Papá en busca del carrito perdido, nuestra anécdota para MADRESFERA

Una manera original de celebrar el día del padre, con un concurso.



Gracias a las marcas madresféricas Pequefriendly, Bebemon, Chiribambola, Mifábula, Noñoño, Menudos Zapatos, Chincha Rabincha, Lacitos on the Door, Babytendence y Peques Guapos porque con esta historieta me voy a llevar todos sus regalos.

Madresfera
quiere celebrar así el día del padre con toda la comunidad bloguera
maternal, y yo no iba a ser menos. Para participar hay que contar una
anécdota divertida de Papá y a mí se me viene una a la cabeza con la que
no dejo de reírme, de hecho me reí el día que nos pasó, como para no
reírme cada vez que la recuerdo. 
Podríamos
titularla “El día que Papá se dejó el cochecito en medio de la calle” o
“Mi carro se lo dejaron”, que suena muy folclórico. Para resumir, un
sábado, tras una ceremonia familiar y de camino al restaurante, nos
montamos todos en el coche y Papá se dejó el carrito olvidado en la
acera. Así lo contaba en el blog, leedlo que no tiene desperdicio…

“Hoy
teníamos una celebración familiar muy especial, de esas a las que no
es frecuente acudir y que es una verdadera alegría festejar, unas bodas
de oro. Y tan especial, ¿verdad? porque cincuenta años junto a una
misma persona tiene mérito, y mucho.
Pues
bien, como tenemos un fallo de logística desde la llegada de Antía,
porque no es lo mismo uno que dos, y salir de casa a tiempo cada día es
una odisea, ayer lo dejé todo dispuesto para esta mañana tener que
hacer lo justo y necesario; así que ayer planché y preparé nuestra
ropa, esta mañana solo teníamos que ducharnos y ponernos guapos.
Increíblemente conseguimos llegar a la iglesia a la 1:00 en punto,
aunque Papá se tuvo que ir a aparcar el coche, con la suerte de
encontrar un hueco libre a pocos metros.

Photobucket
foto familiar la mañana de autos
La
ceremonia fue muy emotiva, si ya es bonito ver a una pareja de novios
casarse, más bonito es ver a un matrimonio renovar sus votos tras 50
años juntos, con todos sus hij@s y niet@s como testigos. Y tras la
ceremonia y los primeros saludos a los familiares lo siguiente era ir a
comer todos juntos.
Nos
fuimos al coche y como siempre yo me encargué de subir y abrochar los
cinturones a los niños mientras Papá guardaba el carro. Salimos del
aparcamiento y tomamos el camino al restaurante, llegamos allí,
aparcamos, me bajo a desabrochar cinturones y mientras se baja Papá,
abre el maletero y le escucho decir…
ÉL – “¿Y el carro?
YO – “¿Qué carro?”
ÉL –“El carro de la niña, ¡que no está!
Vale, esto no puede estar pasando, que me pellizquen ya. Vuelvo a escuchar…

ÉL –“Que te las olvidado el carro de la niña en la calle!”

