Balance de mis experiencias con la LACTANCIA MATERNA

experiencias con la lactancia materna

Estamos en plena Semana de la Lactancia Materna. Pese a que la fecha real es la primera semana de agosto, al ser un período vacacional en Europa lo celebramos la semana 41 del año, una fecha simbólica que se asimila a la semana tras finalizar el embarazo, cuando se “supone” que comienza la lactancia materna de un bebé.

Pocos motivos necesito yo para promocionar la lactancia materna. Para mí es una experiencia tan gratificante, que no puedo evitar recomendarla siempre que puedo. Pero ya que tenemos una época del año dedicado a ello, no dejo pasar la oportunidad de hacerlo una vez más.

En realidad me apetece hacer una review de mis experiencias con lactancia materna de mis dos hijos, algo que ha marcado incondicionalmente mi maternidad. Creo que ha sido la mejor elección que pude hacer y no concibo la crianza de mis hijos de otra manera, será uno de los mejores recuerdos que conserve de esta etapa.

Mi primera lactancia materna: lo difícil no es imposible

La lactancia materna como mamá primeriza puede parecer difícil. Por eso es muy importante tener muy claro que quieres iniciarla y mantenerla, y para ello informarse todo lo posible de lo que supone la lactancia materna en general.

Cuando estaba embarazada de mi mayor pasé de tener muy claro que quería dar biberones a tener muy claro que quería darle el pecho, ¿por qué este cambio?, pues porque empecé a leer, leer mucho sobre el embarazo en general y sobre la lactancia, en libros, foros, artículos, los múltiples beneficios que suponían para mi bebé, y yo tenía claro que por encima de todo quería lo mejor para mi bebé.

Pero lo que me abrió los ojos de verdad fue conocer las experiencias de otras mamás, experiencias reales, buenas y malas. Me dio la perspectiva que necesitaba para decidirme por la lactancia materna, conociendo sus numerosos beneficios nutritivos y emocionales, y conociendo además las posibles complicaciones que podían surgir.

Nadie me dijo que iba a ser fácil, eso lo sabía, así que mi empeño en dar el pecho a mi hijo y el conocimiento de que podían darse dificultades, pero que también se podían solucionar, me dieron la fortaleza suficiente para tirar adelante pese a todo.

No fue fácil empezar. Mi bebé no se enganchaba, yo no tenía ayuda de nadie y no podía decir que tenía problemas, porque eso me suponía escuchar consejos que sabía que de aplicarlos daría al traste con mis intenciones. Así que me vi prácticamente sola, apoyada eso sí por Papá y así, sabiendo que las dificultades tienen arreglo.

Arrancamos una lactancia materna a pesar de un pezón extra-plano y unas grietas que me duraron algo más de un mes que me provocaban un dolor tremendo. Yo solo pensaba que eso alguna vez tenía que solucionarse, y que a partir de entonces disfrutaría a tope de la lactancia con mi hijo.

Y así fue, un día me dejó de doler y comencé a disfrutar la lactancia materna de verdad, a sentirme totalmente cómplice de mi hijo en unos momentos que eran solo nuestros. Sentirme el ser más importante del mundo, de su mundo, acariciarlo, jugar con sus manos, con sus piececitos, mirarnos a los ojos. Sentir su succión impaciente en los momentos de hambre y pausada cuando se quedaba dormido en mi pecho.

Nunca olvidaré los requiebros que pegaba al ver que ya llegaba el momento de su teta, cómo se alegraba, dando gritos, agitando las manos. Cómo me agarraba el pecho con sus manitas no se le fuera escapar y cómo luego se soltaba solito del pecho, saciado tras pegarse un gran banquete, si no se dormía antes a placer.

Pasamos con soltura la época de mi incorporación al trabajo sin que interfiriera para nada en nuestra lactancia materna; la introducción de la alimentación complementaria a su ritmo, siendo la teta siempre lo primero, sin preocuparnos por si un día comía más o comía menos. Nunca he querido obsesionarme con estos temas y creo que esto me permitió disfrutar mucho más, al no ver problemas donde no los había.

Recuerdo cuándo fue siendo más autónomo, cuando en lugar de ofrecerle yo la teta venía él a servirse, me levantaba la camiseta o me bajaba el camisón, cómo se enganchaba de mil posturas ya fuera de pie, de rodillas o acostado, todo le daba igual por lograr su objetivo.

Aguantamos comentarios, críticas, consejos bien intencionados pero desafortunados, consejos que lo mismo me entraban que me salía.

Una es cabezona y poco me importa lo que digan los demás cuando estoy haciendo lo que de verdad quiero. Ahora la lactancia materna ya se va viendo algo más habitual, parece mentira en 4 años lo que hemos evolucionado en este aspecto, pero una lactancia en niños “grandes” sigue llamando laatención de mucha gente que se cree que es un mal vicio.

