Día de vacunas

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Es lo que tienen los cuatro meses, que tocan vacunas. Hoy es uno de esos días en los que sin duda me cambiaría por mi niño para que no sufra; he intentado convencer a la enfermera de que me pinchara a mí, asegurándole que yo le pasaría la vacuna mediante mi leche, pero no ha colado.
Y al final mi niño ha tenido que sufrir. Sí, ha sido sólo un ratito, pero pobrecito, le ha tenido que doler.
No se me va de la cabeza la imagen de Iván mirándome con cara de «Mami, por qué me haces esto», entre pucheritos y lágrimas. En cuanto la enfermera me ha dejado lo he cogido corriendo en brazos, lo he achuchado, besado, abrazado hasta que sentí su alivio.
Lo bueno es que ha sido muy breve, a los pocos minutos de recibir los pinchazos Iván estaba otra vez contento, con sus sonrisas, con su cara de guasón, haciéndole mil y una carantoñas a la misma que le había pinchado minutos antes. Si es que es bueno hasta para esto…

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