YO –“¡Se te habrá olvidado a tí, que eres quien lo tiene que meter en el maletero!”
Sí,
estaba pasando de verdad, mi señor marido se había montado en el coche
dejándose el cochecito de la niña allí, en la calle, como si tal cosa.
No me lo podía creer, con las mismas nos montamos corriendo de nuevo
en el coche y dimos vuelta con la esperanza de encontrar el carrito. Me
estaba imaginando la situación, un cochecito de bebé abandonado en
plena acera; y de repente me acordé de que en la cesta inferior iba mi
bolso con mi móvil, mi cámara de fotos, mis tarjetas, mi dni, las
llaves de mi casa y el coche y paro de contar que empiezo a
hiperventilar. Pero a la vez me empiezo a reír porque me viene a la
cabeza Manolo Escobar…
“Mi carro me lo robarooooooon…. – cuando lo cuente en el blog ¡no se lo van a creer!-…”
 Callejeando
por la ciudad, en un semáforo en rojo, me da por bajarme e ir
corriendo por si llego antes que mi marido. Una vez me bajo del coche
me doy cuenta de que ha sido una malísima idea, no recordaba los pedazo
de cacho de tacones que llevaba, correr con eso era misión
imposible…
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Los zapatos de mi boda, unos Gloria Ortiz divinos con 12cm de tacón que pretendo amortizar todo lo que pueda
Aún
así corrí, vaya si lo hice, todo lo que pude hasta que pisé mal al
subir una acera y me metí un hostión que casi no lo cuento. Pero
conforme tropecé seguí adelante, eso sí, a pie porque a pesar de haber
recorrido unos 100 metros ya no podía con los pies -ni con los zapatos-.
Iba a paso rápido y pensando si sería mejor seguir andando con
taconazos o correr descalza, lo de correr descalza me parecía una
locura porque a ver a quien se le ocurre ir descalza, en pleno
mediodía, por el centro de la ciudad, corriendo como alma que lleva el
diablo, pero viendo que no llegaba… A la vez me iba acordando del
chico que estaba en el coche en doble fila junto al nuestro, que se
tuvo que mover para dejaros salir del aparcamiento, esperando que
hubiera visto algo. Me quité los zapatos y empecé a correr descalza,
sujetando los zapatos con una mano y el escote con la otra para que no
se me salieran las lolas con la carrera, ya bastante ridículo era
correr descalza como para hacerlo con una teta fuera. 
Llegué
al lugar de los hechos segundos después de hacerlo mi santo marido, y
allí no había carro ni nada. No puede ser. De repente a Papá le suena
el móvil, lo coge y es un primo suyo anunciando que el cochecito ha
aparecido. Y con las mismas aparece el testigo de los hechos,el chico
que estaba aparcado en doble fila cuando nos vio salir del aparcamiento
dejando el carro en la acera. El buen muchacho, para el que no tengo
más que palabras de agradecimiento, vio mi bolso en el carro, lo abrió,
cogió el móvil y buscó un número de teléfono que pudiera ser de algún
familiar, y llamó a un primo de Papá, ya que lo tengo memorizado en la
agenda como primo xxxxxxx
¡Menos
mal! Al final de primo en primo el carrito acabó en manos del último
primo en salir de allí, pudimos recogerlo un par de calles abajo e irnos
a comer, ya con nuestro carro recuperado. 
YO –“Veras tú qué vergüenza cuando lleguemos, si es que siempre nos tiene que pasar algo”…
Al final todo se quedó en una anécdota, la anécdota del día que seguro que nos recordarán over and over again;
eso sí, de la anécdota nos estuvimos riendo hasta que salimos de allí a
las casi 9 de la noche. En más de una ocasión tuve que decir eso de “menos mal que no estaba la niña dentro porque te matooooooooo!”, aunque
mi señor marido escurre el bulto diciendo que fue culpa mía (como
todo, si por culpable yo maté a Kennedy, y yo tengo escondidas las
armas de destrucción masiva… ¡santa paciencia!).”

Espero
que os haya gustado nuestra anécdota, desde luego para nosotros es un
recuerdo más que curioso y creo que nos reiremos mucho cuando en un
futuro se la contemos a nuestros niños ya creciditos.
¡FELIZ DÍA DEL PADRE! 

5 thoughts on “Papá en busca del carrito perdido, nuestra anécdota para MADRESFERA

  1. Carol

    Recuerdo esa anécdota, cómo se me iba a olvidar 🙂
    Ay esas cabezas, es lo que tiene dos niños y el jaleo de una celebración de por medio.
    Besitos

    Responder

  2. Paris

    jajajaj, me pasa a mi y lo mato!!! auqneu luego apareciera…como fue en vuestro caso. Eso sí, me he reído mucho imaginando la escena de tu descalza, los zapatos en una mano, la otra en el escote para que no se saliera la teta jajaja…me ha hecho una gracia!!!
    y estos hombres que siempre se empeñan en echarnos las culpas de todo?

    Un besazo, que te lleuvan todos esos premios!

    Responder

  3. Sesi

    Jajajajajajajaja! ¡P'habernos matao!

    Te estaba imaginando corriendo con los tacones en la mano y me meo de risa!!

    Menos mal que el carro apareció… si pasa algún desalmado se lo queda.

    ¡Suerte!

    Responder

  4. mamas2punto0

    Ja, ja, ja que bueno! A mi constantemente me pasan despistes así, y más ahora que ya somos 4!!!! Al menos no nos hemos dejado nunca los niños (aún, je, je). Un beso y suerte en el concurso madresférico!

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  5. Belen

    Menuda gracia con susto, OH….je je…..

    Responder

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