Fueron 20 meses de lactancia, 20 meses de total libertad, la lactancia jamás nos ha condicionado. No me ha hecho falta enseñar la teta, mi hijo ha comido allí donde le ha hecho falta, con total discreción. Estoy segura que la mayoría de las veces la gente no se daba cuenta de que le estaba dando el pecho, y es que se puede dar la teta relajada y tranquila, sin esconderse pero sin enseñar.

Dejamos nuestra lactancia materna cuando dejó de ser placentera para uno de los dos. En nuestro caso dejó de ser placentero para mí. Demandaba demasiado y dependía demasiado de mí, me hacía daño y solo se dormía al pecho, así que decidí que al menos para mí había llegado el momento de dejarlo. Lo había disfrutado muchísimo hasta ese momento, no quería que un mal final empañara un gran recuerdo y llegó el destete definitivo.

Dejamos la lactancia materna sin traumas, sustituyendo teta por abrazos, hubo llantos pero siempre sobre mi pecho, siempre con mi consuelo, “la teta ya no está pero mamá sigue aquí” y así, en poco más de una semana, mi niño se olvidó de que la teta era lo más importante de su vida.

Me dio mucha pena que se acabaran nuestros momentos pero para mí ya era más incómodo que agradable, y me quedaba la casi certeza de que afortunadamente algún día repetiría una experiencia tan especial.

Mi segunda lactancia materna: la experiencia como punto de apoyo

Y así fue, llegó mi niña y con ella una mamá mucho más segura y serena, sabedora del gran camino que nos quedaba por delante y de lo mucho que podíamos disfrutar.

La lactancia materna con ella fue rodada desde el principio, está claro que la experiencia es un grado. Ello nos ayudó a comenzarla en el momento más propicio, justo nada más nacer, con su cuerpecito húmedo y caliente sobre mi pecho, cuando aún estábamos unidas por el cordón umbilical.

Con mi niña apenas he tenido problemas: una pequeña grietecilla que pasó desapercibida, una mastitis que gracias a conocer los síntomas atajamos a tiempo, una incorporación al trabajo sin traumas, nada de importancia que nos ha hecho a ambas disfrutar de la lactancia a tope. Hemos pasado las típicas crisis de lactancia, mi reincorporación al trabajo sin traumas, el paso a la alimentación complementaria “de la teta a la cuchara” sin saber lo que es un biberón.

Y hemos superado uno de los handicap que más se teme en la lactancia, el peso del bebé y la presión de la báscula. Mi niña nació pequeñita y no se ha caracterizado por engordar mucho, de hecho sus ganancias de peso siempre han sido muy irregulares, lo mismo una semana ponía 200gr, que otra ponía 80gr y otra no ponía nada. Ante esto, decidí olvidarme de la báscula, seguir mi instinto, observar a mi hija y confiar en que todo marchaba bien.

Al cabo de 14 meses tengo una niña delgadita, que apenas pasa de los 7 kg, pero una niña sanísima, muy activa que además de tener buen apetito gusta de probar todo lo que se le ofrece. La lactancia no se mide en gramos, sino en saludo y bienestar, y en eso mi niña está en el percentil 200.

Es curioso que mi niña ha sido mucho menos demandante que su hermano, tanto que ha habido momentos en los que, de no ser por mi insistencia, posiblemente se habría destetado sola. Podía haber aprovechado alguno de esos momentos para dejar la lactancia materna, pero no tenía ni un solo motivo para no hacerlo. Creo que de haberlo hecho me hubiera arrepentido muchísimo y, por el contrario, ahora mismo estoy muy contenta y orgullosa de no haberlo hecho.

Al igual que con mi mayor, no nos hemos puesto metas, no se lo que va a durar ni siquiera me lo planteo. Me dedico a seguir disfrutándola hasta que una de las dos queramos dejar de seguir haciéndolo. No se si estoy disfrutando más o menos, pero se que la estoy disfrutando a tope.

Me encanta que mi niña me busque y que se vuelva loca con mi teta, que rebusque impaciente con sus manos entre mi escote, que respire aliviada cuando por fin consigue su preciado tesoro, que alterne un bocado a su galleta con un chupetón a su teta – eso es tomar leche con galletas y lo demás son tonterías-. Que juguetee pícaramente con mi pezón, que me mire con esos ojazos que tiene mientras tetea, que se sienta aliviada cuando tetea que parece que haya encontrado agua en medio del desierto…

Son tantos los momentos que disfrutamos que después de 14 meses no he encontrado ni un solo motivo por el que debamos dejar de hacerlo.

