Mis cinco propósitos para el nuevo curso

Parece que esto de hacer una lista de propósitos es más propio del comienzo del año nuevo. Sin embargo, desde que soy madre y sobre todo desde que mis hijos siguen el curso escolar, para mi el impass de verdad se produce en verano y el comienzo de “algo” es más propio de septiembre que de enero.

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No soy muy de hacer lista de propósitos porque normalmente suelen estar abocados al fracaso por desidia casi al momento de pensarlos, pero por algún extraño motivo este curso nuevo que ha empezado me ha pillado con ganas de muchas cosas. 

Creo que es porque comienzo a respirar tras una dura etapa en la que he enlazado un embarazo y una nueva maternidad, con dos hijos más, casi en solitario, y que por fin estoy ubicada y organizada en mi nueva vida. He asumido mi rutina, me he adaptado a las necesidades de mis hijos, las mías propias, y eso me ayuda a tomar cierta perspectiva de lo que puedo esperar en el futuro cercano.

Así que me he propuesto una serie de cosas de fácil realización, con la esperanza de un día echar la vista atrás y ver que lo he logrado. Si no, al menos espero haberlo intentado.

MIS CINCO PROPÓSITOS PARA EL NUEVO CURSO

1. Organizarme bien para sobrevivir al día a día: es mi prioridad. Este año se presenta complicado porque a mayores son mis hijos, mayores son sus responsabilidades, y las mías. Tenemos más extraescolares, hay que cumplir horarios escrupulosamente y me toca de nuevo ocuparme yo de todo, por lo que debo cuadrar bien las cosas y lograr llegar a tiempo sin dejarme los pulmones por el camino.
Organizar la casa de manera que invirtiendo unos minutos al día esté decente, cocinar con antelación para ahorar tiempo a la hora de comer, adquirir hábitos para lograr salir de casa para ir al cole a una hora decente.
Dejar de confiar en mi maltrecha memoria y apuntar todo aquello de cierta importancia para que llegada la fecha no se me olvide y se líe ladediosescristo. Horarios, citas médicas, cosas que tengo que comprar, fechas importantes… En fin, lo típico.
Tengo una agenda rollo Bullet Journal, no se cómo utilizarla pero por mis santos cojones ovarios que aprenderé a hacerlo.

2. Ponerme a dieta. Pero de verdad. Un año después, sigo en casi el mismo peso que tras el embarazo, aunque he reducido algo de volumen, pero eso no puedo ser. No me da el presupuesto para renovar el armario y tampoco me da la gana hacerlo, que tengo ropa monísima guardara esperando a ser usada. Y quiero volver a ser yo.

Soy consciente de que mi cuerpo comienza a volver a su ser entorno a los 12-18 meses tras dar a luz así que ya estoy en el pit lane, pero tengo que poner de mi parte. Objetivo, michelín fuera.


3. Hacer ejercicio. Pufff. No, no me voy a volver una mami runner, correr es de cobardes, tengo buena excusa porque con el asma a los 5 minutos ya he echado los pulmones por la boca y el estado de mi suelo pélvico no es el idóneo para hacer un deporte de impacto. Pero puedo subir escaleras y caminar, cosa que además me encanta y no me cuesta trabajo.

Necesito buscar el momento ideal para sacar algo de tiempo, pero mi idea es colgarme al peque en la mochila ergonómica y tirar millas, aunque sea media hora al día, aprovechando por ejemplo el tiempo que tengo entre que dejo a los niños en las extraescolares y los recojo. Como dice mi querida Frikimami, hay que calzarse las zapas para bajar el culo.


4. Montar en casa un rincón de trabajo. Este va a ser cumplido con éxito, de hecho ya estoy en ello. Necesito tener un espacio agradable en el que tener mi portátil, mis cosas, donde poder sentarme a trabajar en mi blog, estudiar mis oposiciones -éstas no las incluyo como objetivo porque se me plante harto difícil- sin sentirme como si estuviera metida en una caja de cerillas.

Hace años aproveché una zona muerta -entiéndase por zona muerta esa donde no pega ningún tipo de mueble ni sabes qué meter- que resultó de cerrar el balcón y añadirlo al salón, justo pegada al ventanal, donde puse una pequeña mesa de ordenador que ocupara poco espacio para no usar el postátil sobre mis piernas, apoltronada en el sofá.

La mesa se me ha quedado pequeña, es fea y no me motivaba nada (es negra, habrá color menos motivador y más negativo que el negro), así que con una mesa algo más grande y funcional, que aproveche a tope el espacio del que dispongo, y que visualmente me enamore, me siento más motivada. Ya os la enseñaré.

5. Controlar mi humor y ser mejor madre. No enfadarme con mis hijos, no gritar. Creo que éste va a ser mi caballo de batalla más duro. Cuando entras en el bucle de “hablo con los niños-los niños no me hacen ni puto caso-les doy una voz-ellos gritan-yo grito más-acabo más cabreada que un mono con pulgas en el culo”, es muy difícil salir. Lo haces rutina, y ya estoy hasta el gorro. Sobre todo porque me pongo de semejante mal humor que ya me levanto de mal humor, y no estoy dispuesta a permitir que siga siendo así, porque no soy yo. No quiero ser ese tipo de madre.

Soy consciente de que llevar el 100% de la responsabilidad de todo lo que concierne a mis hijos es agotador, pero no es bueno para ellos ni para mi. Se lleva mi salud, de verdad, no me compensa. Así que necesito centrarme para relativizar un poco más y no acabar gritando, gruñendo y enfadándome a la primera de cambio.

Y ya está, tampoco necesito hacer una lista interminable de cosas que probablemente ni comience a hacer. Ésto es lo que quiero hacer y lo que estoy segura de que con voluntad y paciencia puedo conseguir. ¿Plazo? Pues no se, quizás con la excusa del año nuevo haga una review de todas las propuestas a ver qué tal las llevo, de tal manera que pueda felicitarme por las logradas, darme un tirón de orejas por las que se quedaron a medias o replantearme aquellas que han sido un fracaso.

Por el momento, tener estos cinco propósitos claramente definidos me motiva muchísimo, y creo que solo eso ya es un éxito en sí y un gran comienzo.

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