Despidiendo el 2014

Estoy sentada en el sofá con mi portátil sobre las piernas, intentando escribir con algo de coherencia mientras me invade el síndrome de la página en blanco. Porque mientras que a lo largo del día bullen ideas y entradas perfectamente estructuradas en mi cabeza, la realidad es que es sentarme a escribir y producirse un formateo total en mi cerebro.
Mis hijos juegan y ven los dibujos. O ven los dibujos y juega. Lo curioso es que están en silencio, entretenidos en sus tareas.
Iván centra toda su atención montando y desmontando sus Lego, cuando le ponen un Lego por delante no hay niños.
Antía juega con los peluches a los que nadie ha hecho caso en muchos años, esos peluches que cobraron protagonismo el día que decidimos donarlos  a falta de uso, para ganar espacio. Ha puesto las sillitas de su mesa de juego juntas y allí sienta a los peluches y les da instrucciones. Nadie le dicta las normas del juego, ella juega con su imaginación, no le hace falta más.
Yo los miro. Los miro y los remiro. Hace no mucho esta era una casa sin niños, un piso de parejita. Ya no recuerdo cómo era la vida sin ellos, o sí recuerdo vagamente si me esfuerzo un poquito en hacer memoria. Ya no imagino esta casa sin ellos, esta casa que se ha transformado y se a adaptado a ellos. Los adornos de navidad finos y elegantes han sido sustituídos por otros más divertidos, muñecas ángel, renos, papanoeles, ositos, cuelgan del árbol que está medio doblado de los embistes de mis dos fierecillas (y no hablo de los gatos). El portal de Belén que empezamos a poner con Iván es un collage de muñecos y juguetes que ellos mismos han puesto. Ni orden ni concierto, reina el caos, el desorden, no hay proporciones, conviven figuras de Playmobil con una oveja Shaum motorizada o la colección de dinosaurios. Porque para los niños, todo vale.
Los miro y me doy cuenta de que hace mucho que no son bebés. Lo peor, es que se me hace muy difícil recordarlos como bebés. Eso reafirma mi idea de que la etapa del bebé es sumamente breve, pero es algo de lo que te das cuenta cuando ya ha pasado.Y ya no hay vuelta atrás, aunque para atrás, como se dice, ni para coger carrerilla.
Los miro y me siento tremendamente orgullosa, no puedo evitarlo. Estas dos criaturas han salido de mi. No puedo haber nada más maravilloso. Han llenado mi casa y mi vida, me han completado. Me basta mirarlos para convencerme de que de verdad he hecho algo en la vida que ha merecido la pena.
Intento verme en un futuro pero no puedo, no soy capaz. Pero pienso cómo me gustaría que fuera. Me gustaría llegar a ser esa familia que desea reunirse por navidad, me gustaría ser esa madre, esa abuela que cocina para una gran familia, que reune a su gran familia entorno a una mesa. Una mesa llena de platos, una mesa ruidosa, una mesa con manos deseando vaciar la bandeja del mejor jamón y del marisco más fresco.
Hoy acaba otro año, no puedo decir que sea bueno pero tampoco quiero decir que sea malo. He decidido no acabar el año con resentimiento, no quiero empezar el nuevo año con el lastre de lo que no pudo ser, lo que no salió bien.
Me he prometido a mi misma acabar el año con la mejor de mis sonrisas, dando la espalda a todo lo que que quiero dejar atrás, y empezar de la misma manera, sonriendo y disfrutando de las pequeñas cosas que son las más importantes, las que realmente me hacen feliz.
¡¡¡Feliz año nuevo!!!

6 thoughts on “Despidiendo el 2014

  1. Opiniones incorrectas

    ¡Feliz año, guapa! Espero que todo os vaya genial y vuestros sueños se cumplan 🙂

    Besos

    33+5

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    1. Alejandra La aventura de mi embarazo

      Gracias reina!!! Lo mismo te digo, a ti te espera un gran año 😉

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  2. Piruli

    Feliz año guapa!
    Que el que venga sea mejor y todos estéis requete bien.
    Besos!

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    1. Alejandra La aventura de mi embarazo

      Muchísimas gracias y no puedo menos que desearte lo mismo!

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  3. Lovely Noni

    Feliz año!!

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