Lo que he aprendido gracias a las experiencias con la lactancia materna de mis hijos

♥ Los comienzos pueden ser duros. Pero eso no supone que tenga que fracasar la lactancia materna. Solo hay que tener un poco de paciencia, pensar que no todo es inmediato y que a veces hay que darse un tiempo para que las cosas se ubiquen en su sitio. Si hay algo por lo que merece la pena luchar en nuestra vida son nuestros hijos, y la lactancia materna es lo mejor que le podemos ofrecer.

♥ La lactancia Materna no entiende de horarios. Así que olvídate del reloj, solo relájate y disfruta de la maravillosa sensación de que tu bebé se nutra de ti. Puede que al principio te parezca eterno, que te vas a pasar la vida con tu bebé enganchado a la teta pero nada más lejos de la realidad; todo llega, los bebés crecen muy rápido y antes de que te es cuenta estará regulado.

♥ La lactancia materna no entiende de medidas. La báscula es una ayuda pero no debe condicionarnos. Los bebés alimentados con lactancia materna no siguen el mismo ritmo de ganancia de peso que un bebé alimentado con lactancia artificial y no debemos compararlos, eso solo nos lleva a preocuparnos y creer que puede haber un problema donde posiblemente no lo hay.

♥ Se puede vivir sin chupetes ni biberones. En mi casa los biberones han sido meros instrumentos medidores, mis hijos han pasado directamente a la cuchara y son niños que gustan de probar y comer de todo, además de que no han necesitado más consuelo que mis brazos y mi pecho; lo más increíble es que si bien ambos de bebés aceptaban el chupete, ambos fueron los que cuando tuvieron un poco de conocimiento lo rechazaron: siempre supieron que Mamá tenía algo mejor.

♥ Es totalmente posible y factible compatibilizar la incorporación al trabajo con la lactancia materna. Es cuestión de no agobiarse, dejar las cosas fluir e irse adaptando poco a poco.Si se quiere mantener la lactancia materna mientras mamá trabaja se puede hacer, aunque los horarios laborales sean infernales.

♥ La lactancia materna prolongada es la mejor manera de alargar la etapa del bebé. puede que mi hija corra, salte, se suba donde pueda y haga cosas que parecen de niñas mayores, pero cuando está en su teta es como si retrocediera el tiempo y volviera a ser ese bebé de hace meses. La etapa de bebé dura tan poco que no da tiempo a disfrutarla a tope, y de esta manera yo al menos siento que mi niña en mi teta aún es un bebé.

Puede que ésta sea mi última experiencia con la lactancia materna y confieso que me apena muchísimo pensar que vaya a ser así, por lo que no estoy dispuesta a dejar de disfrutar ni uno solo de los momentos que nos ofrezca, mientras podamos.

Mi maternidad, la crianza de mis hijos, la lactancia materna, FELICIDAD PLENA.

6 thoughts on “Balance de mis experiencias con la LACTANCIA MATERNA

  1. Sofia

    me encanta lo de la leche con galletas jejejejejeje.

    mi periodo de lactancia con Sofía duró poquito, apenas 3 meses. y aunq fue complicada, tengo claro q fue maravillosa.
    ya me hubiese gustado q fuese un periodo más largo.

    disfrutad la vuestra q es genial.

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  2. Mo

    Me parece un balance positivísimo y muy completo. Una información estupenda para cualquier madre que quiera apostar por la LM.
    Un beso!

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  3. Suu

    Pues a mí aquí me tienes, dando de lactar a mis dos hijos y embarazada de nuevo. Con mi hija el comienzo no fue bueno y la agitación del amamantamiento desde que me quedé embarazada de mi Pequeñín tampoco. Pero lo hemos superado y lo superamos cada día.

    La lactancia materna es maravillosa

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  4. MARÍA

    Que bello relato, me traes muchos buenos recuerdos, mi primer lactancia fue maravillosa desde el principio, aumentaba bien, se prendia bien, jamas grietas ni nada, solo el placer de alimentar, nutrir y amar, y de la teta a la cuchara, para destetarla fue más difícil ya que una medicación que debía tomar, me obligo a destetarla rápidamente, pero siempre mi pecho y yo la consolamos, no sábia lo que era un bibe y tenia 16 meses. Con la segunda hubo gritas y dolor, pero sabia que pasaría, y la magia volvería, después un diagnostico de dermatitis atópica, me aseguró que yo debía ser ipoalergénica para mi bebe y así lo hice por 20 meses mi leche fue la más ipoalergénica del planeta jaja. Y fue maravilloso saber que de mi dependía su bienestar y su tranquilidad, pero ya después de 20 meses mi espalda no daba más y estaba demasiado demandante, así que termino la lactancia lentamente y sin traumas.
    La lactancia materna es maravillosa y siempre la recomiendo y trato de ayudar a quien me lo pide, por que se que para algunas mujeres no es tan fácil.
    Un abrazo

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  5. Opiniones incorrectas

    Qué post más bonito y qué risa Antía tomando leche con galletas jajaja ella sí que sabe 🙂

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