que escribir pero el tiempo es el que es, y no me da para más.

Me auto-impondré como objetivo intentar llevar el blog lo más al día posible, aunque es algo que no he logrado en los nueve largos años que llevo de actividad. Espero estos días -aunque no prometo nada- sacar tiempo para ir recuperando todo el retraso acumulado, aunque para eso necesito primero recuperar mi rutina diaria que tan bien me estaba yendo.

Y no voy a imponerme más objetivos para este nuevo año, que me conozco. Solo le pido que, como mínimo, sea igual de bueno que el pasado, si mejora, pues mejor, valga la redundancia. Yo, por mi parte, prometo darlo todo para que así sea, lo bueno de que el año empiece mal, es que solo puede mejorar.

3 thoughts on “De ausencias, males varios y navidades convalecientes

  1. Mo

    Tú lo has dicho, empezando así, fijo que tiene que ir para arriba la cosa. Ánimos!
    Muas!

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    1. Alejandra La aventura de mi embarazo

      Gracias preciosa, por lo pronto, en lo que va de semana ya llevo dos buenas noticias, que no es poco. Un besote.

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  2. helenriberas

    Claro que si, siempre pediremos que por lo menos sea como este,, como dice el dicho, "Virgencita que me quede como estoy"

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